Crítica Literaria
Extraños llamando a la puerta, de Zygmunt Bauman
En su último libro, publicado semanas antes de su muerte, el filósofo polaco analiza el fenómeno de las migraciones masivas e invita a la reflexión sobre la crisis de los refugiados.

Título. Extraños llamando a la puerta
Autor.Zygmunt Bauman
Editorial.Ediciones Paidós
Género.Sociología
Páginas.112
Precio.$169
Publicación.10 de Noviembre del 2016
En “Extraños llamando a la puerta”, Bauman ahonda en un acuciante problema que, si bien no es una novedad, se presenta como un fenómeno generalizado cuya necesidad de ser (al menos) examinado resulta imperiosa: las migraciones masivas. El autor se centra en la problemática actual que Europa está atravesando, no para de recibir contingentes de desesperados refugiados, en un mundo cada vez más desregulado, se han transformado en una amenaza cierta. Esas migraciones han ido modificándose, y en la actualidad se le añade la situación en Oriente Próximo y Medio, la creciente lista de Estados “en derrumbe”, o de territorios que, a todos los efectos, son ya países sin Estado, y, por lo tanto, también sin ley, escenarios de interminables guerras primitivas e intransigentes.
El individualismo se ha profundizado, la falta de empatía con la otra persona hace que cada uno sea abandonado a su suerte, a quien se lo ve sobre todo como una amenaza. Estas actitudes conducen indefectiblemente hacia un terreno de desconfianza mutua, alejamiento y empeoramiento. La antigua fábula de Esopo de las liebres y las ranas, citada por Bauman, refleja una clara moraleja: la satisfacción de descubrir que siempre hay alguien que está peor que uno, destacando la situación individual por sobre la del otro. Las liebres eran perseguidas por el resto de las bestias, que no sabían dónde refugiarse, siempre se corrían. Un día vieron una tropilla de caballos galopando y se escabulleron hacia un lago, determinadas a ahogarse. Pero, justo cuando se allegaron a la orilla del lago, un grupo de ranas, asustadas a su vez por el acercamiento de las liebres, se escabulleron y saltaron al agua. Para los marginados que sospechan haber tocado fondo, el descubrimiento de otro fondo más profundo que aquel en que se encuentran es un acontecimiento reivindicante.
La sociedad suele ver a las oleadas migratorias como materializaciones del colapso de un orden que ha perdido la fuerza para mantener la unidad, que hacen advertir, y recordar lo que preferirían que desaparezca.
“Extraños llamando a la puerta” anticipa un tiempo arduo y lleno de obstáculos por delante. No traerá un alivio instantáneo a las angustias de la sociedad (creadas por el miedo del influjo de los extranjeros, presunta causa de la futura caída del salario y de las infinitas filas de gente, para una pequeña cantidad de puestos de trabajo). La humanidad está en crisis y no hay otro camino para salir de esa crisis que no sea la solidaridad entre los humanos. El primer obstáculo en el camino para salir de la mutua alienación es el rechazo al diálogo: el silencio que refuerza la autoalienación, la soberbia, la desatención, el menosprecio y la generalizada indiferencia.
