La importancia de uniformar actitudes y opiniones

El mundo nos brindará de ideas, experiencias, conocimientos y hechos que después, por naturaleza, seremos capaces de convertir en conclusiones personales, o actitudes frente los hechos. Lo anterior no significa que nuestras conclusiones sean correctas o incorrectas, pueden ser simplemente lo que se “siente” al respecto de una situación o idea. Incluso podemos ser influenciados por estereotipos comunes o por las opiniones de otras personas.

Y esas actitudes, pueden quedarse guardadas o no en un cajón de nuestro sentir, o bien, salir a la luz a manera de opiniones. Entonces, la opinión será aquella expresión que refleja la actitud de alguien frente a un evento, concepción o situación.

Es importante esta diferencia porque en primer lugar, al emitir una opinión, nos volvemos seres reflexivos y hacemos consciente nuestra actitud frente al tema en cuestión, la cual puede ser ambigua por la cantidad de información contradictoria que recibimos diariamente.

Otra razón es porque existe la posibilidad que de una actitud surjan diversas opiniones, por ejemplo, alguien podrá tener una actitud determinante en cuanto a que exista un dios o no, y sus opiniones podrán variar en argumentos históricos, morales, materiales o sentimentales.

Además, pienso que si bien las palabras y los actos deben analizarse antes de usarlas o llevarlos a cabo, es posible que si no pensamos cómo expresarnos adecuadamente, la opinión no resulte congruente con nuestra actitud. No intento justificar errores de comunicación, pero sí quiero hacer notar que la manera en que las personas perciban nuestra actitud será producto de cómo la expresemos, y si no somos capaces de armonizar ambos conceptos, tendremos serios problemas sociales.

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