Locura de Florida a dos cuadras

Qué loco che, quién hubiera pensado esto. ¿Esto qué? Esto.

Cabello seis meses, ojos marrones y grandes, media sonrisa dibujada en el rostro y los gestos con los que me deleitas cada día.

Esto.

Tu vozarrón fluye en el viento al igual que el perfume que usaste toda tu vida. Tus palabras son fuertes, bravas, pueden herir a alguien. Pero ayudan. Decís las palabras perfectas, en el momento perfecto, no con el volumen deseado, pero al fin y al cabo, lo decís.

Largas todo aquello que te danza en la mente, dan volteretas y quieren terminar la función. Le echo la culpa a tu signo. Qué gracioso, ¿no? No, no tiene nada de gracioso.

Piel rasposa por la barba de tres días. Pobrecito, casi ni te crece y eso que hace bastante, veinte años y más, que pasaste por esa temida pubertad.

Me tocas y el alma se me desvanece. Caigo en una especie de realidad imaginaria, delirio, excitación.

Excitación por aquello que repercute en todo mi cuerpo traducido a espasmos. Son constantes, correctos y lo sabes.

Qué loco che, quien hubiera pensado que terminaríamos así. Dentro de dos años no vamos a existir más juntos. Anda a saber cuándo vamos a reencontrarnos.

Like what you read? Give 📎 a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.