El hambre de las PASO

Sofia Nabias
Aug 22, 2017 · 4 min read

Gente hablando en susurros y gente casi gritando, la fila interminable de la mesa 6275 ocupando la mitad del pasillo, personas subiendo y bajando las escaleras en busca de su mesa. El Colegio Hans Christian Andersen en el barrio de Belgrano fue una de las tantas sedes de votación para las elecciones PASO.

1:00 PM, hora pico. Un domingo de agosto soleado que acompaña a los votantes a cumplir con el deber constitucional. Algunos ya comidos, otros esperando el asado de todos los fines de semana, impacientes por dejar atrás este infierno electoral y seguir con la rutina porteña.

El hall de entrada, de tinte negro y apagado, concurrido por al menos diez personas mayores esperando por las urnas y otras cinco personas discapacitadas maldiciendo el no poder irse rápidamente. -Me rompí­ la pierna cuando estaba corriendo el bondi- se ríe Candela Moro de 28 años — No, es chiste, me caí­ de las escaleras sin querer, de paso me lleve unos cuantos moretones- Estuvo esperando media hora para que le bajaran la urna. -Un bajón-

Las paredes parecían más aburridas que las personas esperando, las escaleras con seguridad anti-caí­das, como las de una cárcel, llevaban a tres pisos más. Fiscales partidarios yendo de un lado para el otro, controlando todo. Finalmente, la mesa 6276 aparece entre la gente. No se encontraba en medio del pasillo, estaba dentro de un aula. Los muros de esta, repletos de dibujos hechos por niños de primer grado celebrando la Independencia. El biombo celeste chillón esperando a los votantes en el rincón.

Autoridades de mesa, dos hombres jóvenes y una mujer relativamente mayor. Marta Navarro, con los ojos como dos rendijas y un par de aros que parecían pesar 200 kilos, no quiso decir su edad porque -Una mujer nunca revela su debilidad-Se postuló para ser la presidente de mesa solo para participar, no por el dinero. -Mis hijos ya me vinieron a ver tres veces y ahora en un rato me traen la comida- dice con mirada cómplice -¡Yo no se lo pedí!-.

A su lado Martín Nadosa de 30 años tiene una opinión firme -¡La verdad es que me da igual, pero esta votación me parece medio en vano (por no decir algo desubicado) porque al fin y al cabo los únicos que tienen muchos candidatos son los de izquierda!- Un comentario extraordinario para un suplente.

Y finalmente Jerónimo Mendes de 24 años está agotado. -La cosa es que ayer salí­ “de gira” con mis amigos y estoy que me muero-. Fue al bajón; una comida grasosa y que satisfaga el estómago luego de una noche de copas. -¡Dormí­ dos horas y después de un Alikal acá estoy!

De la nada, se escucha que un hombre, de aproximadamente unos 30 años, comienza a gritar mientras que unos policías/de gendarmería lo persiguen. Al mismo tiempo que corrí­a, lanzaba boletas por el aire.

¡VOTEN POR LA UNIDAD QUE NOS VA A LLEVAR A LO MÁS ALTO, VOTEN POR CRISTINA!

Logran controlarlo sujetándolo entre dos. No deja de moverse cual zombie rabioso. Lo bajan por las escaleras y le prohíben la entrada. La gente no deja de mirar y comentar la situación. Hay unos nenes que se ríen en las espaldas de sus padres. -Que desastroso, que horror-

El momento de la verdad

Momento de votar. Primera vez con 18 años. El biombo esperando. Mesa 6276. -¿Sabes qué orden? Sí­, orden 278-. Las boletas colgadas en bolsitas. Buscando la indicada. NO LA ENCUENTRO. ¿Tendré que decir faltan boletas la primera vez? Desesperación. Busco una por una, de fondo se escucha la muchedumbre. Finalmente la encuentro. Está levemente escondida en la parte inferior. La meto en el sobre y me pregunto si esta bien cerrada. Lamo el sobre para estar segura e inmediatamente se me viene a la cabeza la escena de “Seinfield” en la que George, el novio, elige sobres de baja calidad para enviar las invitaciones del casamiento y la novia muere intoxicada. Que momento para estar pensando eso.

Salgo del cubículo y meto el sobre en la urna. Poso para la tí­pica foto introduciendo el voto en la “caja”. Preguntan -¿Es tu primera vez votando? ¡No nos dimos cuenta porque estamos muy saturados! ¡Aplausos por favor!- Una ronda de gritos y vitoreos que hacen que me sienta famosa por una milésima de segundo. La gente de afuera del aula se suma a la ovación. -Gracias, gracias-

Afuera, la fila de la mesa 6275 se alarga aún más. Las personas en ella más saturadas que la fila. Carola, de 43 años, se encuentra esperando junto a sus dos hijos de alrededor de 7 años -Estamos aguardando acá hace como dos horas pero ya bajaron la urna dos veces en 15 minutos, no se puede así­-.

¿Qué espera de estas elecciones?

De modo secreto contesta -Cambio espero-

-Ya se que no deberí­a haberte dicho eso, pero vos no me vas a delatar, ¿no?- dice riéndose.

Gente saliendo de las aulas. Gente bajando las escaleras. Ya se cumplió el deber. Ahora LIBERTAD. Las caras de estas personas parecían las de un “emoji” sonriente. Saliendo por las puertas, por las que al mismo tiempo, entraban otros con el rostro contrario a ellos. Se espera que este aspecto feliz les dure hasta las próximas elecciones.

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