La capital de la música, la ciudad de la ternura

Casi nadie conoce Tatuí, pero es parte uno de los municipios que componen el gran São Paulo.

Es un pueblo compuesto por una gran plaza matriz, el mayor conservatorio de música de América Latina, iglesias, 115. 515 personas y manadas de adolescentes tomando la calle los viernes de noche. Claro, no hay lugares para que ellos se diviertan.

Cuando vas en bus desde São Paulo capital hasta Tatuí, el streaming del asiento cercano a la ventana del bus te presenta fotogramas de cómo la ciudad se va desapareciendo: los edificios se hacen más pequeños, los muros se transforman en árboles, el smog se difumina hasta ser casi imperceptible y, de repente, el cambo aparece y el horizonte de cemento se reemplaza por naturaleza.

Pasamos de la contaminación lumínica, a la iluminación estrellada.

Hay unos hombres en la plaza central cerca de un museo (que ahora no recuerdo el nombre) que te cantan serenata. Es un grupo de músicos inmortalizados en estatuas, un árbol viejo les da sombra y unas florecitas alrededor los adornan. Tienen expresiones tan felices y movimientos tan reales que podría decir que casi los escuchaba cantando.

¿Cómo esto puede formar parte de SP?

Pasé de sentir una ciudad 24 horas, movimiento, la marcha de millones de personas al caminar, risas, locura, voces, mendigos, ruidos de platos, olores, colores.

Al silencio.

En 3 horas salté de la diversidad a la homogeneidad, a lo tradicional, lo limpio.

Pasé de la furia, a la serenidad.

De la viveza a la ingenuidad

Pasé de São Paulo, al interior de São Paulo.

Eso es Tatuí.