La gran hipocresía del Homo sapiens

Algo que me desvela muchas noches es la capacidad que tenemos los seres humanos de desarrollar una multiplicidad de actividades que abarcan todo el arco de lo posible.

Ese mismo espíritu que se presenta inquebrantable ante la injusticia es capaz del goce perverso ante las peores atrocidades. Lo que no me deja dormir es la incapacidad de darle sentido a esta existencia.

¿Cuándo empezó todo esto?

Durante los años que transité los pasillos universitarios, el ritmo de la cursada me hizo aprender mucho más. Me considero una persona que encuentra regocijo en la lectura. Me encanta aprender cosas nuevas.

Muchas veces me refugié en libros de historia para entender cuándo habíamos adquirido la capacidad de ser los seres humanos más buenos y los peores criminales, al mismo tiempo.

Muchos autores me llevaron a recorrer siglos y siglos de historia donde las traiciones, los genocidios y las grandes contiendas bélicas fueron los protagonistas. Aquellos que detentaban el poder se aprovechaban de las minorías en nombre de alguien, conquistaban en nombre de alguien o eran impunes bajo la premisa de que alguien los había ungido de poder… así de delirante como suena.

La historia es siempre la misma. Tenemos que reconocer que no fuimos ni somos una especie ejemplar.

Y un día, Sapiens llegó a mi vida.

Sapiens: de animales a dioses

Yuval Noah Harari, un historiador y escritor israelí, escribió un libro -que lleva este nombre- donde examina la historia de la humanidad desde la evolución de las especies humanas arcaicas en la Edad de Piedra hasta el siglo XXI.

El argumento principal de Harari postula que el Homo sapiens domina el mundo porque es el único animal capaz de cooperar flexiblemente en gran número, gracias a su capacidad única de creer en entes que existen solamente en su propia imaginación tales como dioses, naciones, dinero y derechos humanos.

De esta manera, afirma que todos los sistemas de cooperación humana a gran escala -incluidas las religiones, las estructuras políticas, las redes comerciales y las instituciones jurídicas- se basan en última instancia en ficción.

Entonces…

El libro no termina de responder -aunque ilumina- la inquietud que me aqueja pero tengo que reconocer que profundiza cuestiones mucho más preocupantes.

Quiero compartirles algunos de los argumentos que el autor somete a consideración del lector:

  • Los Sapiens prehistóricos pudieron haber cometido un genocidio masivo llevando a +20 especies homínidas -como los neandertales- a la extinción.
  • El dinero es un sistema basado en la confianza mutua; no se trata de que uno crea en el dinero, sino de que uno crea que los demás creen en el dinero.
  • Los sistemas políticos y económicos son, en realidad, religiones más que teorías o ideologías económicas;
  • La revolución agrícola comenzó con la promesa de mejorar las condiciones de vida pero, en realidad, resultó una trampa para la mayoría de las personas;
  • El imperio ha sido el sistema político más exitoso de los últimos 2000 años.
  • El dinero, los imperios y las religiones son los poderes que unifican el mundo.
  • El tratamiento de los animales domesticados es uno de los peores crímenes de la historia.
  • Hoy, la gente no es mucho más feliz en comparación a épocas pasadas
  • Los humanos están actualmente en proceso de convertirse en dioses.

Cada uno de los enunciados representa un mundo por conocer. La profundidad del enfoque de Harari representa una gran oportunidad para expandir nuestros horizontes y replantear algunos de los conceptos más arraigados en nuestra biblioteca de la humanidad.

Les recomiendo su lectura y más de una vez.

No aprendemos

Lo más loco de todo es entender que nos hemos convertido en nuestros propios enemigos. A veces, me planteo lo verosímiles que fácilmente resultan las películas que muestran el comportamiento de los seres humanos en situaciones límite donde se presenta la supervivencia como una improbable salida. Somos capaces de todo, sin importar a quién tengamos adelante.

Sin embargo, no nacemos con esos valores bajo el brazo. Todo lo que nos hace “humanos” se aprehende. Nos provocan para odiar. Nos enseñan a ganar. Y tristemente, algunos educan para matar.

Seguramente pienses que terminé de enloquecer pero me gustaría invitar a todos aquellos que sean padres que vayan al cuarto de sus hijos y que peguen un vistazo a sus juguetes, a su consola de videojuegos, a sus disfraces…

¿En qué momento nuestros hijos empezaron a jugar a matar?

Necesitamos cambiar el curso de la historia porque no somos una gran especie y si seguimos a este ritmo, lo humano va a durar poco.

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