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La moda, sorprende. El arte, conmueve.

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Las tendencias cambian. El arte es perenne. La moda es una industria minuciosamente estudiada y a cuyos estereotipos solemos adherirnos la mayoría. El arte, no tiene reglas. Es cierto que, por su carácter –constantemente- novedoso, las tendencias sorprenden pero el arte conmueve.

Como dijo el filósofo René Descartes “Pienso, luego existo”. La moda necesita comunicarse para ser. El arte, ES por sí mismo. Y es que, sólo el amor y el arte hacen tolerable la existencia (W. Somerset Maugham).

Mientras que el diablo se viste de Prada, la moda se viste de realidad. Una realidad uniforme que termina a veces por ser asfixiante, aburrida e incómoda. Y así, es como el arte huye de ella, esencia de su calumnia. No lo digo yo, algunos eruditos ya se atrevieron a calificar al arte de mentira, la más bella según Claude Debussi. Y para Pablo Picasso, una mentira que acercaba a la verdad. Gustave Flaubert abogó que de todas las mentiras, el arte era la menos engañosa. En definitiva, el arte se ocupa de la fantasía, dejando de lado lo semejante.

De hecho, los Artistas sienten la fuerte necesidad de evadirse de lo existencial para existir. Paradoja de la que emerge la creatividad, atendiendo a una actualidad que, consciente o inconscientemente, acaecerá en el siguiente presente; y así sucesivamente.

Como apunta el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, “nunca nos sentimos tan vulnerables como cuando amamos, y nunca somos más infelices que cuando perdemos el amor”. En el arte como en el amor, la ternura es lo que da la fuerza (Oscar Wilde), y siendo el amor la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el ser humano (Ghandi), queda claro que el arte, como el amor, nos devuelve la vulnerabilidad para hacernos más fuertes.

En paralelo, la moda ejerce otro rol. Líder de la manipulación que fomenta ciertos estándares que la sociedad acoge sin objeción. Si bien, hace de nosotros seres caprichosos, cuyos deseos cuando no son satisfechos, nos pueden conducir al desagradable sentimiento de vacío que en psicología denominan frustración. La moda es pues pionera en la ecuación deseo barra frustración.

Cuando la moda todavía es un aspirante a embellecer, el arte ya es belleza. Y es que, tal y como apuntaba Immanuel Kant, “la belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa”. Por eso el arte inventa y la moda se lucra del arte, igual que lo hace la vida que, según Oscar Wilde, en su diálogo La decadencia de la mentira (1898), la Vida imita al Arte” convirtiéndose en su mejor y único discípulo.

Lo que está claro, es que el arte no muere, mientras que la moda es como la vida. Pasajera.

Esmeralda Berhoni