Quédate.

Ven, no te vayas, no des la media vuelta, espera, te invito una copa de vino, te invito a pasar, a entrar en este enigma que es mi existencia. Deseo pasar esta noche contigo, no entre las sábanas, ¡no!, no deseo aspirar tu olor, no deseo recorrer cada rincón de tu cuerpo, ni entrar en lo más íntimo de tu ser, hoy no.

Hoy quiero desvelarme contigo cara a cara, platicando, conociéndonos más, deseo me muestres esa parte de ti que a nadie le has mostrado, no deseo tu cuerpo, deseo tu esencia, tu sonrisa, tus miedos, tu mirada, quiero conocer todo aquello que te hace única.

Ven, quédate esta noche, veamos el amanecer juntos, sentados uno junto al otro, con el seductor sabor del vino o con el enigmático aroma de un café, pero deseo amanecer a tu lado.

Ven, quédate, abrí la puerta y te ofrecí un asiento en este páramo desierto que es mi vida y al cual te atreviste a entrar a pesar de lo desordenado que estaba cuando llegaste, desorden que permití a otra persona hacer y tú sin que yo te lo pidiera me ayudaste a ordenar. Un páramo al cuál le has ofrecido calor, luz y un poco de esperanza.

Ven, no te vayas, hoy no, hoy quédate aquí a mi lado, deja que los minutos se escurran entre nuestra plática, nuestras miradas, nuestro sentir. Deja que esos minutos se conviertan en horas y esas horas se conviertan en memorias.

No espero que siempre te quedes, ni que seas mía únicamente, esa decisión te corresponde a ti. Lo que deseo es que esta noche me obsequies el mejor regalo que una persona le puede ofrecer a la otra y ese es su tiempo. Tiempo que nunca regresará, pero si logramos aprovecharlo y hacer que nazcan recuerdos, recuerdos que la memoria pueda conservar para siempre, así, de algún modo habremos obtenido un poco de eso que se va y nunca vuelve, le habremos ganado por lo menos, aunque sea en una ocasión a ese dios tan inescrutable como lo es el “tiempo”.

Ven, toma asiento y quédate, y que estos instantes que estamos por vivir se queden grabados en lo más profundo de ese baúl donde almacenamos los más bellos recuerdos, esos que hacen que este camino sea algo que valga la pena y no sólo un transitar entre el vientre de la madre y la tumba.

Ven, quédate, no porque yo te lo pida, si no porque lo deseas.

Ven, quédate, no para que seas mía, sino para que confirmes que soy tuyo hasta que tú lo decidas.

Ven, quédate, sólo esta noche y las que estén por venir.

Ven, quédate, quédate por que yo te quiero.

Like what you read? Give Armando a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.