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Rock, letras y un inquilino: un poeta llamado Eduardo Chirinos

Por: Silvia Albuja / @alb_silvi

Mi primer acercamiento con Eduardo Chirinos (Lima, 1960-Missoula, 2016) fue en una corta visita que realicé a Lima, en la que el universo gratamente conspiró, pues tuve la oportunidad de conocer al escritor y editor peruano Ronny Vásquez Guevara.

Aunque la mini ficción es su amor platónico, aquella vez, entre cebiche y piscos, me comentó lo que pensaba sobre la poesía de Chirinos, y es a él a quien le debo mi involucramiento con su obra.

Intrigada corrí a una librería y busqué uno de sus textos. Sus versos llenos de intimidad, cotidianidad y sutileza, con ritmos y palabras precisas, acompañaron mi retorno a casa y me dejaron completamente fascinada.

En el programa Diálogos del Tío Lino, con Ricardo Ayllón, Eduardo Chirinos comentó sobre sus tropiezos e inicios, en ese camino para abrirse paso dentro de una sociedad poco amable para el desarrollo de la literatura. “Los poemas formaban parte de lo no compartido, te da vergüenza compartirlos con tus amigos y familiares porque pensarían que eres algo extraño. Pero al ingresar en la universidad, te das cuenta de que no eres un marciano solitario”.

Amante de los animales, fanático de la música de Los Beatles, Rolling Stones y Led Zeppelin, y simpatizante de las películas de Hitchcock, Buñuel y los hermanos Marx, su inspiración fue la poesía de Pessoa y Vallejo.

Este escritor peruano siempre buscó rodearse de gente simpática y estimulante. Desentonó con el estereotipo preconcebido de trovador, al brindar su amor a una sola mujer, Jannine Montauban, que fue su esposa, compañera, amiga, musa y colega. La pareja se conoció en las aulas mientras estudiaban un curso. Caminatas, risas y su pasión por la enseñanza fueron algunas de las cosas que la conquistaron.

Hay ciertos momentos en la vida, como cuando estás enfermo, en que sientes que eres desplazado, que hay un usurpador, alguien que decide por ti y frente al cual es difícil tomar decisiones. Tengo un inquilino dentro de mí que quiere reemplazarme, un impostor que ha cambiado mis costumbres”. De esta manera el escritor explicaba su afección.

Para el escritor y poeta ecuatoriano Edwin Madrid, la noticia de la enfermedad de su entrañable amigo le trajo una serie de acertijos: “Cómo puede darle cáncer a una persona tan jovial y lozana que nunca se excedía ni con el vino ni con la comida –lo suyo nunca fue la típica bohemia de poetas–, y que, eso sí, llenaba la sobremesa y la tertulia de referencias cultas y chistes con ingenio rápido. Sus libros de poesía son tan individuales que parecen tener vida propia. Sus libros son la misma voz, pero con diferente tono”.

Aleyda Quevedo, poeta ecuatoriana, amiga personal y fan de la poesía de Chirinos, describe a su colega como una persona sabia, bondadosa, de voz protectora como la de un hermano mayor. Ella fue la encargada de la edición y selección de los 50 poemas que se incluyen en el libro La música y el cuerpo (2015), publicado en Ecuador por Ediciones de la Línea Imaginaria. Leer y releer a Eduardo es, para ella, un disparador que genera la idea de que se trata de una obra que fue escrita en 90 o 110 años, por la prolijidad, por la gracia y el don que fluye plural de un texto a otro”.

Además de estos reconocidos escritores ecuatorianos, otros amigos, lectores y admiradores de su creación nos dimos cita hace un par de meses en una librería quiteña, donde se realizó un sentido homenaje a este compañero y maestro. Testimonios personales, lecturas y música fueron la vía perfecta para volverme a encontrar con su generosidad.

Este hombre no solo me cautivó por su atractiva facha, de cabellos rubios, barba y ojos celestes, sino por la historia de su vida. Al leer su biografía me identifiqué fácilmente con todo lo que le sucedió: una rígida educación religiosa, un padre autoritario que no confía en la carrera que eliges, un hambre literaria que busca la afirmación de una vocación, un cuerpo que habla y decide por ti, que alberga “inquilinos”, y una sensación de ser un marciano habitando en la tierra.

La última vez que el escritor visitó Quito fue el año pasado, y lamenté el estar en otro continente y no tener la oportunidad de escuchar su elocuencia frente a la vida. Me habría encantado entrevistar a este catedrático lleno de carisma, tal como él hizo a inicios de su carrera. Varias son las preguntas que me hubiera gustado hacerle, buscando en este diálogo natural obtener detalles cómplices que apaciguaran la voz inquieta de un trabajo que busca aceptación.

Lautréamont advirtió que la verdadera poesía está hecha por todos. A su vez, J. D. Salinger dice que “el verdadero poeta no elige los materiales, el material claramente lo elige”. Este niño grande que jugó con palabras “Mientras el lobo está”, nos enseñó a ver la vida de otra forma. De ánimo insuperable frente a su “inquilino”, nunca perdió la energía de reinventarse en cada libro, de buscar en la escritura una forma de desaparecer, con tonos más que temas, con versos libres, con imágenes, con silencios, con pasión.

PARA CELEBRAR NUESTRO ANIVERSARIO DE BODAS
Hace veinte años que invento historias
para ti. Y siempre me has creído (o querido
creerme). No se supone que sea mentiroso.
La belleza nunca miente, la belleza no hace
daño. A diario escuchas las verdades de un
mundo cada vez más cruel y corrompido,
¿cómo oponerle un poco de belleza sin evitar
la herida?, ¿cómo hablar de este mundo
sin traicionar el dolor? La enfermedad,
por ejemplo, el paso del tiempo, la muerte
de aquellos que amamos. Hace veinte años
que vivimos juntos, te sabes de memoria mi
vida (y yo la tuya), pero saberla no significa
necesariamente conocernos más: basta un
mal sueño, un recuerdo infantil, un placer
inesperado para recuperar una historia y
contarla no importa si en las noches, a la
hora de dormir, o en las mañanas, mientras
tomamos desayuno. Es preciso mentir para
que la historia no sea la misma que te contaré
mañana, ya sabes que necesito sorprenderte.
Hace veinte años que soy varias personas
para ti, que me oculto para ser el mismo y
encontrarte a cada paso, siempre distinta
y siempre la misma. La rutina está hecha
de pequeñas felicidades, de invenciones
cuyo final desconocemos. Mañana te contaré
una historia, y será bella. Ojalá te guste.
“Sé que detrás de los poemas, incluso de los que más me ocultan, me encuentro arrojado a la más lacerante intimidad; allí están, expuestos a la intemperie, mis deseos y mis miedos, mis amores y mis desamores, mis lecturas y mis obsesiones. Pero sé también que cada poema es una máscara que amplifica los deseos, los miedos, los amores, los desamores, las lecturas y las obsesiones de los otros que se reconocen en ellos, haciéndolos suyos”.
Eduardo Chirinos

Originally published at literaturaenlaciudad.wordpress.com on August 30, 2016.