Según Eurípides: Enseñar la moral para no usarla es de parguelas
Comentario comparativo entre lo dionisíaco en Eurípides y la época clásica y en Nietzsche basado en el texto de Las Bacantes y una cerámica de pinturas rojas
Comencemos por Eurípides: La obra en cuestión trata acerca de cómo los familiares de Dionisos se resisten en reconocerle a éste como dios, a consecuencia de ello la deidad les castiga haciendo caer en la locura a las tebanas. Los tíasos que llevaban éstas a cabo eran guía para las descendientes de Cadmo y las guiaban hasta el Citerón. Dados estos acontecimientos desfavorables, Penteo, quien ahora tenía el poder, se encolerizó y mandó llevar a prisión a varias bacantes, condenándolas y mandando ir también a por Dionisos, que dejó que lo hicieran. De este modo, al llegar donde Penteo y tras una discusión con él éste mandó atarle y encarcelarle en el palacio negando su origen divino y tratándole, además, como a un mortal. Las consecuencias de esto fueron un terremoto que tiró la residencia real. Después de esto, Penteo fue convencido para disfrazarse de mujer y espiarlas de este modo, sin embargo, tomando Ágave, su madre, la cabeza en este asunto, se inició un sacrificio empleando a Penteo de sacrificio descuartizándole. Al enterarse de lo sucedido, Cadmo intentó unir las diferentes partes del cuerpo de Penteo descubriendo la cabeza al final en las manos de la madre. La obra finaliza con la aparición de Dionisos, que tras aconsejar a todos los personajes y aclararles lo que acontecerá, deja manifiesto que ni por palabra ni por obra debe el dios ser menospreciado por aquellos que no se encuentran iniciados en tus ritos.
Nietzsche habla del comienzo de la decadencia con Eurípides y Sócrates; no obstante, centrémonos en Eurípides, a quien se le suele designar como ‘el filósofo del teatro’ ya que plantea problemas morales, motivo por el cual Nietzsche le destrona de las alturas considerando que éste aburguesó la tragedia griega llevando, y cito textualmente, ‘al espectador a escena’. Llevar el espectador a escena conlleva reducir el heroísmo y el teatro al nivel de los atenienses clásicos, es decir, hacer hombre al dios del teatro, estando lejos Dionisos de los problemas morales. De este modo, en el texto que nos atañe y precisamente por ser Dionisos una divinidad de máxima libertad, Eurípides le lleva hasta escena como villano y además como protagonista. El motivo por el cual Eurípides, reivindicador habitual del agnosticismo, lleva a cabo el hacer una obra religiosa y arcaizante es, a mi modo de ver, no tanto por una cuestión de culto, sino más bien para exponer con la máxima evidencia posible el comportamiento y actos que van relacionados con este dios, es decir, la falta de raciocinio, el ridículo, la impudicia, etc., así, poniendo como protagonista a Dionisos todo su comportamiento y el de sus seguidores queda en evidencia constantemente puesto que toda la acción gira en torno a éste y dado que es a su vez el antagonista de la obra hay un claro sentido moral contra la actitud del dios. Para empezar encontramos a los dos ancianos al principio vestidos de bacantes y mostrándose adoradores del dios en cuestión de modo que ya aquí existen indirectos juicios: en primer lugar son dos ancianos, símbolos ambos de debilidad, el anciano nada puede hacer contra el joven y ya carece de belleza, mientras que Penteo es joven, lleno de belleza y poder sobre ambos ancianos, y las mujeres son las que más siguen al dios de modo que el ideal griego, es decir, el hombre fuerte, joven, guapo, poderoso y cabal, no va, por definición, con este dios. Penteo se muestra irascible por lo que ha hecho Dionisos, de ahí que ordene tales cosas contra él, sin embargo Dionisos le llama loco, como los ancianos, ¿Eurípides quiere llamarle loco? Ciertamente no: ya que si bien Dionisos es el dios del vino, de la desinhibición, representante de la locura y el vicio por antonomasia, poco sentido tiene, en efecto, que hable él mismo de locura y aún menos los iniciados en su culto, de modo que aquí Eurípides lo que hace es ridiculizar, mostrar el absurdo de este dios y lo que le rodea. Para plantearlo de un modo más sencillo, expongo el siguiente ejemplo: en Shakespeare, concretamente en la obra de Falstaff, vemos cómo Falstaff siempre está aconsejando y dando lecciones, llamando incluso locos a los demás cuando no están de su parte, sin embargo éstos, en lugar de tomarle en serio, precisamente porque es mentiroso, ladrón y borracho, se burlan de él siempre, como en este maravillosamente humorístico fragmento:
“FALSTAFF: Mis honrados muchachos, voy a contaros lo que mido…
PISTOL: Dos yardas o más de circunferencia.”(1)
Lo mismo ocurre con Dionisos, sus seguidores se emborrachan, pierden los papeles, por lo tanto, ¿Cómo va a tomarse en serio sus palabras? Por otra parte, todo acaba en una tragedia terrible, tan terrible que la propia madre de Penteo le descuartiza, no hablamos entonces de una lección de un dios, es decir, un simple castigo divino con afán moralizante, sino muy al contrario, como una burda venganza de las peores posibles al desarrollarse en tales lazos de sangre. Además, durante esta venganza hago hincapié en el hecho de que en la tragedia misma pone que Dionisos las enloqueció para que lo hicieran. Como vemos no es una tragedia que pretende contar una historia de un modo elevado y con un pensamiento subterráneo en los entresijos de la obra, sino muy al contrario, es una obra puramente moralizante cuyo cometido es principalmente la excitación del público para señalar ‘lo malo’.
En su Genealogía de la Moral, Nietzsche expone que tú eres malo, luego yo soy bueno es una fórmula dicha por el esclavo, en esta fórmula el bueno considera que posee valores y lo que hace es tachar de malo al otro de modo que tales valores le convierten al bueno en malo. Esta división de ‘lo bueno y lo malo’ que establece Eurípides conlleva, como bien dice Nietzsche en su Genealogía de la Moral, añadir después un ‘luego’ que implicará necesariamente una conclusión negativa. Nos encontramos, por tanto, con la acusación, con la culpa, que tan característica es del Hombre del Resentimiento. Ha de decirse también que esta negación no se expondría de no ir precedida con una afirmación plena por parte del que señala al malo. De este modo, el esquema sería el siguiente:
Yo soy bueno, luego tú eres malo(2)→ Conclusión negativa → Nosotros los aristócratas, los bellos, los felices(3)→ Plena afirmación del deíctico
Según Nietzsche, es la afirmación de lo múltiple lo que constituye la esencia de la tragedia, Dionisos es el origen de la tragedia porque Dionisos es la afirmación de todo aquello que hace su aparición, de modo que se afirma en la alegría y en el dolor. La imposibilidad de afirmar ninguna unidad ni modelo (es decir, el antiplatonismo nietzscheano), empuja necesariamente a una afirmación ontológica de multiplicidades, esto implica una asunción de todo acontecimiento de modo que podemos considerar a Dionisos la vía de escape ontológica a la realidad del mundo mediante, en lugar de la huida, la aceptación del momento(4). Otro de los problemas con Eurípides reside precisamente aquí: Eurípides en las Bacantes coloca lo dionisíaco como negación pura hasta el punto de que la afirmación (‘lo bueno’), en confrontación con ello no sólo se anula, sino que se destruye y termina en dolor. Aparece, de este modo, un concepto de lo dionisíaco(5) que se contrapone profundamente al Espíritu Libre(6) que Nietzsche reivindica y que considera que es lo realmente dionisíaco, Eurípides toma forma, entonces, del falseador de Dionisos; Dionisos, es decir, el Espíritu Libre, termina en la muerte en Eurípides (con el descuartizamiento y todo el horror que crea el dios), esto en la obra de Nietzsche se enlaza directamente con el concepto de moral del Hombre del Resentimiento, ya que la anulación del Espíritu Libre llevándolo a la univocidad lleva consigo la muerte, la anulación pura, mientras que Nietzsche no reivindica la afirmación del ser, la vida (recordemos que a Nietzsche se le llama en multitud de ocasiones el filósofo de la vida), sino que va mucho más allá y propone que la afirmación misma es el ser, el ser se identifica con la afirmación, ser y afirmación son una y la misma cosa: he aquí la vida; por tanto, este es el porqué Eurípides signifique el comienzo de la decadencia de la tragedia, Eurípides manifiesta la negación de la vida.

Pasemos a hablar ahora sobre lo dionisíaco en la Grecia Clásica como tal, es decir, comentemos la imagen escogida, que es la siguiente: Si observamos las representaciones dionisíacas en ellas las mujeres siempre aparecen ebrias e impúdicas, como dijimos otrora, y como manifiesta Eurípides. ¿Cómo actúa Dionisos? Marcel Detienne dice lo siguiente: “¿Cuál es su modo de acción? Cuestión cuya pertinencia requiere que sea identificado, a través del viso de sus intervenciones, el punto focal de sus maneras de actuar; más allá, pues, de la máscara, de la alteridad sin borde, de una soberanía evidente sobre la vida que alterna con la muerte. Sería necesario un camino de cresta: la pulsión ‘epidémica’; aparecer brutalmente y obstinarse en no ser reconocido como ocurre con los otros. Dionisos, se dice, tendría enemigos. De ninguna manera: él proporciona la escena donde hacerse reconocer. Al surgir como Extranjero del interior, él es el que lanza fuera de sí, el que empuja a su presa al crimen de su propia carne; el que la precipita en la impureza. Culminantes advenimientos. (…) Dioniso en acción, a corazón abierto: descubriendo lo más íntimo de su potencia, la que hace saltar, la que hace brotar. En el punto preciso en que la sangre hirviente y el vino palpitante confluyen en un principio común: la ‘potencia’ de un humor vital que saca de sí mismo y sólo de sí mismo su capacidad para liberar su energía, de golpe, con una violencia volcánica. Locura homicida, ménade que salta, vino puro efervescente, corazón embriagado de sangre: un mismo modo de acción.”(7)
Dionisos es por tanto dios del jolgorio, dios de la fiesta y ‘del pueblo’, es con él que acontece el olvido de las penas, del trabajo, de todo aquello que pertenece al ocio y la alegría y la libertad que proporciona la falta de obligación y la desinhibición. Uno de los acontecimientos que pueden mostrar los ‘efectos’ de este dios en la sociedad clásica es la construcción del Teatro de Dionisos en Atenas. Este teatro tuvo varias fases de construcción: las que nos atañen son la de época temprana, y la de la reforma de Licurso (ya que la posterior pertenece a la época helenística y la etapa de construcción de la época de Pericles es poco importante en lo que nos concierne). Este teatro ya se salta las normas por su ubicación, situándose ésta en una ladera junto a otros edificios muy nobles. Dionisos no es un dios de la realeza, sino un dios de las clases bajas, campestre, popular, es decir: no aristocrático. El hecho de que se permitan los actos de tal teatro (fiestas de lo más popular y, para los aristócratas, vulgar) tan sumamente cerca de un lugar tan noble como la Acrópolis. Para más INRI, las fiestas dionisíacas fueron elevadas a nivel local, lo cual fue un auténtico ‘saltarse las normas’ de alguna manera aunque fuera completamente legal(8). Durante la época temprana fue muy probable que al principio el teatro fuera prácticamente un espacio al aire libre con gente sentada en el suelo o en bancos de madera aprovechando la ladera. Sólo había una línea de piedras bajo el escenario como resto que pudiera demostrar esta primera construcción. Estos restos primero se interpretaron como la delimitación de la orquesta, pero más tarde dada la forma circular en que estaban dispuestos, se consideró que era más lógico que fuera el escenario para la danza. Se sabe que antes de dar comienzo la época Clásica, en el 458 a.C., Orestea, de Esquilo, fue representada. Dado que ésta requería escenario para ser representada, debió de ser en esta etapa cuando fue realizado esto que decimos. En la época de la reforma de Licurgo es cuando el teatro alcanza un nivel superior colocándose en la primera fila del peripatos los tronos del sacerdote de Dionisos y de los altos mandatarios, y edificando una estructura fija de piedra. Quizá sea el acercamiento al poder que observamos en este episodio lo que hiciera que la decadencia dionisíaca acaeciera (bien sabida es la naturaleza antihegeliana de Nietzsche(9)). En el poder se generan los límites de la libertad, es en el poder donde residen aquellos cuya situación no permite un devenir, sino que, muy al contrario, se ven afectados por el tiempo sin poder asumir la multiplicidad de las cosas y por tanto esto enjaula lo dionisíaco. Soledad y memoria, como dice Leopardi, traman afinidad indisoluble. Dionisos, precisamente porque es el dios del olvido (el vino ayuda a olvidar las penas, se dice en Las Bacantes) no se muestra, como vemos en la cerámica que nos atañe, en una actitud solemne mientras que el resto de dioses sí que suelen aparecer de este modo independientemente de con qué atributos se les represente. Dionisos hace aparición desinhibido, observamos que su cuerpo no está recto ni firme, sino danzarín y relajado: esta, a mi modo de ver, se trata de una característica importante de sus representaciones, tan importante, de hecho, como la vid. Dionisos es el dios del olvido, el resentimiento no pertenece a lo dionisíaco. Concluyo exponiendo una frase perteneciente a los diarios de Leopardi que resume todo lo que yo, tan torpemente en comparación con él, he expuesto aquí: “El olvido de lo verdadero puede proporcionarnos sin embargo un fuerte latigazo de placer” (Zibaldone).
NOTAS:
(1) Shakespeare. Las alegres casadas Windsor.
(2) F. Nietzsche. Genealogía de la moral.
(3) F. Nietzsche. Aurora
(4) Momento en el sentido de que se trata de un momento tras otro.
(5) Que para Nietzsche constituye el concepto clásico de lo dionisíaco que condena la filosofía posterior
(6) Relajaos, los lectores de Hermann Hesse: No se trata de libertad de espíritu antropológica sino ontológica.
(7) Marcel Detienne. Dioniso a cielo abierto.
(8) Pisístrato era el tirano de aquel entonces y consideró propicio implantar el culto a Dionisos de manera oficial e hizo levantarle un templo para aumentar su popularidad y así apaciguar las análogas revueltas sociales que hicieron de Solón legislador y más tarde llevaron a Pisístrato al poder. El siguiente momento se sitúa en la época de Pericles, por lo que dejamos la época arcaica y pasamos a la clásica. Pericles llevó el programa de monumentos públicos más grandes de Atenas, tal es así, tal fue la ambición que éste albergaba, que con él fue con quien comenzó la Acrópolis que hoy conocemos. Por este motivo aumentó el coro, los actores, las representaciones se hacían más complejas, en definitiva, cambió lo que era necesario para el teatro por lo que fue necesario edificar una construcción fija, final, para las representaciones que se daban allí. Como curiosidad, añadir que el sureste del Odeón se orientabahacia la calle de los trípodes, la cual bajaba hasta el ágora de la polis. En el ágora había trofeos (trípodes o linternas de Lysícrates) que conmemoraban la victoria de un certamen teatral. Estos trofeos tenían una inscripción que señalaba los ganadores y a quien estaban dedicados y gran decoración con motivos relativos a Dionisos.
(9) ¡Quién no ha escuchado la famosa frase en que Nietzsche describe al Estado como El más frío de los monstruos fríos!
BIBLIOGRAFÍA:
Esquilo, Sófocles, Eurípides. Obras completas. E. Crespo Güemes, Cátedra. 2004. Madrid.
Greek theatre in context. E. K. Dugdale. Cambridge University Press. 2008. Cambridge New York.
The Greek theatre and festivals documentary Studies. P. Wilson. Oxford University Press. 2007. Oxford New York.
Dioniso a cielo abierto. Marcel Detienne. Gedisa S.A. 1986. Barcelona.
Nietzsche y la filosofía. Gilles Deleuze. Anagrama. 1971. Barcelona.
Mito y pensamiento en la Grecia Antigua. J. P. Vernant. Ariel filosofía. 1993. Barcelona.
Historia del Espíritu Griego. W. Nestlé. Ariel. 1975. Barcelona
Soledad acogedora. Massimo Cacciari. Abada. 2004. Madrid
Genealogía de la Moral. F. Nietzsche. Alianza. 1972. Madrid
Aurora. Meditación sobre los prejuicios morales. F. Nietzsche. José J. De Olañeta, D. L. 1981
Así habló Zaratustra. F. Nietzsche. Alianza. 1993. Madrid
