
Músicos platenses en la era digital: “Matamos a las discográficas pero creamos otro monstruo”
Los que quieren vivir de la música apuestan por los shows en vivo y las ventas digitales, pero mantienen el CD como reliquia fetichista.
Hasta hace poco, el sueño de cualquier banda era tener editado su propio disco, con una cajita bien diseñada y, quizá algún día, verlo en las góndolas de una disquería. Hoy las disquerías cierran o se pasaron a la venta de electrodomésticos y las bandas sueñan con estar en Spotify, ya que los últimos datos dicen que en Argentina ya se vende más música en medios digitales que en CD.
Entrevistamos a músicos platenses de ambientes variados y trayectorias muy distintas para preguntarles cómo ven la industria de la música y cómo los músicos pueden vivir de su arte en la revolución digital que nos atraviesa.
Nuevos medios, nuevos intermediarios
En sus diez años de trayectoria, la banda platense Caracol a Contramano editó tres discos. Sin embargo, en la actualidad comienzan a materializar las ventas de sus canciones de otra forma. Al igual que muchas bandas, se dieron cuenta de que hoy la audiencia más grande está en plataformas como Spotify y Youtube. El problema, según lo ven, es que todavía hay muchos intermediarios hasta que la plata llega al bolsillo de los artistas.
“Hay un mundo donde las plataformas digitales son redituables, pero no terminaron de matar al intermediario”, lo resume Luciano Menez, bajista y uno de los fundadores del grupo. Así como antes estaban las discográficas, ahora hay compañías que se encargan de manejar el contenido de las bandas en ascenso. Estas empresas, como Limbo o Lanzadera Music, hacen el multilanzamiento de los álbumes en Spotify, Amazon, Apple Music, Youtube, y otras plataformas.
La cantante y compositora Leticia Carelli es de una generación que — aun joven — se siente perdida con estos cambios. “La circulación de la música, hoy en día, no la termino de aprender — cuenta — . Creo que todavía vendo más discos físicos que por internet, pero no puedo estar segura, porque el ingreso de ventas digitales lo veo cada seis meses. Es novedoso, intangible y aún no me consta. Ni siquiera me encargo yo, sino otros”.
A cambio de una comisión, estos ‘gestores digitales’ manejan todo el tráfico de escuchas y liquidan los ingresos a los artistas. “No es la mejor herramienta — aclara Luciano, de Caracol a Contramano — , pero es muy útil para bandas en crecimiento. Hay toda una burocracia de las plataformas de música, regulaciones locales y entidades como SADAIC y AADI-CAPIF que hacen que sea imposible no caer en un intermediario. Matamos a las discográficas pero creamos otro monstruo”.
Harry Rodríguez, director de orquesta, compositor freelance y guitarrista, está de acuerdo con esto: “Es prácticamente imposible que un artista de cualquier nivel viva de regalías y hay una gran barrera burocrática que evita que uno perciba dinero por lo que hace. Yo tengo registradas miles de cosas en SADAIC. Algunas han salido en televisión y han pasado por cines, pero yo nunca recibí un peso, siempre por distintas trabas burocráticas”.
Las grandes discográficas, ese “viejo monstruo”, saben adaptarse a los nuevos tiempos. Si bien las plataformas digitales captan gran parte de su mercado, apuestan por firmar contratos con muchos artistas prometedores, y ver el beneficio en todos los formatos.
“En la época de oro del CD, en un contrato bien negociado, una discográfica le daba al artista un 16%, del cual se descontaban los adelantos”, explica Harry. “Hoy en día hay mucha más presión sobre el bolsillo del artista. Es mucho más difícil que alguien viva de vender lo que produce”, agrega.
El CD: de medio de reproducción a objeto de colección
Para los músicos que empezaron a consumir música en los 90, como los miembros Caracol a Contramano, el disco físico todavía tiene un valor. “Quizá está cerca del fetiche o del valor emocional — admite Luciano Menez — , pero cuando no estás en La Plata es importante para la difusión”.
Cuando Leticia Carelli formaba parte de la banda Monoaural, vivió la experiencia de sacar dos discos, uno en 2008 y el otro en 2010. Como solista editó otros dos, en 2014 y 2016. “De Adicto, mi último disco, editamos solo 300 unidades — cuenta la artista — . El disco es algo casi para fanáticos, pero nos gusta ese folklore, aunque ya no tiene el mismo sentido. Su finalidad no es otra más que sostener ese rito”.
Matías Mugetti, músico y publicista de 26 años, tiene una banda con otros tres jóvenes platenses llamada Pulpo. Todavía no salieron a tocar en vivo ni editaron ningún álbum, pero tienen los temas listos para hacerlo. Además, ensayan y componen con constancia hace más de un año. Aunque aseguran que las bandas viven de los shows en vivo, sueñan con sacar un disco “con caja y todo”.
“Para nosotros — cuenta Matías — , el arte de tapa, el concepto, la experiencia de abrirlo y leer las letras mientras se escuchan las canciones es parte del ritual”. Igualmente, los chicos de Pulpo planean subir todo a internet para que los que quieran lo escuchen por ese medio. “Si lo escucha alguien”, agrega, entre risas.
Harry Rodríguez cree que los medios físicos se están convirtiendo en “una especie de fetiche”. Dice que el CD no es el único caso: “Ahora, por ejemplo, está de moda de nuevo el vinilo, por todo el ritual que implica”. Pero el centro de la discusión sobre el CD es que no solo es un cambio en un formato, sino un cambio de concepto.
Cuando antes un artista pensaba en un conjunto de canciones, hoy piensa en temas. Luciano Menez, de Caracol a Contramano, asegura que la manera de escuchar música cambió: “Las plataformas digitales te ofrecen una ‘lista de reproducción’ y no un disco. El disco como concepto creado por el artista está en jaque, y las figuras de los singles y de los EP cortos toman cada vez más protagonismo”.
Harry Rodríguez coincide: “Hoy prima la canción individual por sobre el álbum. La gente va a los tres minutos que quiere escuchar, sin tener que pasar por el resto del disco”.
Recitales: vivir del vivo
A pesar del esfuerzo por capitalizar el trabajo en los nuevos medios, el objetivo principal de las plataformas como Spotify no es la plata, sino la difusión. “El ingreso de las bandas es y seguirá siendo sus presentaciones en vivo — dice Luciano Menez — “estas plataformas son estrictamente necesarias para que te vaya bien en tus presentaciones en vivo”.
En La Plata, sin embargo, esto no es particularmente esperanzador para los que recién empiezan. Con la gran oferta de bandas que hay dispuestas a tocar gratis (¡o incluso a pagar para tocar!), son pocos los que ponen un valor monetario al trabajo de los músicos.
Hay pocos bares como La Mulata Bar & Arte, centro icónico del blues, el jazz y el rock de la ciudad, donde prima una curaduría consciente de la música que se expone en vivo. Además, no dudan en pagar por el trabajo de los artistas. Según la visión de sus fundadores, los hermanos Vallejos, lo que hace que tengan el éxito y una trayectoria de más de 17 años es la calidad y el estilo de la música que ellos disfrutan y que comparten con el resto.
Otro ejemplo es el de espacios culturales emergentes, como La Rosa China. En esta vieja casona en el barrio de Tolosa, el arte urbano se musicaliza con pop electrónico de bandas locales e invitados de Buenos Aires. “Elegimos las bandas y los artistas sobre un piso de calidad y con un criterio definido — cuenta Juan Guaresti, uno de los fundadores — , porque la gente que viene quizá no los conoce, pero saben que van a ser buenos, y que van a ser del estilo que les gusta”. Si bien el caché que ofrecen no es muy alto, los músicos pueden ver que su trabajo es valorado y recompensado.
Freelancers: ser músico desde casa
“Vivir de la música es cada vez más difícil y cada vez más fácil — reflexiona Matías Mugetti, de Pulpo — . Es difícil vivir de tu arte, pero es cada vez más accesible hacer trabajos freelance. Muchos productores, cineastas y creadores de contenido compran la mano de obra compositiva de Argentina, porque tiene muy buen nivel y es muy barata. Gracias a la tecnología, componer y producir se puede hacer en tu casa, con poca plata”.
Harry Rodríguez es un joven músico multifacético que recientemente ganó una beca para irse a estudiar en Barcelona. Hace esto del ‘freelancing’ (el trabajo remoto para clientes de todo el mundo) desde hace varios años. Compone música para videojuegos, publicidades, películas y para otros músicos. Con plataformas como Upwork, puede ofrecer sus servicios a clientes de todo el mundo. Si bien es una modalidad que requiere mucha autodisciplina y constancia, le permitió cubrir el alquiler de su departamento, todos sus gastos e incluso ahorrar, durante ya algunos años.
Pero pese a que Harry Rodríguez es freelance, su título de la Facultad de Bellas Artes dice que es director orquestal. Como muchos músicos (clásicos o no), se encontró a medida que avanzaba su carrera con que las posibilidades laborales en el campo de la música son limitadas. “El problema para ser director de orquesta es que hay pocas orquestas en el país y los directores se aferran mucho a sus puestos, lo que es entendible”, explica. La vida freelance, por suerte, le ofreció mucha menos resistencia.
Bonus track: La música de las ventas
Tanto a nivel mundial como en Argentina, las ventas digitales de música superan a los CD. En nuestro país esto pasa desde el año pasado, en el que se vendieron 263 millones de pesos en CD y más de 400 millones en plataformas digitales. A nivel mundial, este mismo fenómeno se dio en el 2015, cuando las ventas digitales de música llegaron a 6,7 miles de millones de dólares y las ventas en formatos físicos llegaron a 5,8.
Si bien es esperanzador, cabe aclarar que el aumento de las ventas digitales todavía no compensó la caída de las ventas físicas. La recaudación total de la venta de música, en los últimos 10 años, se redujo en más de un 50% en nuestro país.
En este gráfico podés ver cómo fue la evolución de ventas físicas y digitales en el período 2006–2016 en Argentina. La esperanza de todos los músicos es que esa última melodía siga ascendiendo para llegar a notas cada vez más altas. Si esto pasa, vivir del arte en la era digital va a ser una posibilidad cada vez menos virtual y cada vez más tangible.
