Todos quieren ser valientes, pero nadie se atreve

Renuncié a mi trabajo sin tener ningún plan en mano:

¡Qué valiente eres!

¡Pah! Qué valiente que sos.

Yo no me atrevería.

Yo no podría.

Yo no lo haría.

Cuídate… Cuidate.

¿Y ahora qué vas a hacer?

¿No te da miedo?

Sí, me da miedo

Me da TERROR quedarme a modo de queja en un lugar que me hace daño. No hablo de daño fisico, hablo de daño emocional; hablo de levantarme cada día pensando en invertir 8 horas de mi tiempo con cara triste, mientras el sol y La Rambla, resplandescientes, esperan que pedalee con una sonrisa.

Me auto tortuto, ¿cómo no me va a dar miedo? Apago mis talentos, mis virtudes y mis poderes mágicos de forma voluntaria. Pierdo mi esencia y me permito pasar años entre cuatro paredes para poder sobrevivir.

Se me contractura el cuello, me duele la espalda y me compro cosas cara para justificar mi tristeza ¡Claro que me da miedo!

Me da miedo tener miedo a ser feliz, me da miedo temer de mis propias posibilidades, me da miedo dejar de hacer cosas que aporten valor y generen impacto.

¿Cómo vas a salir de esto?, me preguntan.

No sé, confiando, trabajando en hacer lo que me gusta, invirtiendo mi tiempo en mejorar en el ámbito profesional… ¿Acaso hay otra forma de salir de esto?

¿Y la plata?

La trabajaré, pero de forma distinta.

Ya veré cómo viven los valientes en este mundo. Supongo que no me dará miedo rescatarme del castillo del aburrimiento para vencer al dragón de la frustración.

Sinay, como el monte

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Redactora e ilustradora de negras. Tengo muchas ideas que no sé cómo bajar a tierra, así que las dejo en la nube

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