Reseña Literaria
Una travesía en torno a las dimensiones de la personalidad
En su libro “Demasiada Felicidad” (2009), Alice Munro vuelca todo su talento a partir de anécdotas en escenarios rurales y familiares que convierte en relatos profundos e inquietantes. Atrapa al lector de sus cuentos con una prosa aparentemente simple pero que despliega la complejidad moral de los temas que aborda. De esta forma, a través de temas triviales y con su tersa escritura, la llamada “Chéjov canadiense” enfrenta al lector ante algo propio que aparece reflejado en sus relatos.

Uno de los rasgos de la ficción de Munro es el fuerte enfoque regional de sus relatos. El Gótico sureño de Ontario es un subgénero en el cual las historias incorporan como elementos narrativos los factores sociales, religiosos, políticos y de raza, que configuran el estricto pragmatismo moral del sur rural de Ontario. La escritora nació en julio de 1931 en esa región de Canadá y fue distinguida con el título de Duquesa de Ontario, como ganadora en 2005 del V Premio Reino de Redonda, por su magnífica creación de personajes femeninos en apariencia corrientes pero de enorme multiplicidad.
“Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio de la personalidad humana”, afirmó Flannery O’Connor, una de las escritoras que influenció la obra de Munro. Quizás gracias a dicha influencia la autora canadiense explora en sus historias la complejidad de la condición humana a través de cuentos largos que tienen la profundidad y la estructura de una novela. Sin embargo, en sus cuentos no hay lecciones ni discursos, nos muestra personajes que atesoran un interminable catálogo de defectos pero no se coloca por encima de ellos, sino que abunda en sus matices y a través de la yuxtaposición de momentos plasma lo asombroso de esas vidas, cuyo fin es representar “lo humano”.

El montaje de escenas que utiliza la escritora para contar la dramática historia en “Dimensiones” se presenta como una combinación de narración y diálogo entre los personajes, cargada de minuciosas descripciones que atrapan al lector ya que se pone en juego lo sensorial, convenciendo por los detalles concretos. Munro demuestra su destreza para la tragedia con un manejo del tiempo magistral que devela poco a poco y mantiene el interés hasta el final. El orden de los acontecimientos se encuentra alterado: se presentan los hechos mediante flashbacks o saltos que aceleran el tiempo, por lo tanto nos encontramos frente a un constante ida y vuelta a través de la mezcla de los pensamientos de la protagonista con la realidad. Conocemos a Doree en su tercer viaje de visita a su marido preso en una institución, ¿Qué lo ha llevado ahí? La respuesta se teje a medida que esta mujer de 23 años rememora los sucesos desencadenantes de esta situación de la cual ella tampoco puede escapar.
Tener acceso a la mente de Doree, es la manera a través de la cual el relato nos permite entender cómo piensa, qué dice y qué oculta, las limitaciones de su pensamiento, sus miedos, sus culpas, sus dudas y sus inseguridades. Adentrarnos en la lógica de su raciocinio resignifica el porqué de la toma de sus decisiones o, en algunos casos, el motivo que la paraliza al momento de tomar decisiones. Desde la perspectiva de esta mujer se construye al resto de los personajes, pero también conocemos su personalidad asfixiada y marcada por un continuo arrepentimiento, enfocándonos no sólo en sus vivencias sino también en sus emociones y motivaciones. Sólo a través de la mirada de Doree podemos comprender su temor a ser juzgada por las personas que la rodean, tanto por su autoritario marido como por su vecina Maggie o por la señora Sands, a quienes miente constantemente.
A medida que la trama avanza, va tomando un sesgo cada vez más extraño, en el cual aparecen cosas casi fantásticas, dimensiones, que no terminan de encasillarse estrictamente en el plano psicológico de los personajes. Munro plasma la vida en todos sus matices de una manera en la cual el lector disfruta pero también queda intrigado cuando se abre la puerta del relato a un futuro más misterioso aún. Trata la violencia de un modo naturalista y necesario, como si lo más atroz fuera inevitable. Así, lo inevitable se presenta como lo normal y la normalidad con la que introduce lo brusco que cambiará la hoja de ruta de la historia sorprende al lector.
Todas las historias de Munro se construyen sobre la noción de epifanía, una suerte de revelación sobre sí mismos que alcanzan los personajes aunque ésta a veces permanece escondida para ellos y son los lectores los que la encuentran. Sin embargo, al esquema tradicional del cuento basado en el conflicto y la resolución, esta autora prefiere la irresolución, incluso cuando hay epifanías, por eso muchos de sus personajes ni siquiera se enteran de que han sido tocados por el gesto redentor. Esto genera la sensación de que los cuentos no acaban: no es que sus finales sean abiertos o inesperados, sino que sus protagonistas siguen su camino, como si se convirtiesen en un punto que lentamente se funde con el horizonte.
En el caso de la protagonista de “Dimensiones”, las distintas aristas que conviven en la consciencia de esta madre confusa y destruida mientras intenta atravesar el duelo de haber perdido a sus hijos parecen converger en el momento en el que la casualidad la redime abriendo un resquicio de esperanza. Doree pasa de una sensación de fatalidad, de sumisión, de que su destino era obedecer a su marido Lloyd, a asumir que ella hace una elección en su momento, de la cual se arrepiente y, entonces puede empoderarse para volver a tomar decisiones por su cuenta.

No sorprende que en 2013 Alice Munro fuera galardonada con el Premio Nobel de Literatura, ya que es aclamada por la narración de sus historias, caracterizada por la claridad y el realismo psicológico. Sus cuentos, con representaciones de acontecimientos cotidianos que engloban problemáticas morales, son originales ya que consiguen trascender las teorías básicas del género.
