Azulejo

Ella le agarra la cara con fuerza, el tiene los ojos cerrados.

El momento es intenso, esperado, y se dicen un montón de cosas que nunca se dijeron, por vergüenza, por cobardía, porque uno siempre espera a que el otro tome la iniciativa.

Seguramente todo sucede distinto a lo que ella se imaginó, aunque sus ojos brillan un poco más que hace un rato atrás y gracias a él, todo parece ser muy espontáneo.

La química que hay entre ellos se percibe, se nota, algo se les escapa desde bien adentro del pecho y los domina, ese algo les brota.

En un segundo por fin dejan circular esa energía que creían estancada. De repente hay música, el viento les despeina el pelo y ahora (todo) eso corre, fluye, explota.

Explotan.

Él es de esas personas que no sabes con que idea te va a salir,

ella se cree distinta y dice no entenderlo pero en el fondo ambos son la misma cosa y son tan hermosos los dos , y juntos son libres.

Se unen en un abrazo inmenso, íntimo, que tardó meses en llegar, pero ahora eso no importa porque lo que los rodea desapareció y se hizo humo y ellos están ahí, entrelazados entre brazos, manos, camperas y amor.

Y entonces ahora todo está bien, todo esta bien así.

Lo imagino todo en un azulejo color beige que encuentro en el baño del trabajo.

Muchos ven una porción de cerámica o una pared. A mí me atrapan las líneas que hay, las que se forman y que dibujan historias.

Casi siempre veo en su trama caballos, y algún que otro árbol viejo y desolado. Pero desde hace días veo esa escena cada vez que lo miro, se repite una y otra vez.

No sé porque antes no lo notaba.

Veo un beso que quizás siempre estuvo ahí.

Están ahí, y se besan fuerte.