I’m late, eso fue lo último que dijiste. Tienes, como yo, mal tino, Tino, para las últimas palabras. Y yo no dije nada. No contesté. Te miré un poco y luego entré a mi casa. Sonaba el Beggar’s banquet.
Todo lo que podía salir mal fue para mi buena suerte. Tus pasos como estampida me salieron a buscar al centro de tu casa, eso no lo olvidaré, tu salto desnudo al piso frío, al centro de todo, tu salto desnudo a la piscina vacía que es la soledad, pero no estabas solo, yo estaba escondida y te vi contemplar mi huida. Contuviste el aliento pero no dijiste nada.
Qué mal tino, Tino, haberte conocido justo ahora. Preferiría haberte encontrado dentro de un año y saber qué de nosotros es verdad. Voy a seguir escribiendo otras cosas para ver si adivino el camino donde nos encontraremos. ¿Será que nos encontraremos? Para qué preguntarlo, sé que sí. ¿Quiénes seremos entonces? Qué más da, Tino, hasta entonces. Hasta entonces qué más da.
