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Shu Ha Ri

Aprender, dominar, innovar.


El arte de la guerra y de la lucha. De la supervivencia. Milenios de trabajo y reflexión no pueden estar equivocados: Shu Ha Ri. Estos tres conceptos de las artes marciales japonesas que definen las bases del aprendizaje y el vuelo en solitario del alumno, deberían estar presentes en cualquier equipo. O, más bien, sin estos términos, no podría haber empresa.

El funcionamiento orgánico de los equipos se ha convertido de un tiempo a esta parte en mi obsesión. Unir a gente, crear interacciones y tratar de obtener resultados visibles que animen a otros a lanzarse al temido vacío. Todo ello en pequeñas dosis, para que nadie se asuste. Y en todos los casos en los que ha funcionado, aunque de un modo velado, han estado presentes estos tres conceptos. En aquellos casos cuyo intento se ha quedado justamente en eso, en un “intento”, alguno de los tres pilares se ha quedado por el camino por falta de interés o de experiencia.

Tiempo vs. experiencia. Experiencia vs. ganas.

Lograr flujos de trabajo ricos y efectivos requiere tiempo y grandes dosis de formación, no sólo reuniones, sprints y revisiones. El creador del modelo organizativo scrum, Jeff Sutherland, comenta en su libro que “lo lógico es que [el empresario] quiera contratar no solo a los trabajadores que sacan sobresaliente, sino a aquellos que lo sacan en la menor cantidad de tiempo posible”.

Esta idea sobre la productividad es correcta, por supuesto, pero tiene pocas probabilidades de ser aplicada si en la base no trabaja desde el concepto de Shu Ha Ri, es decir, desde la base. Toda empresa necesita, además de trabajadores ágiles y formados, perfiles con ansias de querer mejorar constantemente. Sin este último punto, necesario para el desarrollo del ‘Ri’, poco se podrá hacer. Y, para ello, nos queda un complejo camino que recorrer, donde la utopía marca que la empresa deje espacio al empleado para aprender y formarse… y el trabajador tenga ganas de hacerlo.

Primero aprende las reglas. ‘Su’.

Ya trabajes en el medio digital (como es mi caso) o en cualquier área laboral, es imposible que puedas prosperar si no conoces al detalle las características (ventajas y límites) que te ofrece el entorno y tus herramientas de trabajo. Aprende, interioriza, consulta, colabora. Y hasta que esta fase no esté consolidada, no sigas adelante. En la actualidad, hay que destacar más allá de lo que indica tu título universitario o el modo en el que defines tu puesto de trabajo.

Domina lo que haces. ‘Ha’.

La perfección no existe. Somos humanos y constantemente estamos equivocándonos, pero sí es cierto que podemos dar mucho de nosotros mismos si tratamos de volcar algo de pasión en nuestro trabajo, mejorarlo para que el resultado final brille. Sin conocer las reglas del juego y sin practicar hasta la saciedad, no serás jamás un buen profesional. Aún menos en la actualidad, donde no sirve el “es que yo de eso no entiendo”. Domina tu trabajo, sí, y domínalo en equipo.

Innova. ‘Ri’.

Por decirlo de un modo bien claro, es necesario tener aspiraciones para ser un buen profesional. Tu entorno ya te lo va a poner bien difícil para que lo logres y si mentalmente no eres fuerte y no tienes tus objetivos bien marcados, acabarás prefiriendo estar atado a la pata de la mesa antes que levantar la mano para opinar. No, no estoy invocando a la temida “vocación” a la que apelan unas cuantas empresas para no incrementar tu salario o permitirte pasar de becario a empleado contratado, sino a las ganas de vivir tu trabajo para llegar a tu casa satisfecho. Porque la traducción de esta fase en nuestro día a día laboral bien podría la de sentarte en el sofá, si no feliz, al menos tranquilo. Pero innovar es complicado e intervienen factores que van desde la cultura empresarial hasta la situación personal de tus compañeros.

Innovar es un trabajo en equipo, es motivación y es disponer de la información precisa llegado el momento. Es un esfuerzo titánico, pero esta palabra se ha desgastado y trivializado hasta el punto de generar desconfianza en algunos entornos, dado que sin tiempo, perfiles profesionales y colaboración en todos los departamentos, es imposible progresar. Se sigue vendiendo “innovación” sin tener la capacidad, se fracasa y, al volver a empezar, las nubes negras empañan el siguiente proceso.

Shu Ha Ri vs. la realidad

A todos nos gusta divagar y solucionar los males del mundo mientras vemos la vida pasar sentados en el banco de un parque, pero la realidad es bien distinta. Aplicar este concepto de las artes marciales –que tanto nos inspiran para mejorar y esforzarnos en el trabajo– es una tarea bien complicada porque no trabajamos solos (por suerte). Podemos teorizar durante horas… o ponernos manos a la obra.

La idea que prevalece es siempre la misma: la realidad desmotiva, pero conceptos como el Shu Ha Ri nos impiden que caigamos en la pasividad. Si el ser humano ha nacido, como animal que es, para defenderse y sobrevivir, el entorno aburguesado en el que vivimos no nos va a frenar si tenemos ganas de mejorar. Esta es la cuestión, innovar, dominar y aprender para seguir siendo humanos. Y ya que estamos, para tratar de ser mejores trabajadores y compañeros.


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