Carta al otoño

Montevideo,Urugay

Querido Otoño,

Me sorprendiste, lo admito.

En otros lugares, tu llegada puede ser evidente, porque los árboles se sienten nostálgicos, las hojas de los recuerdos se despegan y los abrigos se asoman tímidos en el armario. Se acaban las vacaciones y comienzan las actividades, las clases, el trabajo los deberes.

En Cabo Polonio, este no-lugar de Uruguay, el tiempo es relativo y el ciclo de la vida tiene funciones paralelas a las dictadas por la naturaleza. El cielo es mucho más azul, el mar sigue cálido, los abrojos florecen, los atardeceres son cada vez más intentos, pero tendiendo al naranja, no al rojo del verano.

Después de la invasión turística que tuvimos, tu llegada fue un gran descanzo. De un día para otro, las largas filas de personas para comprar, desaparecieron, las sillas inflables y las sombrillas de guardaron, muchos locales cerraron y las velas volvieron a ser la luz de nuestras noches,el trabajo es poco y más bien nos vamos con miras a las vacaciones.

Te estaba esperando. Ojalá tu llegada sea provechosa y me ayude a desapegarme, como las hojas color naranja, de mis viejas raíces ortodoxas, maltratadas y secas, ojalá se desinfle el ego, y se vayan corriendo los pequeños demonios del recuerdo que a veces saltan para recordarme cosas que ya viví.

Que la luz del fuego interior nunca se apague y que las estrellas siempre estén visibles como sueños latentes pendientes por lograr.

Pronto, nos vivimos en otras tierras,

S.