Al final de la historia encontró su arte
Catalina Zavalla Jorquera vive en la comuna de La Florida, tiene 35 años y a los 14 nació su amor por el arte. Aun estaba en el colegio cuando descubrió su talento por lo artístico. Ingresó al taller de pintura y desde entonces no ha parado. Cuando culminó su etapa escolar decidió estudiar pedagogía en historia. En un comienzo veía la pintura solo como un hobby al que podía dedicarse en sus tiempos libres, sin embargo, con los años se dio cuenta que el arte era su verdadero camino. Así fue como acabó cambiando los libros por cuadros, la historia por el arte y los plumones por pinceles.

Catalina es madre de tres hijos. Los primeros dos hijos nacieron cuando ella aun estaba en el colegio. Dieciséis años tenía cuando dio a luz a dos gemelos, los que actualmente tienen diecinueve años. El más pequeño nació hace diez y él aún está en el colegio. De su padre poco se sabe, nunca estuvo presente en la crianza de sus hijos.

Cuando egresó de cuarto medio decidió estudiar pedagogía en Historia y Geografía. Durante ocho años ejerció como profesora de historia, pero siempre permaneció unida al arte. Hizo talleres de pintura, incluso, pintó murales para su colegio. “Cuando había reunión de profesores, llegaba con el delantal todo manchado con pintura, y eso que era la profe de historia” comentó sonriendo. Ese mismo día se dio cuenta que ese no era su lugar. Su lugar era junto a la creatividad, a su arte. Fue en ese momento cuando tomo la decisión de dejar la docencia.

Eligió entonces irse por el camino difícil. Vivir del arte lo que menos le trajo, en un comienzo, fue estabilidad. De a poco comenzó a surgir. Primero hizo obras de caridad, pintaba murales en poblaciones y hacía talleres gratuitos. Después siguió vendiendo sus cuadros, sus pinturas captaban la atención de los clientes por su estilo único. Una técnica mixta que mezcla óleo, acrílico y barniz.

Actualmente tiene un local en las Artesanías de Santa Lucía. En ese lugar tiene a la venta sus pinturas, las cuales están pinceladas sobre cuadros, relojes, libretas, guateros, telas, entre otras cosas. Además, está a cargo de pintar murales en Santa Cruz y algunas localidades de Santiago. A pesar de ser un estilo muy colorido — e infantil — sus principales clientes son personas entre 35 y 40 años, en su mayoría extranjeros. Catalina eligió el camino del arte, y aunque no fue fácil, cree haber tomado la decisión correcta. Una decisión que la hizo inmensamente feliz.

