Los monstruos de 2014

Te voy a dar la razón: 2014 no ha sido un mal año. Sin embargo, los bichejos de la actualidad y de nuestro entorno siguen ahí. Estos son mis “Monstruos 2014". Y, recuerda, el orden de los factores no afecta al resultado.

1. Las siguientes afirmaciones: “Tú, que trabajas con ceros y unos…”, “Sé que necesitas todo ese tiempo para el proyecto, pero no te lo voy a dar”, “Súbeme a imprenta este email”, “Necesito una maqueta física de la web”, “Es lo que hay”. Soy muy fan, mucho.

2. Las frases motivadoras y el mundo “wonderful”. Hasta en la sopa. De verdad, no es necesario ese bombardeo de colores pastel, caligrafía y mensajes “molas mazo”. La vida no es así, señoras y señores, y regalar frasecillas inspiradoras hasta en el papel higiénico es… adentrarse en un infierno cursi.

3. La pregunta “¿Sigues sin pareja?”. En cenas, funerales, comidas… cualquier momento es bueno para lanzar esta cuestión sin venir a cuento. Sinceramente, no veo dónde está el drama. Siempre que lo preguntan temo que me digan a continuación “te vas a quedar para vestir santos”. Eso llegará, casi seguro.

4. El metro por las mañanas. ¡Oh, la hora punta! Ese espíritu colectivo de perfumes, sudor, ebooks clavados en las costillas, codazos e insultos a quienes tratan de ayudar a otros a bajar por las escaleras pesadas maletas (sic). La España profunda y la estreñida se concentran siempre entre las 8 y las 9 de la mañana en este mundo subterráneo.

5. Los tóxicos. No, no las sustancias, las personas, que matan poco a poco y de un modo más cruel. Desde aquí un saludo a aquellos que todo lo saben (absolutamente “todo”), aquellos que cualquier cosa la hacen mejor que tú y su vida es ideal-de-la-muerte, los que tienen la capacidad de darle la vuelta a casi cada conversación para ponerte contra el paredón sin necesidad, los monotemáticos, los que quedan contigo para contarte su vida en verso y luego desaparecen de tu vida de la noche a la mañana por miedo o porque ya no te necesitan, los que consideran que su modo de ver el mundo es el correcto y sus proyectos vitales prevalecen por encima de cualquier razonamiento.

6. La tipografía Lobster, esa nueva Comic Sans. Ya sea para un despacho de abogados, una guardería o la carta de un restaurante. La tipografía es un reflejo del carácter de tu marca. Obviamente, si eres abogado y la usas como seña de identidad, no recurriré a ti por poco serio y escasamente original.

7. Los momentos “Pantoja”, “Pequeño Nicolás” y similares. Hemos llegado a un punto de no retorno en este país en cuanto a información, justicia y política. No queremos que se nos defina como un país de pandereta, pero en realidad no es necesario rebuscar mucho para encontrar motivos que lo respalden.

8. En el apartado de las películas, ‘El Hobbit’ se lleva la palma. No era necesario, pero lo hicieron. Una trilogía soporífera de la que muchos esperamos su versión resumida. Quién lo iba a decir, criticando yo esa saga. Como todo tiene su parte positiva: cualquiera de sus entregas es estupenda para dormirse durante un vuelo largo.

9. Sí, efectivamente, Camilo Sesto. Él y su chotis dedicado a Torrelodones que me ha perseguido durante medio año. Una locura surgida de otra barbarie, la Verbena de la Paloma, ese agujero negro madrileño donde puede pasar cualquier cosa.

10. Más que un “monstruo”, una actitud, la del “yo de eso no entiendo y jamás aprenderé”. El progreso y el aprendizaje son inherentes a la condición humana. Desde hoy, esta frase descalifica a todo aquél que la pronuncie y pasará directamente al saco roto de los casos imposibles y humanos inanimados.

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