Que un niño no decida sobre su tratamiento hormonal — Por Adolfo Salani.

Desde hace unos años ya es común ver artículos y opiniones sobre la condición de transgénero en niños que todavía no alcanzaron su pubertad o los que la están atravesando. ¿Pero qué consecuencias puede llegar a tener la aplicación de medidas al respecto?

Comencemos clarificando una diferencia que es vital: la condición de transgénero o la idea pasajera. Cuando un niño/a dice ser transgénero, desde la perspectiva clínica se la toma como si de un adulto se tratara: el infante se siente genuinamente del sexo opuesto al cual sugiere su desarrollo biológico. La idea pasajera es algo distinto. Esto se da cuando la persona en vez de sentir lo mencionado anteriormente, tiene la convicción de que es transgénero, por la razón que sea, pero al pasar el tiempo, dicha convicción desaparece.

La medida que ha tomado más vuelo para tratar este deseo o convicción infantil es el procedimiento de suministración de hormonas que afecta de alguna u otra manera el desarrollo hormonal. Pero esta medida implica varios riesgos.

Para empezar, se debe estar seguros de que el niño es transgénero y no que es un estado pasajero de su psiquis. Esto se logra mediante análisis psicológicos y charlando con el infante para ver como expresa su sentir al respecto. Kristina Olson, profesora de psicología de la Universidad de Washington, es fundadora del proyecto TransYouth. Trabaja con niños trnasgénero a largo plazo, siguiéndolos desde cerca de que son pequeños hasta su adultez. Según ella, una de las maneras de diferenciar entre un niño que es transgénero y otro que atraviesa una idea pasajera, es prestar atención en su forma de expresarse. “Muchos de estos niños han sido persistentes y se han identificado constantemente acorde a su identidad de género. Ésta no es una etapa pasajera. […] Y principalmente, dicen “yo SOY esto.” […] Esa parece ser la diferencia en un niño al que le gustan las “cosas de mujeres” y uno que es transgénero.”

Además, existe el riesgo de la irreversibilidad. Si bien hay dos tipos de tratamientos hormonales de los cuales uno es reversible ya que lo único que hace es detener el desarrollo de la pubertad, el otro no lo es. Consiste en administrar hormonas para que el desarrollo hormonal de la persona sometida al procedimiento sea correspondiente al género que desea y no el que tiene desde que nació.

Este es el riesgo al que más atención hay que prestarle. Si bien el trabajo de Kristina está en progreso, su información adquirida dice que el 80% de los niños estudiados con disforia de género, vuelven a elegir el género con el cual nacieron. Dada esta cifra, lo más prudente es pensar en los niños primero. Hay que tener en cuenta que es una decisión que no tiene vuelta atrás, que el infante es plenamente consciente de que quiere vivir toda su vida de esa manera. Y llegar a ese nivel de certeza lleva mucho tiempo.

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