Escucho a Rachmaninoff y no me salva

Estoy perdida y con cada paso entro más profundo a la oscuridad. Tengo miedo. Escribir tengo miedo es algo que desaconsejaría a mis alumnos. Muy literal. Hay que construirlo. Hay que decir por ejemplo que cada vez es más difícil levantarme de la cama. O que a veces en la calle siento que voy a la llorar, que voy a tirarme al suelo y deshacerme, pero aguanto, espero a llegar a casa. Y luego en casa no lloro porque tengo miedo de no ver el límite y cruzarlo.

Vine a escribir pero no puedo. Lo intento y no consigo nada. Pienso cosas y todas me parecen tontas. Todo lo que digo está mal y todo lo que hago está peor y no hay espacio de la vida que se me conceda. Tengo todo el tiempo la más honda vergüenza de ser yo y no sé por qué.

Hoy pensaba que ni siquiera tengo que cargar con nada. Que puedo simplemente irme y no cargar con nada. Pero a dónde. No hay sitio. Mis pasos caen profundo en la oscuridad.

Rachmaninoff será siempre lo amplio, un cielo que lo promete todo. Pero tal vez para mí ya no hay promesa ni cielo ni aire amplio ni cuerpo. Qué queda por salvar si ya soy nada.