En Cabo Polonio, lo hippies son los padres.

Barcos pescadores. Cabo Polonio, Uruguay

Hay muchas versiones de Cabo Polonio. Algunos dicen que es hippie, otros dicen que es un pueblo de pescadores, otros que es pura magia, o que es un pueblo sin electricidad.

…Esta es mi versión:

Cabo Polonio no es hippie, es rústico. En lo básico, se hace difícil para un hippie venir cuando el ticket del camión ida y vuelta cuesta USD 8, el alojamiento no baja de USD 20, una comida cualquiera cuesta 10 USD, no existe la posibilidad de acampar y el precio de las compras en comparación a Montevideo es el doble. Solo sobreviven a esto los hippies chic, los que vienen caminando de Valizas y tienen un lugar para quedarse por intercambio o, directamente, los chetos.

Lo hippies, son los padres.

Además, el pueblo se conformó, en principio, por pescadores. Pero poco a poco comenzaron a llegar lo que C. llama los “náufragos”, personajes citadinos que quisieron huir de una realidad oscura, deprimente o agobiante.

El poblador Poloniense lo reconoces a leguas, tienen la piel quemada por el sol, las arrugas son grietas, caminan con la espalda jorobada, el ceño fruncido y la boca de lado, como quien hace una mueca quejona. A los 30 años ya parecen de 50 y tienen las manos y los pies como un yunke y ásperos como una roca.

El que no espoblador, pero vive acá aún tiene una secuela citadina que se figura en la frescura de su rostro, el caminar liviano y la joroba a medias. Aún se ve en los ojos un dejo de vida fácil, y las manos y pies todavía se mantienen finos.

Los turistas son chetos. Directo. Hay varios tipos que no voy a especificar, pero hay uno que es el que confunde al resto del mundo: el que se viste de hippie y se sienta en el pasto a fumar marihuana, el que echa el cuento a los extranjeros (gringos) sobre el lugar y se hace el poloniense diciendo que viene acá desde chico. Sé que lo han visto. Este viene con bermudas y musculosa desteñida, zapatos de marca rotos, un teléfono pedorro y un bolsito tejido de Colombia.

Este último a veces viene a trabajar y cuando vuelve a MVD tiene casa en Pocitos. Si no, su familia tiene un rancho en La Pedrera, La Paloma o hasta en la sur.

¿Y dónde están los hippies?

Yo me pregunto lo mismo.

La luz.

De Diciembre a Febrero, hay luz. En todas partes. Creo que son los meses en los que menos pude apreciar las estrellas. Entre paneles solares y motores a gasoil hay luz como quien estuviera en cualquier pueblo. Por supuesto, siempre dentro de las casas, afuera, el único cableado eléctrico es el del faro.

Del lado de la playa norte, sobretodo en el barrio de Los Corvinos, el ritual de las velas aún se mantiene, y el cielo desde allá es más brillante. Del lado de la playa sur, sobre todo lo que pertenece a GABASOL es todo luz de mansiones de estilo Grecia.

De la noche a la mañana empiezas a ver más ranchos a la orilla de la playa, como si los trajeran en un camión. Una vez, hablando con el esposo de N., me dijo que mientras estaba sentado en su casa a la orilla de la playa, un día vio pasar una camioneta con un rancho entero. Y otro día, vio que se llevaban uno, distinto al anterior.

Después descubrí que el rancho que habían traído, era el mismo donde estaba viviendo ahora. Y que el que se llevaron era uno que había llevado abajo un temporal.

Y así se va construyendo este lugar, se hace y deshace según como van viniendo las oportunidades o amenazas. Es el pueblo que surge de la nada y, de repente se convierte en todo. Es el pueblo hippie sin hippies. El pueblo con dunas en extinción, el pueblo con mares calmos agitados. El pueblo del viento. El pueblo de los lobos. El pueblo romántico del faro y de las rocas pa’ encuentros cercanos.

Cabo Polonio, el parque del amor.

“Este lugar tiene mucha energía. Pero la controla en la medida de cómo vos te estés sintiendo en ese momento: si estás mal, vas a sentirte MUY mal. Si estás bien, te vas a sentir fenomenal. Me dijo una vez G.

Lo de la energía, no siempre es como parece. El Cabo, es una proyección de lo que tienes dentro, lo que ves es absolutamente tu responsabilidad.

Esta es la mía.