Nobleza Gaucha
La representación del gaucho en los orígenes del cine nacional

“Y mientras domaban unos,
Otros al campo salían,
Y la hacienda recogían
Las manadas repuntaban,
Y ansí sin sentir pasaban
Entretenidos el día”
Martín Fierro, versos 187–198.
Abstract
El siguiente trabajo pretende retratar la configuración de las representaciones del gaucho en Argentina a principios del siglo veinte, haciendo énfasis en una de las primeras producciones cinematográficas realizadas en el país, la película Nobleza Gaucha, dirigida por Humberto Cairo, Ernesto Gunche y Eduardo Martínez de la Pera. Partiendo de esta obra como objeto central de nuestro trabajo, intentaremos rastrear la concepción y representación del gaucho presente en la misma, adentrándonos previamente en las representaciones previas que dieron paso a las del momento, sobre todo en el campo pictórico. Finalmente, repasaremos brevemente la repercusión de la obra y su influencia en obras cinematográficas posteriores.
Introducción
La película Nobleza Gaucha, dirigida por Humberto Cairo, Ernesto Gunche y Eduardo Martínez de la Pera, fue estrenada en el año 1915, siendo así uno de los primeros largometrajes producidos en el país. Esta obra fue un suceso en cuanto a recaudación y repercusión. El éxito, sin embargo, no fue inmediato, sino que se concretó con la decisión de los realizadores de incluir en las placas de texto fragmentos de los poemas Martín Fierro y Santos Vega. La trama consiste en la historia de un gaucho, Juan, quien trabaja en una estancia para un patrón opresivo y malicioso. Juan es un gaucho trabajador y honrado, y casualmente se enamora de una paisana, María, a quien salva de un caballo desbocado, demostrando sus habilidades en la cabalgata. Durante un baile al que concurren todos los lugareños, incluido el amigo italiano del protagonista, Don Genaro, con su mujer, María es secuestrada por el patrón de la estancia y llevada a la gran ciudad. El gaucho Juan, al enterarse del secuestro, sale en rescate de su amada, persiguiendo al villano hasta la ciudad de Buenos Aires, donde se disputa una pelea en la que el gaucho sale victorioso. La trama concluye cuando, nuevamente en el campo, los dos personajes vuelven a confrontarse, y el malvado patrón muere cuando desbarranca su caballo.
La representación de los diversos personajes que se construyen en la película (el gaucho, la paisana, el patrón, el extranjero), forma parte de una concepción de la época, y contribuye a su vez al objetivo de los intereses generales de la construcción de una identidad nacional. El mismo gaucho que alguna vez fue caracterizado como un personaje negativo, mezquino, de carácter esquivo y moral dudosa, ahora se presenta como un héroe de valores caballeros, inquebrantables. Es precisamente el recorrido en las diversas representaciones que fue necesario para que esto sucediera lo que analizaremos en este trabajo.

El éxito de esta película de género gauchesco fue tal que su estreno se extendió a otros países además del nuestro. Además de esto, probablemente fue la impulsora de una gran cantidad de películas de características temáticas similares. En ella se construyeron las imágenes de la vida rural para los habitantes urbanos, y se terminó de asentar al gaucho como figura clave de la identidad nacional, respondiendo a procesos y mecanismos que venían funcionando hacía décadas. A su vez, en el film se muestra la contraposición marcada entre el ámbito rural y el ámbito urbano. Por un lado, permitió dar a conocer las costumbres del campo a los citadinos, y por otro lado se transformó en una producción de denuncia de las condiciones del trabajo rural.
Como veremos, Nobleza Gaucha se transformaría en referente y paradigma de la imagen gauchesca tanto en las producciones nacionales como en las internacionales, y abriría una nueva etapa en los mecanismos de conformación de la identidad argentina, a través de la construcción de estereotipos nacionales y de un escenario rural que identificara al país, culminando los procesos comenzados en el mismo género por la pintura, la literatura y la fotografía.
Recorrido por las representaciones del gaucho en pintura del siglo XIX
Previamente a la representación en fotografías y cine, el gaucho fue construido como imagen en la pintura. En sus comienzos, su representación estuvo ligada a lo que llamaríamos criterios de “usos y costumbres”, haciendo especial énfasis en las vestimentas y prácticas típicas. Aún hoy en día se puede ver el peso de estos elementos en su construcción. En las representaciones del siglo XIX, hasta fines del mismo, podemos notar la construcción de este sujeto como una otredad, con todo lo que ello conlleva. Es a fines de siglo cuando el proceso identitario que guiaba este discurso virará hacia una posición criollista, buscando incluir al gaucho como parte de la identidad nacional.
Primera representación: la mirada orientalista
Posteriormente a la Independencia, se constituyó como urgente la necesidad de que cada Nación perfilara su identidad, por lo cual al tiempo que se desataron los lazos de la presión que sujetaban las sociedades criollas a la metrópolis, quedó pendiente el problema de quienes serían los grupos encargados de pacificar y organizar los territorios. Con el paso del tiempo las tensiones entre grupos sociales diversos su tradujeron en la dicotomía campo-ciudad, donde esta última por un momento pareció verse al azote de las formas de vida rural. Aún luego, con el campo como perdedor de la batalla ante los ilustrados porteños, pervivió cierto resentimiento y persecución, ya que lo que no había agotado la “aguda percepción de que representaban [el campo y la ciudad] dos formas distintas de vida”. La prédica negativa sobre la imagen del gaucho como uno de los sujetos principales de este mundo rural fue acompañada por las representaciones pictóricas de europeos que, portando el bagaje de su concepción del “otro” como el oriental, árabe, bárbaro, ajeno a la moralidad cristiana, aportarían a esta construcción dicotómica. Por lo tanto, el carácter de su impronta, tomado por Amigo, tiene que ver con su mirada e interpretación orientalista de este tipo rural.

La operación que se lleva a cabo en estas realizaciones, según Amigo es la de “convertir la figura [del gaucho] en un tipo conceptual”. El primer actor en este proceso es Monvoisin, cuyo único sistema de representación para la figura del otro, es el orientalista. Gauthier, por su parte, bajo la probable influencia del Facundo de Sarmiento, del que toma los términos “Gaucho Cantor” y “Gaucho Malo”, representa uno de estos tipos, que en el texto mencionado era asociado explícitamente con los árabes. Esta asociación hace referencia al agrupamiento de los individuos es torno al cantor, y es esta imagen la que realiza Gauthier en su pintura. Finalmente, Palliére hace continua referencia a las similitudes entre los pobladores rurales del territorio argentino con los árabes o beduinos. Lo hace desde sus comportamientos, formas de vestir, su aspecto físico e incluso define a los habitantes de Santiago del Estero como “de tipo egipcio”. Así, realiza una analogía constante entre el gaucho y el árabe.
Amigo y Altamirano se han encargado de analizar y estudiar las transposiciones orientalistas en la escritura de Sarmiento. El motivo del gaucho cantor, alrededor del cual se reúnen los pobladores, es comparado en el Facundo con la misma costumbre en los árabes. Por tanto, esta imagen se construye el “otro” desde una mirada externa, introduciendo al espectador en la intimidad de la vida cotidiana de este sujeto local, quien en la mirada eurocéntrica de la época era asociado con aquellas otras figuras que, hasta el momento, constituían la otredad. En este caso, el oriental, el árabe. A su vez, la representación de una imagen en la que se muestra al gaucho en un momento de ocio, de divertimento, es parte de esta construcción del tipo social, que se realiza no sólo desde una enunciación de las características, sino desde un punto de vista moral. El ocio se opone a la virtud cristiana, de esta forma se lo separa esencialmente del sujeto occidental.
No fue sino hasta fines del siglo XIX que esta construcción del gaucho como figura perseguida por la ley por perezosa y traicionera, lindante al delito, culminó para dar origen a la imagen del “gaucho bueno” como héroe nacional, constitutivo de la identidad criolla.
Resumiendo, podemos decir que la construcción de la figura del gaucho hasta fines del siglo XIX en pintura responde a una concepción políticamente negativa, pero con un aspecto romántico, rescatado por los artistas, quienes asocian esta imagen a la imagen del oriental por ser su bagaje conceptual respecto al “otro”. Esta asociación, por lo tanto se basa en la oposición como estrategia principal de construcción del yo nacional, en tanto antes de cualquier señalamiento de características personales o invocación de tradiciones precedentes de las cuales esta identidad nacional se declararía deudora, permanece como primer arrebato señalar la presencia de lo foráneo, y más exclusivamente, la barbarie local como una especie de foraneidad.
Segunda representación: la mirada criollista
Más adelante, siguiendo cambios políticos y económicos, esta imagen necesitaría ser reconstruida en el intento de acopio de una tradición, en un aspecto ahora positivo y lindante en lo folclórico, lo que confirma la correlación entre interés político y construcción del tipo social. Los artistas, al fin y al cabo responden consciente o inconscientemente a estos intereses al ayudar a construir la imagen del gaucho que les es presentada.
La primera representación de carácter orientalista se realizó a través de la sistematización de los “atributos” del gaucho una especie de codificación a partir de los objetos y sobre todo de las vestimentas. Este mismo recurso sirvió del mismo modo para el discurso criollista de principios del siglo XX, como podemos ver en la misma película Nobleza Gaucha, donde los elementos típicos y característicos del gaucho se hacen presentes y se destacan en su actividad ante el espectador. Ejemplo de esto es el caballo, las vestimentas típicas, el facón, el mate, el lazo, etc.
Una gran diferencia entre estas dos formas de representación que se sucedieron fue la selección de escenas ociosas, en un principio, y la posterior asociación del gaucho con la actividad. Este recorte supone la construcción de los valores del sujeto gaucho en relación al trabajo y cómo en la primera formulación despectiva el mismo era asociado con la vagancia y la pereza, mientras que luego buscó resaltarse su valor productivo y moral. En Nobleza Gaucha el gaucho representado se asocia con la actividad productiva, el trabajo de campo, el arreo, la doma, la habilidad con el caballo. Escenas como juegos, riñas o carreras no forman parte de esta constitución del sujeto. El único momento en el que una escena de ocio es representada es el momento del baile, al que acuden todos los lugareños, en el que se ejecutan danzas típicas de la época.
La codificación de los elementos característicos del gaucho, en la representación del mismo como parte de la identidad nacional de principios de siglo, toma forma de estereotipo. Si bien ya no se busca representarlo como “lo otro”, su identificación y consumo debe estar sistematizado a través de los elementos característicos y fácilmente reconocibles.
Como evidencia el éxito y la enorme aceptación de la película en la cual nos estamos centrando y el amplio consumo de postales y literatura gauchescas, podemos decir que en torno al Centenario la iconografía de este tipo se asimiló al discurso patriótico popular. Aún así, el fenómeno criollista ya venía gestándose en décadas anteriores.
Las abundantes representaciones pictóricas del gaucho se sumaron, a fines del siglo XIX, al éxito literario de Martín Fierro, Juan Moreira y Santos Vega, junto a una fotografía de iconografía gauchesca consolidada. Con el advenimiento del cine y su llegada al país, fue inminente la representación del gaucho en este nuevo medio. El cine, como ya lo había hecho la fotografía, recrearía el universo gauchesco, incluyendo elementos ficcionales. Durante la primera década del siglo XX, se produjo un proceso de masificación de la imagen del gaucho, siendo así que para 1910 “la imagen gauchesca ya estaba consolidada como estereotipo de la nacionalidad”. Nobleza Gaucha y las producciones cinematográficas gauchescas que le siguieron continuaron este proceso sobre una base consolidada, con la representación del gaucho como objeto fijo de consumo y el campo como escena nacional.
La representación del gaucho en Nobleza Gaucha
En la película Nobleza Gaucha la representación del gaucho, por el género mismo de la producción, es central. El personaje principal, Juan, es un gaucho trabajador, hábil y honrado. De acuerdo a las características que se construyeron sistemáticamente en los procesos descriptos anteriormente en torno a este tipo rural, podemos referirnos a los distintos elementos, materiales e intangibles que lo caracterizan y que lo estereotipan como tal.
Para empezar, los atributos típicos del gaucho se hacen presentes en la película, siendo funcionales a la imagen gauchesca. El caballo, como compañero característico de la figura del gaucho, como extensión misma de su ser, se hace presente aquí en gran parte de las escenas en las que transcurre la acción del protagonista. Las vestimentas, a su vez, son las características, al mismo tiempo que el facón y el lazo, elementos que se ven implicados directamente en la acción, tanto en la actividad laboral del personaje como finalmente en las confrontaciones con el villano de la película.
La actividad del gaucho, en su aspecto positivo es presentada al comienzo del film, durante la presentación de los personajes. Esto se inscribe dentro de esta mirada criollista que opone al gaucho trabajador con el previamente construido gaucho ocioso.

Finalmente, los valores morales del sujeto resaltan en diversos momentos de la trama. La honestidad, honradez, valentía, compasión y fidelidad son los distintos valores morales tradicionales que se expresan en el personaje, en su adopción del papel del héroe clásico caballeresco. El gaucho representado en esta producción, por lo tanto, es una figura positiva, que cumple su rol en la sociedad, al mismo tiempo que respeta sus principios por sobre la opresión del poderoso, y defiende la honradez de su amor sin dejar de ser piadoso frente al enemigo.
Esta construcción se condice completamente, por lo tanto, con la visión adoptada en la época, en la que este gaucho estereotipado comienza a confundirse con un héroe caballero, como parte de una identidad nacional que, quizá por causa de las nuevas grandes oleadas inmigratorias, toma a su vez tradiciones literarias foráneas y motivos como el de la damisela en peligro, el rescate y la persecución que ya previamente hemos visto en las representaciones pictóricas de las “cautivas” secuestradas por los indios. Así mismo, se constituye la tradicional dupla héroe-villano, en la cual los valores de ambos personajes son completamente opuestos y previsibles.
Representaciones posteriores del gaucho en el cine
Debido al gran éxito y consumo de las producciones gauchescas tanto en la literatura, como en la fotografía, pintura y el cine, el género gauchesco tuvo una gran multiplicidad de repercusiones a lo largo del siglo XX. En el cine nacional de principios de siglo, una gran cantidad de films fueron estrenados, quizá aprovechando el suceso que generó Nobleza Gaucha en las taquillas argentinas. Entre ellos podemos mencionar a Juan Moreira, Gabino el Mayoral, Ensalada Criolla, Santos Vega, El Matrero, El Último Centauro, e incluso un remake de Nobleza Gaucha del año 1937, escrita por Homero Manzi.

En el ámbito internacional, las representaciones gauchescas también tuvieron cabida, mostrando también así la repercusión del estereotipo que se generó en nuestro propio país. En el año 1927, en Estados Unidos, se estrenó una película de características similares a Nobleza Gaucha y otras mencionadas, llamada “The Gaucho” en la que se repite la figura del gaucho héroe y de la damisela, si bien en esta película los valores morales no representan a un gaucho “bueno” sino más bien a un anti-héroe al estilo western.
Un año después en el mismo país se estrenó el segundo corto animado de Mickey Mouse, de Walt Disney, como parodia a la película The Gaucho. Esta probablemente sea una de las representaciones de género gauchesco más importantes a nivel internacional, por su valor histórico. Él, Mickey Mouse representa un gaucho que cabalga un avestruz, y rescata a Minnie, quien es secuestrada por un malhechor.

Posteriormente, en el año 1942, Disney volvió a representar al gaucho, esta vez en el personaje de Goofy, en un corto llamado Gaucho Goofy, en la que se caracteriza muy gráficamente al gaucho y sus elementos típicos, como las vestimentas, herramientas, bailes, comidas, bebidas, etc. En ese mismo año, en Argentina se estrenó La Guerra Gaucha, y tres años después Homero Manzi volvió a escribir una película del género con Pampa Bárbara, que sería rehecha en el 1966 con el nombre de Pampa Salvaje. Volviendo a Estados Unidos, en 1952 se realizó Way of a Gaucho. Basadas en los grandes éxitos literarios gauchescos, podemos destacar Martín Fierro (1968), Don Segundo Sombra (1969) y Juan Moreira (1973). En la actualidad reciente, se realizó la película animada de Martín Fierro (2007) con diseños inspirados en dibujos de Fontanarrosa y hace dos años se realizó Aballay (2010). Estas son sólo algunas de las producciones de género gauchesco que se han realizado en los últimos cien años, que ilustran lo prolífica que fue y sigue siendo la representación del gaucho en el cine.
Conclusión
Para finalizar este trabajo podemos decir que la representación del tipo rural que conformó la figura del gaucho se construyó a lo largo del siglo XIX en función de los intereses de la construcción de la identidad nacional a través de dos mecanismos principales: por un lado, la figura del gaucho como la otredad y, en segunda instancia, la inserción de esta figura como parte de la identidad argentina, a través del estereotipo.
Los relatos en los que esta última construcción se inscribió le atribuyeron al gaucho valores morales y una imagen positiva en las distintas producciones artísticas, tanto pictóricas como literarias, fotográficas, teatrales y, finalmente, cinematográficas. En este último campo, fue Nobleza Gaucha la producción que abrió lo que sería la prolongada trayectoria del gaucho en el mundo audiovisual, sentando un precedente tanto en la forma como en el contenido.
Esta película fue, por lo tanto, paradigmática y pudo cumplir el rol de bisagra entre las previas representaciones literarias y pictóricas del siglo XIX y las posteriores representaciones cinematográficas que se desarrollarían en el siglo XX tanto nacional como internacionalmente.
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