“No le des una taza de leche, dale una vaca”

Al terminar una guerra la gente se queda sin hogar, trabajo, educación y posibles enfermedades que les acarrean. Lo más natural es que fundaciones y Gobiernos envíen ayuda a las víctimas del desastre humano. Comida, abrigo y medicina llegan a albergues para estas personas, pero todo tiene su límite.

Familia Cholango, una de las líderes del proyecto Bosque seco norte. Foto: Heifer Ecuador

En 1994, un objetor y pacifista llamado Dan West tuvo una visión diferente sobre ayudar a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, pero no con comida o vestimenta sino que los suplió de materiales para que puedan reconstruir su vida, les dio la oportunidad de levantarse para ese momento y el futuro. Este señor consideraba que las personas no debían recibir alimentos, sino que debían producirlos porque conocen cómo hacerlo, pensó que debía entregarles los instrumentos para que lo hagan.

Con el lema de “no le des una taza de leche, sino que dale una vaca, dale un medio de producción” esta idea se extendió a los otros países que sufrieron las guerras. Dan West llevaba vacas a diferentes lugares para que la gente pueda tener alimentos, como la leche, pero al mismo tiempo podía vender el producto y tener un medio para subsistir. El proyecto creció en Europa, África, América y llegó a Ecuador.

Desde hace 26 años empezó Heifer Ecuador para mejorar la calidad de vida de las familias campesinas, es decir, de aquellas que alimentan al país. Con el tiempo y el desarrollo, la fundación buscó nuevos rumbos. Desde hace cinco años, Heifer quiere garantizar que los procesos productivos sean sanos, que cuiden el ambiente y que reparen en conocimiento y cultura. Buscan crear cadenas de valor, que el trabajo de los agricultores “cumpla como su ciclo fundamental. Que llegue al consumidor y que por lo tanto las familias puedan tener mayores ingresos de la producción”, dice la directora Rosa Rodríguez.

Rosa Rodríguez, directora de Heifer Ecuador.

Uno de los valores de esta organización es compartir los recursos. Esto les ha permitido entablar relaciones con los campesinos porque ellos viven bajo el principio de “yo te ayudo, tú me ayudas, yo te comparto y tú me compartes”. Heifer mantiene el sentido de dignidad, de saber y mostrar que las personas tienen las habilidades y capacidades para desarrollar su proceso de producción y de vida. De esta manera empezó su incursión en el mundo agrícola rural ecuatoriano. Chimborazo e Imbabura fueron las primeras provincias en donde hicieron su trabajo, luego crecieron en toda la Sierra y parcialmente en la región Costa.

Otro de los puntos fundamentales que tiene la fundación es defender la agricultura sana, agroecología, “una agricultura que respete a quien come, a quien produce y respete también a la tierra”, sostiene Rosa.

Sin embargo, este punto ha sido uno de lo más difíciles de tratar con los agricultores porque vivimos bajo el mito de que debemos producir más porque faltan alimentos en el mundo, por eso el uso de químicos, sostiene Rosa. Pero para ella el problema radica en la mala distribución de los alimentos. Para los campesinos puede ser un conflicto porque ponen en juego su trabajo de “producir más” usando químicos o hacerlo de forma natural, cuidando la tierra. Buscan que los agricultores vean que tienen conocimientos, que son investigadores por excelencia y que antes cultivaban sin químicos.

Agruparse, ponerse de acuerdo y coordinar son características que Heifer Ecuador busca en los agricultores para trabajar por un sueño de vida en el que las personas se juntan para mejorar la producción, crear una tienda o vender mejor en el mercado. Es decir, buscar un interés común que saque adelante a una comunidad, que no beneficie a una sola persona, sino a un grupo que trabaja por el bien de todos.

No obstante, lograr un trabajo en conjunto ha sido un reto, según Rosa. Existe dificultad en escuchar, por ser inmediatistas, de planificar y esperar a que la visión sea palpable. Aún así, la organización trabaja de esa manera porque creen en las cadenas de valor y en buscar un beneficio para más personas.

“Trabajar con un enfoque de cadena de valor nos permite fortalecer a las organizaciones de productores. Las empresas sociales campesinas dinamizan la economía local, generan fuentes de empleo y fomentan la identidad”, reza un folleto de Heifer.

“Puedes vivir sin zapatos, sin ropa, pero sin alimento y sin agua es imposible que subsista una persona, país o nación”, comenta Rosa Rodríguez.

Con años de trabajo, con superar los obstáculos y con formar alianzas, esta fundación trabaja hoy por hoy con 20.661 familias rurales en 6 proyectos activos. “Cada proyecto trabaja con al menos mil familias”, explica Rosa, que están distribuidos por diferentes zonas de Ecuador. Las cadenas de valor permiten la agrupación de varias familias que han incrementado un promedio del 3% a sus ingresos.

Todos los proyectos buscan una agricultura que cuide la tierra como la gestión sostenible de páramos para la adaptación al cambio climático, conservación de la agrodiversidad o la comercialización de productos no maderables del bosque seco norte.

“Esta propuesta es tuya y mía”

Crearon un principio de corresponsabilidad, mas no de paternalismo. La fundación reconoce el valor de generar alimentos y de la responsabilidad de las familias campesinas que no esperan sólo recibir. De esta manera Heifer Ecuador apoya con propuestas que cuiden el medio ambiente, que desarrollen el ambiente económico y social: Vemos ambientes vulnerables, identificamos y decimos que aquí hay una cadena de valor, explica Rosa. Pero también la organización deben encontrar el eslabón en el que las organizaciones necesiten ayuda.

“Miramos todos los eslabones de la cadena de valor, ya sea para definir en dónde se necesita asistencia técnica, mejoras en capacitación, infraestructura, alianzas y acceso a créditos. Como no podemos dotar de crédito, hacemos un vínculo para que puedan recibirlo” comenta Rosa. Heifer no recibe propuestas, construye propuestas junto a las familias campesinas.

Miltón Guamán es promotor de agroecología y trabaja con Heifer Ecuador. Cuenta que sus padres, Stalin Guamán y Teresa Copara, recibían apoyo de la fundación cuando esta empezó su trabajo en la comunidad San Isidro, apoyando el sistema de producción orgánica de cuyeras. Tiempo después, con el trabajo conjunto de la familia crearon una granja agroecológica. Esto le abrió puertas con más actores a Milton. Participó en la Primera Promoción de La Escuela Nacional de Agroecologia, como Educando, en representación de la ECUARUNARI.

Ahora Miltón continúa trabajando con Heifer. Él se encarga del “asesoramiento técnico al proyecto PÁRAMOS II , especia lmente en el área de agroecología e incidencia política organizativa a nivel provincial”. El agricultor sostiene que del trabajo con la organización ha logrado fortalecer su granja y tener una claridad ideológica política.

Ya lo hicieron, pero pueden hacer más

El próximo reto de Heifer es crear negocios exitosos campesinos. Como organización tienen cuestionamientos sobre cómo hacerlo si deben ser asociativos, individuales, estatales o privados, surgen varias preguntas en el camino que deben resolverlas. Consideran que los jóvenes pueden hacerlo posible porque tienen ideas impresionantes y deben escucharlos.

Foto: Heifer Ecuador.

A partir de esta meta nace el CultivaInnovación 2017 que se enfoca en emprendimientos innovadores campesinos. El fin es que los agricultores, que son investigadores por excelencia, puedan presentar sus innovaciones que no son visibles o que no han tenido la oportunidad de serlo.

En Sisacorp nos interesamos por este tipo de trabajo porque, como Heifer Ecuador, soñamos con cuidar la tierra. Consideramos que la tecnología es una herramienta eficaz en esta labor para emprendedores que se arriesgan por hacerlo posible.
Esperamos que más agricultores se unan a este tipo de agricultura que vela por el bienestar global, humanos con alimentos y tierra sana.

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