MANUEL MORA Y ARAUJO
“Tinelli candidato a Presidente, ¿por qué no?”
El prestigioso sociólogo, comunicador, periodista, analista de opinión pública, docente y consultor político contó intimidades sobre su profesión y analizó el complejo y decisivo escenario electoral de este año. Además, desde su sólida experiencia como asesor de presidentes y gobernantes nacionales e internacionales, nos contó sobre sus comienzos, su pensamiento y su mirada sobre la actualidad de la opinión pública y la coyuntura política.

“Yo soy como Pampita, hablo de todo menos de mi vida privada”. Con esta frase cargada de humor, Manuel Mora y Araujo, o “Manolo”, como todos lo llaman, marcó el clima de la conversación en su elegante departamento del aristocrático barrio de Recoleta, entorno que contrasta con su humildad y sencillez. Formado inicialmente en la Universidad de Bueno Aires (UBA) y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de Chile, continuó especializándose con grandes científicos e intelectuales en Europa y Estados Unidos, como Ginno Germani, Torcuato Di Tella, Peter Heinz, Johan Galtung, Irving Horowitz, Alain Touraine, Raymond Aron y Claude Levi Strauss entre otros. Cuando retornó al país, se hizo cargo de la Cátedra de Metodología de Investigación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la cual supo convertir en legendaria por su influencia en la formación de los sociólogos de la época. Mientras tanto, le ofrecieron diseñar y hacerse cargo de un Departamento de Sociología en Bariloche. Fue por esa época donde la UBA fue intervenida por el gobierno de facto de Onganía, lo cual lo obligó a tomar una decisión.
“Dije ‘chau, me voy’ (risas). Dejé todo y me fui a vivir y trabajar a Bariloche, donde había menos intervención del gobierno militar. Desde allí pude aplicar todo lo que había aprendido en materia de estudios electorales, de opinión pública y análisis político. Haberme ido a Bariloche en ese momento fue la única posibilidad que tuve, y me permitió volver a formar parte de ‘la movida’ Instituto Di Tella y muchos años después ser Rector de la Universidad Torcuato Di Tella”.
- Usted fue uno de los pioneros del estudio de la Opinión Pública en Argentina. ¿Qué diferencias encuentra entre las encuestas de esos comienzos y las de ahora?
Primero, había más rigor metodológico en aquel tiempo. Segundo, las encuestas ahora son un producto puramente comercial que se fabrica en serie; antes había tiempo para hacer todo bien: procesar, controlar, analizar. Tercero, creo que se ha aprendido bastante a sacarles el jugo como estrategias de comunicación para campañas electorales.
- Frente a un panorama en el que las encuestas parecen haberse convertido más en una herramienta de campaña que en un estudio que explica la realidad social, ¿los políticos demandan determinados resultados que necesitan dar a conocer y, a su vez, otros que reflejen una ponderación real de lo que ocurre con la opinión pública?
En cuanto a demanda de resultados, obviamente siempre les preocupó, pero ahora pasa que si a un político no le da bien la encuesta te dice “yo perdí por la encuesta”. Se transformó en una obsesión donde si la encuesta no te da bien estás perdido, lo cual es absurdo porque está demostrado que casi no tiene influencia en el voto. La encuesta no es una herramienta pensada para hacer pronósticos; el pronóstico es un plus de interpretación. Y sigo pensando que esta herramienta no es la apropiada para eso. Está pensada para entender la realidad. Para investigar. La encuesta es una radiografía de la realidad para entenderla. De ahí a decir lo que va a pasar… es otra historia. Se puede, por supuesto, pero con un margen de imprecisión muy grande. Y cuando se publica en los diarios se produce una ola de imprecisiones. Obviamente, muchos políticos, candidatos o gobernantes, suelen pagar encuestas donde está implícito que el resultado debe favorecer la estrategia política. Pero si, además de que no sirve para pronosticar el resultado de la elección, se manipula la encuesta, no hay investigación, no hay nada.
- En este escenario de comercialización de la actividad de consulta a la opinión pública, ¿cuál es para usted el factor clave que lo distingue en el trato con sus clientes ante tanta proliferación?
Sin dudas, la confianza. Con algunos tuve una confianza cercana a la del analista-paciente. Muy especialmente con dos personas donde la confianza iba más allá de lo profesional: Franco Macri y Daniel Scioli. Ambos valoraron mucho esa relación, al igual que yo. Cuando hablamos, uno se da cuenta, sabés que el tipo puede volcarse con vos enteramente. Pero, con ambos, en algún momento la relación se enfrió, por distintos motivos.
- ¿Ese vínculo tan cercano nunca lo influenció en su trabajo? ¿Qué pasó con ambos casos? Porque usted asesoró un largo tiempo a Daniel Scioli, en un vínculo parecido al que tiene hoy Jaime Durán Barba con Mauricio Macri, y las empresas de Franco Macri fueron clientes de su consultora.
Nunca una relación de confianza y cercanía sesgó mi trabajo, al contrario, porque eso te obliga a no aflojarte. Si lo hacés, no les sos útil. Cuando Scioli era vicepresidente y empezó a multiplicar sus actividades y pensar en la presidencia como proyecto se produjo un quiebre en la relación que teníamos. Antes, cuando solíamos tener reuniones privadas, a veces se integraba su psicoanalista, que estaba fascinado por la forma en que podíamos conversar las cosas. Pero cuando Daniel empezó a tener varios consultores, le empezaron a decir que haga una y otra cosa. Y a mí, con quien tenía esa relación de consejero de confianza, me quiso hacer sentar en una mesa a discutir con otros. Yo no acepté eso, le dije que yo no tenía nada en contra de nadie, pero que no tengo nada que ver con esa forma de trabajo. Con Franco tenía una gran relación, no sólo como cliente. Un día cuando finalizábamos la primera campaña de Mauricio en Boca, yo me encontré con Franco y le dije “¡Bien, ganamos!” Y él me respondió “¿Quiénes ‘ganamos’? Yo no gano nada”. Y ahí me di cuenta de la relación que había entre ellos dos. Después de ese episodio la relación con Franco comenzó a ser más distante.
- En su libro “El poder de la conversación” (2005), plantea que el discurso político se vincula con un tipo de conversación entre la política y la opinión pública donde se debe tener en cuenta a las distintas audiencias. ¿Cómo observa el comportamiento de la comunicación política en este aspecto en los últimos tiempos?
En los años 80–90 había un discurso único. Era difícil segmentarlo para distintos públicos. Por eso en ese libro insisto mucho con esa idea: segmentar, porque no todos son iguales; y además, no todos son alcanzables por el mismo canal. Si vos usas en la vida el mismo discurso que usás para la televisión, la gente no te va a escuchar nunca. Tenés que encontrar otra forma de transmitir el mensaje. Pero además pasa otra cosa: los consultores pasaron a tener más influencia. Hoy en día, mucho de lo que el político hace se lo dice o sugiere el consultor. Y los consultores son bastante más creativos, por más burros que sean, son bastante sensibles a esto.
- ¿Qué semejanzas y diferencias encuentra entre aquel análisis de su libro sobre “El voto peronista”, de 1980 donde estudia la composición del voto hacia adentro del electorado peronista y el voto peronista en la actualidad?
Muy pocas diferencias, pero si algo cambió yo diría que es, básicamente, el monopolio sobre el voto de las clases bajas que tenía el peronismo. De hecho, el macrismo ganó muchas intendencias donde hay mucha gente pobre. No digo que lo votaron todos ni mucho menos, pero empieza a haber este resquebrajamiento en el tipo de vínculo entre dirigentes locales y la gente. También influye la fragmentación del peronismo en términos de dispersar el voto. Pero, ¡ojo!: Una cosa es el voto peronista y otra es el aparato peronista: se puede convocar al voto peronista pero eso no implica hacer una alianza con el aparato.
- ¿Qué piensa de los candidatos “antipolítica” que ganan elecciones? Se supone que un candidato bien conocido en el electorado, con buena imagen y un poco de recorrido territorial puede reemplazar al político tradicional. Donald Trump se hizo conocido por su reality show. En este contexto, ¿sería extraño que se postule alguien como Marcelo Tinelli?
Claro, Tinelli candidato a Presidente, ¿por qué no? (risas). La verdad es que cuando las cosas están muy difíciles la gente va a recurrir a quien pueda, es así. De hecho (Néstor) Kirchner, cuando emerge, era visualizado como un hombre de la no política para la percepción de la gente. O sea que se está acentuando mucho esto de no elegir a un político de carrera. Y (Mauricio) Macri, que es percibido como atípico y apolítico, está en política desde hace mucho más tiempo que varios otros. Sin embargo, su discurso es diferente al tradicional.
- ¿Qué opina sobre la estrategia comunicacional del Gobierno? En la actualidad el marco discursivo es tan importante como los demás factores de gestión, ¿qué le aconsejaría a esta gestión en este sentido?
A juzgar por los resultados, mal no lo están haciendo. Porque hay cosas que están muy erradas en materia de gestión y la gente lo dice pero, pese a eso, al gobierno no le está yendo mal y quizás la estrategia comunicacional tiene que ver con eso. Si vos hablás con los encargados de la comunicación del gobierno, están convencidos de que el camino es ese. Personalmente no estoy tan convencido de que sea así. Pero si a alguien le va bien con lo que hace, lo sigue haciendo. Hay manejo de prensa, comunicación interactiva, interpersonal, hay mucha encuesta para saber en qué está pensando la gente. El principal asesor comunicacional de gobierno, Jaime Durán Barba, es un experto en combinar las encuestas con estudios cualitativos, y lo hace bien, muy bien. Aunque algunos no lo quieren, es innegable que lo hace muy bien. Y si tengo que opinar, creo que se tienen que cuidar un poco de la imagen que trasuntan: la del Macri indefinido, “y, todo puede ser… vamos a ver… hoy sí, mañana veremos… si no anda, lo cambio”. Hay un punto en donde hay que asumir definiciones. Basarse en las expectativas tiene un límite, no sólo con los electores sino también con los inversores. Está faltando comunicar lo que nosotros llamamos “estrategia de gobierno”. ¿Qué quiere para la Argentina? No se sabe.
- Quizás se aprovechan al “estirar” las expectativas porque no hay una demanda ciudadana que les exija…
¡Si la hubiera, estarían en la lona! (risas). Por supuesto, no tener demanda del pueblo es la única razón por la cual puede durar esto de no tener demasiados costos. Pero también tiene patas cortas. Podemos decir que es una estrategia que para el primer año, bajo determinado contexto, dio resultado. Para el segundo año, ya no tanto, y más porque es un año electoral, entonces es más complicado todavía.
NOTA: Entre la realización de esta entrevista y su publicación, Manuel Mora y Araujo falleció, el 26 de mayo de 2017.
