Reflexionando sobre la propia práctica

El foco a trabajar en esta reflexión, será el uso del juego como estrategia de provocación. Para comenzar a abordar este, se vuelve importante en primer lugar explicar a qué se apunta con provocación.

En esta línea, de acuerdo a lo planteado por Duarte (2003) provocamos cuando presentamos desafíos a los niños. Estos, de acuerdo con la misma autora, se consideran como tales “en tanto son significativos para el grupo o la persona que los enfrenta” (p. 102), es decir, la provocación sería generar desafíos y retos llamativos y significativos para los niños y niñas.

Sumado a esto, cabe destacar que lo anterior hace posible abordar temas de diversas maneras, estando entre estas el uso de material, espacios y situaciones que despierten el interés en ellos, generando inquietudes que los hagan explorar más profundamente (Correa & Estrella, 2011). Así, podemos provocar a los niños con cualquier material y/o situación que les genere inquietud y la necesidad por participar.

Conociendo lo anterior, se vuelve importante mencionar que el juego es una actividad propia de la infancia que implica todo el ser del niño, y en la que este desenvuelve todas sus capacidades físicas y psíquicas (Gutiérrez, Bartolomé, & Hernán, 2005).

Además, de acuerdo a lo planteado por estos mismos autores, dentro de la importancia del juego se encuentra el hecho de que al no ser una actividad seria en sí misma, no contempla éxito o fracaso, por lo que el niño se siente más libre a explorar y expresar sus pensamientos sin miedo a hacerlo mal. Es decir, el niño no tiene miedo a fracasar, por lo que participar de él no le genera ansiedad o frustración.

Así mismo, mientras el niño juega incide en su entorno, experimentando y descubriendo en su interacción con él, lo que le permite adquirir habilidades motrices, sociales e intelectuales de manera inconsciente (de Pol, Fuste, Martin, Palou, & Masnou, 2011), pues el juego no tiene objetivo por sí mismo, sino el de disfrutar y expresarse.

Junto con lo ya mencionado anteriormente, que de por sí convierten el juego en una excelente herramienta para que el niño aprenda, de Pol y sus compañeros (2011), también comentan que el juego, debido al factor de motivación y atención que producen en el niño, facilitan que los aprendizajes trabajados sean significativos y que el niño pueda ir a su ritmo, repitiendo las acciones tantas veces como sea necesario, pues puede equivocarse sin sanciones. Por esto, de acuerdo a los autores mencionados, el juego se convertiría en un importante motor para el aprendizaje.

Por las razones ya nombradas y descritas, el juego en sí se volvería una importante estrategia para provocar, pues genera inquietud y búsqueda por participar.

De este modo, habiendo reconocido ya la importancia que tiene el juego, diversos autores plantean estrategias de juego que promueven el aprendizaje de manera significativa, motivando la participación de los niños en diversas experiencias. A partir de estos, se han escogido como orientaciones los siguientes tres:

Como una primera orientación a utilizar para provocar la participación a través del juego, podemos encontrar el juego simbólico, que implica el planteamiento de situaciones, donde los niños toman roles activos (Bredekamp, 2004). De acuerdo a esta autora, este tipo de juego sería el más efectivo para desarrollar habilidades importantes al momento de entrar al colegio y para el resto de la vida, pues en él se desarrolla un factor cultural que favorece el desarrollo del niño en todas sus aristas, sobre todo la autorregulación y el conocimiento del entorno.

Además, de acuerdo a lo planteado por de Pol y otros (2011), es una actividad que motiva a los niños, y en la que estos toman un rol social activo que los hace sentir protagonistas importantes para que el juego se desarrolle.

Como una segunda manera de provocar el interés de los niños a través del juego, podemos encontrar el uso de títeres, que se trasnforma en un excelente factor motivador para el aprendizaje, pues de acuerdo a lo planteado por Oltra Albiach (2013), el uso de estos elementos para el aprendizaje son bastante fructíferos, en tanto que suponen una “fuente inagotable de alegría para los niños” (p. 170), que potencia el trabajo en equipo y que facilita al niño la adoptación de una situación simbólica. Así mismo, de acuerdo a este autor el uso de títeres promueve un aprendizaje múltidimensional (tanto emocional, como cognitivo, social, lingüístico, cultural, entre otros), con un especial énfasis en la alfabetización.

Así mismo, los títeres o marionetas serían una forma de promover el juego simbólico en los niños, ayudándolos a desarrollar la empatía y motivándolos a interactuar con este material. En este sentido, los títeres actúan como mediadores que facilitan mantener la atención y promueven a su vez la autorregulación (Bodrova & Leong, 2004).

Por último, una tercera orientación o estrategia a utilizar para promover el juego con los niños y niñas, sería el de utilizar una caja mágica al realizar experiencias con materiales tales como palabras, números, objetos, etc., pues de este modo se potencia la capacidad de asombro, “esa emoción sutil que nos pone alerta para buscar los significados importantes de las cosas que vemos, sentimos o reconocemos” (Hoyuelos, 2014, p. 64). En este sentido, al transformar algo conocido en algo extraño, se genera en los niños atención para realizar la experiencia.

De acuerdo a lo planteado anteriormente, se aplicaron las orientaciones comentadas, obteniendo los siguientes resultados:

En lo relativo al juego simbólico, se realizó una experiencia relacionada con las matemáticas (material anexo 1), en las que se invitó a los niños a comprar objetos de su interés, tales como juguetes, celulares, pulseras, billeteras, lápices y agendas. Así, los niños tomaban un rol de compradores, que observaban un panel en el que salían los precios, representados con fichas y números.

Esta experiencia se realizó dos veces, teniendo en ambas un gran éxito en cuanto a la motivación que generaba en los niños la actividad de comprar objetos. Sin embargo, en la primera ocasión, existieron ciertas dificultades en la realización de la actividad, en tanto que los objetos que los niños comprarían llamaban tanto su atención de los niños que estos comenzaban a desconcentrarse y se ponían a jugar con los objetos.

En la segunda ocasión, se invitó a los niños a observar los objetos antes de comprarlos y se metieron en una caja, sacándose una vez que los objetos habían sido comprados por los niños. Esta vez, el uso del juego simbólico tuvo un mayor éxito.

Por ende, respecto a esta orientación, se observó que fue efectiva y que provocó en los niños cierta motivación, al ser una situación desafiante y que los llamaba a participar, por lo que favoreció el desarrollo de la experiencia.

En cuanto a la segunda orientación propuesta para promover la provocación a través del juego que fue el uso de títeres (revisar material Anexo 2). A partir de esta estrategia, se realizó un grupo pequeño con el objetivo de trabajar la conciencia fonológica, específicamente la sílaba inicial. En esta, se presentaba un títere que necesitaba la ayuda de los niños para encontrar ciertas palabras, que debían comenzar con la misma sílaba que su nombre. Esta estrategia se utilizó en dos experiencias distintas (con dos sílabas diferentes), generando en ambos una gran provocación y motivación en los niños y niñas por participar, pues querían ayudar al títere.

Sin embargo, durante la primera experiencia se presentó como dificultad que los niños se encontraban tan interesados por interactuar y jugar con el títere, que en algunos momentos durante el desarrollo de la experiencia el objetivo planteado quedaba en segundo plano, y escogían palabras al azar para el títere. Por este motivo, en la segunda experiencia se utiliza el títere sólo al principio y al final, mejorando los resultados de la experiencia, y generando el mismo interés en los niños.

A pesar de esto, se planteó repetir esta experiencia, utilizando el títere sólo al inicio y al cierre de esta, para observar cómo sale, a ver si se logra provocar a los niños a través de él, generando un aprendizaje efectivo.

Por último, en cuanto a la tercera orientación, se utilizó una caja mágica (Anexo 3) para trabajar el reconocimiento de los nombres. Así, en él se guardaron los nombres de los niños. De este modo, se comenzó explicando a los niños que en esa caja mágica siempre podríamos encontrar lo que necesitabamos para jugar. Se preguntó a los niños qué creían que había y una vez que todos hicieron suposiciones, se fueron sacando los nombres de los niños, para que estos los reconocieran.

En esta experiencia, los niños se mostraron asombrados, y produjo interés en ellos saber qué era finalmente lo que había en la bolsa, por lo que se cumple el objetivo de generar provocación en los niños.

Para terminar con esta reflexión, se vuelve importante mencionar que fue posible observar que en todas la experiencias realizadas se generaron desafíos significativos para los niños a través del juego, que provocaban su inquietud e interés por participar, por lo que se cumple el objetivo central que es el de provocar a los niños a través del juego.

Sin embargo, a través de esta experiencia se evidenció también que no basta sólo con utilizar una estrategia de provocación para motivar a los niños a participar de una experiencia, sino que debemos buscar estrategias también para mantenerlos motivados e interesados en esta.

Del msmo modo, se vuelve también fundamental centrarnos en que además de que si bien los niños deben estar entretenidos y disfrutar de las experiencias para que estas sean significativas, no debemos perder de vista el objetivo por el que se originan estas.

Debido a lo anterior, se vuelve fundamental que estemos constantemente reflexionando sobre nuestra práctica, y sobre todas las experiencias de aprendizaje que ofrecemos a los niños, observando desde cómo promovemos el interés y participación de los niños y cómo mantenemos en vista nuestro objetivo a desarrollar; hasta cómo nuestro actuar durante la experiencia va guando esta y facilitando o dificultando a los niños su aprendizaje.

Bibliografía

Bodrova, E., & Leong, D. (2004). Herramientas de la mente. Pearson .

Bredekamp, S. (2004). Play and School Readiness. En Educational Perspectives.

Correa, O., & Estrella, C. (2011). Enfoque Reggio Emilia y su aplicación en la unidad educativa Santana de Cuenca. Universidad de Cuenca, Ecuador.

de Pol, T., Fuste, C., Martin, S., Palou, L., & Masnou, F. (2011). Jugando para vivir, viviendo para jugar: el juego como motor de aprendizaje. En Planificar en la etapa 0–6.

Duarte, J. (2003). Ambientes de aprendizaje. Un aproximación conceptual. Estudios pedagógicos, 97–113.

Gutiérrez, D., Bartolomé, R., & Hernán, L. (2005). Educación Infantil II. Madrid: McGraw Hill.

Hoyuelos, A. (2014). Historia de la educación. Revista digital de la Asociación de maestros Rosa Sensat, 57- 70.
Oltra Albiach, M. A. (2013). Los títeres: Un recurso educativo. Educación social. Revista de intervención educativa., 164–179.

Anexos:

Anexo 1: Evidencia estrategia 1

Anexo 2: Evidencia estrategia 2:

Anexo 3: Evidencia estrategia 3

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