Sobre los perfiles de egresados, ¿la ética define lo que es ser profesional?
Revisando el perfil del egresado con mis compañeros de la maestría como parte del estudio del plan curricular de una carrera, les comenté que en una clase de un curso de geopolítica que ya no dicto, varios de los estudiantes disfrutaban particularmente de la clase dedicada a desarrollo humano, porque según ellos esa teoría les permitía imaginarse a sí mismos como profesionales de negocios atentos a las demandas sociales, es decir, les permitía proyectar una carrera cuyas actividades pudieran no solo crear crecimiento económico sin dañar a los otros, sino mejorar la convivencia. Recordar su entusiasmo, me llevó a revisar un texto (CORTINA, Adela (2013) ¿Para qué sirve realmente…? La ética. Barcelona: Paidós.) en el que nunca antes me había detenido y en el que se muestra por qué toda profesión debe tener por definición una dimension ética, pues si no la tiene dejaría de ser una profesión, en el sentido que sobre toda profesión existe una demanda social cuyo valor es ético. La autora lo explica mediante el sentido de la acción profesional, la actividad profesional y la diferencia entre los motivos y razones para dar cuenta de la elección de una profesión.
El sentido de la acción profesional, lo explica mediante la distinción que hace Aristóteles entre dos tipos de acciones. Hay acciones, las técnicas, cuyo sentido no está en la realización de ellas mismas sino en el fin por el cual se realizan dichas acciones, por ejemplo, hacer zapatos como actividad en sí cobra sentido cuando se le da un fin como la belleza del diseño, la comodidad de los materiales, etc. Hay además otras acciones como las prácticas que sí poseen en sí mismas su sentido, porque en ellas mismas está su fin, por ejemplo, visitar un museo por el gusto de ver obras de arte o pasear por el parque por el gusto de hacerlo son actividades cuyo valor reside en ellas mismas. Lo importante de esta distinción es reconocer que existen el dominio de técnicas o recursos y el fin que se le da a ese dominio, pues en ese fin reside lo profesional. Los profesionales serán quienes saben usar las técnicas para ponerlas al servicio de los mejores fines y ese discernimiento por lo mejor los convierte en profesionales, porque se asumen responsables de sus acciones.
La actividad profesional requiere de vocación que consiste en aptitudes para su ejercicio y necesita también asumir sus acciones como sociales para dirigirlas hacia una meta que tiene consecuencias en los otros, por ejemplo, si un médico carece de la capacidad de dar importancia al sufrimiento de un enfermo no sería un buen médico.
Sobre la distinción entre motivos y razones, la autora señala que las metas de las profesiones no pueden ser justificadas mediante motivos individuales, porque las motivaciones no son argumentos para las acciones sociales que supone el ejercicio de toda profesión. La elección de una profesión sí necesita de argumentación al tener un impacto en la vida de los otros. Si bien es legítimo desear un sueldo justo o tener reconocimiento, estos no son suficientes para justificar el ejercicio de una profesión, es decir, ser reconocido socialmente como profesional, pues toda profesión se debe a una meta y esa meta es social. Un ejemplo, que utiliza la autora sobre cómo los motivos desplazan a la razones, es cuando un directivo de un Banco asesora a un cliente para que éste invierta en un fondo pensando en su propio salario o en ascender y calla los riesgos previsibles de dicha transacción para el cliente.
Luego de revisar esta explicación de Cortina y recordar el entusiasmo de aquellos estudiantes, me pregunto de qué manera las universidades asumen su responsabilidad ética respecto a la sociedad cuando legitiman el ejercicio de las profesiones que ofrecen y cómo el perfil del egresado cumple con esa dimensión ética que toda profesión debe tener.