Conversación de dos inmigrantes, con una birra de litro y una bolsa de maní frente a La Rambla uruguaya

Ayer estuve hablando con una amiga que está pasando por un momento complejo: gana muy poco, disminuyeron sus horas de trabajo y, en breve, dejará de trabajar, porque solo estaba cubriendo una licencia maternal.

Ella es extranjera, se preocupa, obvio, porque se quedará sin trabajo. Cualquiera en su lugar estaría con los ojos cristalinos todo el día, comiendo helado, dándole vueltas a la cabeza para buscar una salida, enviando CV a todo lugar que creamos oportuno y lloriqueando a nuestras respectivas madres/padres/ representantes por nuestra situación.

#TeCuento

Ayer, nos encontramos para ver una película GRATIS en el Centro Cultural España, salimos de ahí en bici, pasamos por casa de otra amiga, seguimos la noche, nos compramos una cerveza, un maní y nos fuimos a sentar en la rambla.

Entre maníes y birra, hablamos de nuestros problemas y nuestras cosas divertidas. Hasta que me dijo que se había dado cuenta que, a pesar de que se le acababa en contrato, tendría dinero hasta para 3 meses, por sus ahorros de momentos anteriores.

¿Se dan cuenta de su drama?

Le reclamé, por eso, obvio.

Ella se partía de risa, porque sabe que es una dramática. Se conoce. Y me dice:

¿Sabes lo que me pasa? Que me enseñaron que siempre tengo que trabajar, que tengo que ejercer la carrera que estudié, que tengo que ganar bien, que tengo que ser exitosa, que para algo se estudia, blah, blah.

¿Y no te parece que ya lo eres?, le dije. ¿No te parece que vivir a miles de kilómetros de distancia, mantenerte sola, pagar las cuentas, tener el lujo de compartir un apartamento solo con tu pareja cerca del centro y tener la heladera llena de comida te hace exitosa?

Sí. Me dijo. De hecho, me siento afortunada, porque acabamos de ir al cine gratis, andamos en bici, estamos frente al Río de la Plata, tomando chela y comiendo maní y ahora voy a casa a ver a mi perra… Yo sé que soy afortunada.

Después nos desviamos a hablar de otras cosas. Al poco rato agarramos las bicis y comenzamos la vuelta a casa.

¿En qué parte de la pirámide social crees que estas?, le pregunté.

Pues..

Y continué una lección que me enseñaron un día en Cabo Polonio:

¿Vos crees que estás en el medio, verdad? Eso es lo que te hacen creer, pero no, no estamos ahí. Estamos en la cúspide ¿Sabes por qué? Porque vivimos bien. Porque tenemos agua, comida, luz y seguro médico. No nos sobra la plata, no nos vamos de viaje a cada rato, pero no tenemos trabajos explotadores. Estamos en un lugar que nos respeta, porque somos personas, y nos ve como iguales, no como extranjeras. Somos privilegiadas.

Y si vos estás en este lugar, pues ¡bienvenidx al mundo de los millonarios!

Y con esa reflexión cerramos una noche de lunes primaveral.

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