
Expresión facial en animación
Artículo de investigación sobre la teoría de expresión facial para la producción de animación. Publicado en Moushon! N° 15, julio de 2014.
La animación es un lenguaje audiovisual que tiene características muy particulares y muy distintas a las del cine en vivo. En este medio artístico podemos encontrar tanto las cualidades estéticas de las artes visuales (como color, textura, iluminación, valor, etc.), como aquellas relacionadas con el sonido y la música, las del teatro y las del cine, todas atravesadas por la narrativa y el simbolismo. Sin embargo, en esta amplia sumatoria de elementos, surge una nueva cuestión que es específica de la animación: la expresividad en movimiento.
Un actor actúa desde su práctica y teoría, pero también desde su intuición y su experiencia como ser humano que se mueve y se expresa. Un animador, por el contrario, debe trasladar esta experiencia y estos conocimientos a un plano externo a su cuerpo, ya sea un dibujo, un muñeco de stop motion o una animación digital. Por este motivo, el estudio del movimiento y la transmisión simbólica de estos movimientos, son temas que atañen a los animadores desde el origen de este arte.

Expresiones espontáneas, deliberadas y simbólicas
En la animación figurativa, en la que se representan personajes -sean humanos o no- que realizan acciones y expresan sentimientos, los animadores deben recurrir a diversas técnicas para que la comunicación al espectador sea efectiva. Como seres humanos, cuando vemos un personaje animado que expresa emociones con el cuerpo y con el rostro, identificamos los significados de esas expresiones a partir de códigos universales inconscientes. Pero, ¿qué es lo que distingue una expresión sincera de una falsa? ¿Una naturalista de una sobreactuada?
Distintos teóricos han desarrollado hipótesis según las cuales podría decirse que existen tres tipos de expresiones faciales: expresiones espontáneas, expresiones deliberadas y expresiones simbólicas o artísticas.

Las expresiones espontáneas, como indica el nombre, son aquellas que surgen inmediata e inconscientemente como una reacción sincera a un hecho. Las deliberadas, en cambio, son aquellas que decidimos expresar para comunicar algo. El tercer tipo, las simbólicas, son más bien propias de la comunicación artística, y son las que se ven principalmente en animación.
Es necesario aclarar que la efectividad de la comunicación o la empatía que esta puede generar en el espectador no tienen ninguna correlación con el realismo del diseño del personaje. Un personaje con un diseño muy básico (ya sea simplemente dos puntos para los ojos, cejas y boca), puede ser mucho más expresivo que un personaje complejo y naturalista pero con una animación poco lograda. También es necesario aclarar que la expresividad no se logra sólo a través de los gestos faciales, sino que también es muy importante la expresividad corporal, así como los otros elementos cinematográficos que componen la producción en cuestión (iluminación, música, fotografía, etc.), o las voces y diálogos. Sin embargo, la expresividad facial no deja de ser una de las formas predominantes en la comunicación humana.

Códigos faciales
El Sistema de Codificación de Acción Facial, elaborado por Paul Ekman y Wallace Friesen, es un sistema que distingue los distintos movimientos componentes de las diversas expresiones faciales. Así, dependiendo de los músculos que se contraen o relajan, puede analizarse una expresión y puede saberse, por ejemplo, si una sonrisa es sincera o fingida. Lo más curioso, para este caso, es que muchas de las expresiones espontáneas no pueden imitarse forzosamente. El mismo Charles Darwin, estudiando la expresividad en humanos y animales, dijo que los humanos podemos automáticamente distinguir las expresiones espontáneas de las deliberadas, ya que estas no sólo son comandadas por distintos sectores del cerebro, sino que son realizadas por distintos músculos y se ven notoriamente distintas. Inconscientemente, siempre sabemos si una expresión es espontánea o deliberada.
En la animación, las expresiones espontáneas son muy bien recibidas por la audiencia, al mismo tiempo que generan mayor empatía y conexión con el personaje en un nivel inconsciente. Las simbólicas, por su parte, son fácilmente comprensibles por todos y trascienden las diferencias culturales, al mismo que son muy prácticas para transmitir expresiones a nivel consciente. Las expresiones deliberadas, por último, también pueden ser incluidas en la animación, siempre que el animador comprenda su funcionamiento, para dar profundidad psicológica al personaje y transmitir a la audiencia sus intenciones.
El valle inquietante
La recepción de la expresividad en animación no es igual que la del cine vivo. Esto se debe a un fenómeno llamado the Uncanny Valley o el valle inquietante, desarrollada por el especialista en robótica Masahiro Mori, en 1970, según el cual se genera cierta aversión o rechazo a las entidades que se ven y se comportan como humanas, pero no del todo. Es por esto que, en animación, las expresiones y gestos demasiado naturalistas en personajes no naturalistas (o, del mismo modo, los personajes con un diseño demasiado naturalista), pueden resultar chocantes, mientras que las expresiones exageradas, del tipo que sean, son mejor recibidas por los espectadores.

Corrientemente, los animadores usan métodos teatrales de actuación para animar las expresiones de los personajes. Muchas veces es una gran ayuda la utilización de espejos o el registro fílmico de las actuaciones como una gran referencia a la hora de animar. Aún usando estos métodos, también es importante conocer la teoría detrás de la expresividad y conocer cómo recibe el público estas acciones realizadas por entes no-reales.
El diseño de personajes
Un factor muy importante para crear una animación expresiva es tener en cuenta el diseño de los personajes. Como dijimos anteriormente, no es necesario que un personaje sea naturalista o complejo para generar una mejor respuesta empática en los receptores, pero es necesario tener en cuenta con qué elementos se cuenta para expresar emociones con el rostro. Un personaje sin cejas, por ejemplo, carece de un gran recurso de comunicación, por lo que deberá valerse de otros medios. Otro elemento clave en animación son los ojos y, especialmente, los párpados, tanto superiores como inferiores. Finalmente, la boca es uno de los elementos que más comunican, por fuera incluso de su rol como lugar de origen de los diálogos.

Conocer para expresar
Como conclusión, podríamos decir que es necesario tener en cuenta, a la hora de animar personajes con cualquier técnica, los distintos aspectos del comportamiento humano. Por suerte, muchos se han dedicado a estudiarlos y por eso hoy podemos nutrir la práctica de la animación con teoría de diversas áreas.
A la hora de representar la expresividad facial, es necesario saber cómo leerá el espectador lo que produzcamos, de forma de poder generar la mayor empatía, o rechazo, miedo, comprensión, o lo que sea que desee generarse. La palabra clave, en este caso, es efectividad. Conociendo los recursos prácticos y teóricos que podemos manejar, estamos más cerca de generar una comunicación efectiva, y ese es uno de los principales desafíos de la animación.

Referencias bibliográficas
Buchanan, Andrew. 2007. Facial Expressions for Empathic Communication of Emotion in Animated Characters. En Animation Studies — Animated Dialogues.
Darwin, Charles. 1872. The Expression of the emotions in Man and Animals. New York, Oxford, University Press.
Ekman, P. y Friesen, W. V. 1978. Facial Action Coding System (FACS): a Technique for the Measurement of Facial Action. Palo Alto, CA, Consulting Psychologists Press.
