La niña está sangrando. Sabe que le queda poco tiempo. Se aferra al pequeñísimo terreno que todavía queda bajo sus pies. Es cada vez más chico. No puede evitarlo. Es el final. Una línea de pensamiento poblada de conquistas la conmueve. Sus logros fueron muchos, consiguió siempre lo que quería: no sufrir. Fue reina en ese universo de elecciones que parecían equivocadas pero que en realidad eran producto de un calculo preciso cuyo resultado era siempre esquivar la posibilidad de encuentro.

Ella sabe que es inminente. Las cuerdas que la sujetaban se fueron deshaciendo y hoy todo pende de finísimos hilos que en cualquier momento sentencian el final.

La niña no entiende lo que está pasando ni por qué. Ella hizo su trabajo, protegerla. La niña no sabe que para crecer hay que sufrir.

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