Llega a su final

Un año horrible, cuando Venezuela pasó a ser el segundo país más violento del mundo, deja más preguntas que respuestas, más incertidumbre que seguridad. Y ello se refleja en una economía que se contrae, en infraestructura que se deteriora, en confusión a cambio de orientación, en arrogancia y amenazas en lugar de liderazgo.

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La marcha hacia el autoritarismo, primero, y el despotismo, luego, marca los objetivos primarios de los que hoy son gobierno en su empeño por implantar un modelo a lo cubano, cuando Cuba comienza a liberalizar su economía para eventualmente incorporarse a lo que prevalece en el mundo desarrollado.

El partido en el poder parece incapaz de entender que sus políticas, sus fanatismos y sus supersticiones no encajan con las realidades venezolanas ni solucionan los problemas que afronta la población en su diario vivir.

Es casi imposible no conocer la cara a la demencial violencia que día a día se extrema en grotescos crímenes, como si de una película de crimen se tratase, día a día van en aumento los asaltos a los usuarios de buses, a pequeños comerciantes, a personas que por error entran en territorios prohibidos para el ciudadano común, esto ahoga al país.

Pero la oligarquía roja no ceja en sus disparatados objetivos, resumidos en la frase: “guerra económica”, «imperialismo salvaje opresor», «sabotaje» una lucha que se asienta sobre el odio, la única constante que los mueve parece ser el odio y la burla.

– No se lucha contra la violencia.

– No se lucha contra el desempleo.

– No se lucha contra la pobreza.

– No se lucha para revertir el creciente deterioro de la infraestructura productiva nacional.

– No se lucha para recuperar el puesto que ocupó Venezuela en la economía regional.

– No se lucha para revertir el deterioro de los servicios públicos y especialmente los de Salud y Educación.

– No se lucha contra la corrupción y, por el contrario, se trata de tender un manto de impunidad sobre los corruptos.

– Nada hacen los rojos para corregir el pésimo manejo de los fondos públicos, lo que ha desembocado en desajustes en prácticamente todas las áreas del quehacer gubernamental.

Pero, ¿hay algo que celebrar en este final de año 2015? temerosamente podría decirse, si, celebremos que este año como sociedad hemos podido conseguir objetivos electorales, cualquiera sea el destino de esta en el futuro próximo, al final. si hay algo que celebrar.

Espero que el año próximo podamos celebrar más que una elección, celebrar el país que merecen los venezolanos, celebrar victorias sociales que reivindiquen el gentilicio, por el momento

Feliz Año 2015

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