Estoy perdiendo mi cuerpo y lo sé

Despierto y me pregunto si puedo dar un paso firme. No puedo. Lo sé incluso antes de poner pie en tierra. Lo sé porque me duele estar acostada, mover las piernas, que no soportan estar una contra la otra si duermo sobre mi costado. Me propongo salir a correr de todas formas para ver qué pasa pero me da miedo y no voy. Camino despacio al trabajo, le voy preguntando a mi cuerpo cuándo volverá.

Me lastimé al caer de la bici. Perdí la concentración y caí. Perdí la atención, dejé de vigilar, solté el control, dejé de cuidarme. Un segundo bastó. Grité pero nadie se acercó.

Cualquiera que haya padecido violencia sabe cómo es. Cuán lejos te parece que están tus pies luego de que te golpean. Qué poco que entra en tu cuerpo luego de llorar de miedo. Qué difícil es cada pequeño gesto mientras te recuperas. Qué vergonzoso es volverte a mirar después de que te violan. Un cuerpo que ya no es tuyo, que quisieras quitarte como un traje. Así. Un traje roto. Eso eres tú. Un rostro que reconoces en el espejo, eso ya no eres tú.

Hacía mucho que no me lastimaba. Pero siempre que me pasa me da miedo que una parte de mi cuerpo quede dañada por siempre. No es por el dolor. Es por la memoria. No poder olvidar nunca que soy frágil, que me rompo y me hiero, que la carne se abre, que algo entre mis huesos se derrama. Quiero siempre la fuerza y el vigor, que es decir la vida. Mi cuerpo actúa como un extraño y yo tiemblo. Busco una distracción pero no existe.

Mañana al despertar voy a buscar mi cuerpo. En el dolor o en la duda, en la voluntad. Lo busco para no estar sola. Espero encontrarlo, que tenga piedad, que vuelva. Suplico arrodillada ante mi cuerpo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.