CRÍTICA: “La Monja”

Sandro Mairata
Sep 6, 2018 · 2 min read

CALIFICACIÓN: 3/5 | Por Sandro Mairata / CINENSAYO

Desde el universo de El Conjuro llega una monja con un pacto demoníaco para ti: paga tu entrada y te asusto. Taissa Farmiga, actriz y hermana menor de la más conocida Vera Farmiga (protagonista en las cintas de El Conjuro y Annabelle, además de la serie de horror Bates Hotel) es Irene, una novicia que en la década de 1950 aún no ha hecho sus votos y a quien el Vaticano une al experimentado padre Burke (el mejicano Demián Bichir) para que juntos exploren si un lúgubre convento rumano sigue siendo un “lugar divino”. Spoiler alert: no lo es.

El director Corin Hardy copia y pega el formato impuesto por James Wan para el género de horror millennial: hay muchos diálogos, música y ruido que quedan de pronto en silencio para que ¡SHWRIIIICK! surga de la nada el monstruo / monja / zombie / asesino / Annabelle y un personaje se despida de la historia, por lo general dejando un charco de sangre como recuerdo.

En ese nivel, La Monja es un filme que resuelve sus limitaciones. Reemplaza desarrollo de trama y personajes por susto tras susto en su hora y cuarenta minutos. Hay una explicación más o menos plausible de la presencia maligna (con una referencia a los Cruzados que ya sonaba a forzada desde los tiempos de Indiana Jones), el convento parece el resort del mismísimo Luzbel y toda su corte infernal, y los guionistas se han encargado de hacer el enlace con El Conjuro y Annabelle, pero ni Farmiga ni Bichir tienen espacio para desarrollar sus personajes, arrojados al ruedo y destinados a torear al maligno enemigo que viste de hábito. En esa línea, los momentos menores de La Monja son cuando lo sobrenatural se apoya en artilugios de animación digital. Hay varias secuencias que con trucos simples mucho sonido chirriante el efecto se logra (como la escena de Burke dentro del ataúd).

Porque el tradicional método de crear una atmósfera, insinuar y culminar en festín terrorífico (El Exorcista) aquí ya es fórmula añeja. A cambio tenemos una visión que sin llegar a slasher o gore (Pesadilla en Elm Street, Halloween, Viernes 13), sí mantiene un notable nivel de consistencia tensional. Para cuando el clímax llega, tenemos la sensación que es una escena más, y que habría mucho más para contar. En La Monja no hay descanso para los sentidos, siempre estamos tensos. Tampoco pidamos más.

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Sandro Mairata
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