The Lobster: ¿En qué animal desearías que te transformaran?

“Bailamos solos. Es por eso que solo pasamos música electrónica”.

The Lobster es una película europea cómico-dramática dirigida por el griego Yorgos Lanthimos y rodada en Irlanda. La misma entra no del todo convincentemente dentro del plano de la ciencia ficción, pero sin duda se trata de una distopía como pocas se han visto antes.

Las reglas de este mundo indican que las personas que queden solteras deben ser llevadas al Hotel. Allí, las mismas deben encontrar una nueva pareja (con la que sostengan un amor sincero) en menos de cuarenta y cinco días. Caso contrario, serán transformadas en animales… de su elección. El protagonista, David, sabe desde el día en que llega al Hotel con su hermano (en forma de Border Collie), que si fracasa en encontrar un nuevo amor desea ser transformado en una langosta.

En este particular lugar, en una sociedad pragmática, fría y directa, sobre todo en la comunicación verbal entre personas, los solteros son estimulados a interactuar en bailes y distintas actividades. Aquellos que consiguen pareja son enviados a una sección especial, se les da la llave de una habitación doble, y tienen permitido realizar actividades especiales de a dos (como jugar al tenis). Si triunfan durante un cierto tiempo, son enviados en una romántica escapada en un yate, antes de poder retornar a la sociedad. Si las parejas tienen muchas peleas, se les asignan hijos… lo que todos sabemos que normalmente ayuda.

Para los que no son tan exitosos, la única forma de prolongar su estadía es durante las cazas que se realizan cada noche, en las que los residentes del Hotel son llevados a capturar a los “Solitarios” (“Loners”), prófugos que viven en los bosques cercanos al Hotel, con dardos tranquilizantes. Por cada solitario capturado, el residente obtiene un día más para encontrar pareja y no ser transformado en animal.

Este mundo se presenta al espectador en los primeros diez minutos de la película como un escopetazo. Esta trama que ya desde su planteamiento nos puede parecer tan ridícula como genial, se desarrolla de manera fantástica durante todo lo que dura la película, incluyendo en sí una sarta de personajes que se superan contínuamente: la Mujer sin Corazón, la férrea Líder de los Solitarios, la insatisfecha Sirvienta, el Hombre Cojo, la Mujer de las Galletas, ¡y muchísimos perros!

No sólo la trama se mantiene sólida a partir de la premisa, descubriendo a cada rato nuevos aspectos de este mundo que nunca dejan de atrapar al espectador, sino que también la misma es estéticamente impecable y maneja un ritmo tenso que es guiado sobre todo por una banda sonora no apta para cardíacos.

¿Lo mejor de la película? Si bien la historia es más bien dramática, hay pocos momentos en los que los personajes hacen algo más que sufrir, el tono es oscuro y no aparenta poseer ninguna intención de entretenimiento jocoso, los guionistas de las ingenian para que la película, en algún nivel morboso, sea una comedia. Cada detalle, palabra y referencia a la propia realidad aparece rematado en el momento justo de una manera ingeniosa y sutil. Durante el primer acercamiento al film, la mitad de los chistes (si se los puede llamar así), pasan desapercibidos, o quedan enterrados en lo grotesco y oscuro de la trama. Un ejemplo (con pequeño spoiler), es el momento en la que una de las solteras del hotel, frente a su fracaso en la búsqueda de una nueva pareja y su inminente transformación en animal, decide suicidarse, como había anunciado anteriormente. La mujer aparece en escenas anteriores comiendo galletas. En una escena que pone los pelos de puntas, se ve el cuerpo de la mujer aplastado en el suelo y se oyen sus gritos agonizantes de dolor y, sin reaccionar, otra de las residentes del lugar, la Mujer sin Corazón, la observa en la distancia. Cuando el protagonista pregunta qué ha sucedido, la Mujer sin Corazón le responde: “Saltó de la ventana de la habitación 108. Hay sangre y galletas por todos lados”. Este es sólo un ejemplo de lo que compone el humor de casi todo el film: meta-referencias que causan tanta sorpresa como mórbido estupor, en una equilibrada urdimbre diálogos, imágenes y silencios que se complementan con perfección.

Las actuaciones son excelentes, en concordancia con el repertorio. Las figuras que más destacan son el protagonista, Colin Farrell, quien actúa también en películas como Minority Report, Perdidos en Brujas, y El imaginario del Doctor Parnassus, quien se deshace de todo su atractivo físico en esta oportunidad, encarnando un personaje protagónico inseguro pero dispuesto a romper las reglas de la sociedad para salvarse el pellejo, en un primer momento, y para poder entregarse al amor, en el final. Luego tenemos a Rachel Weisz, famosa por películas como The Fountain y La Momia, quien encarna el rol de narradora de gran parte de la película. También actúa Léa Seydoux, la actriz francesa protagónica en La vida de Adéle, quien también aparece en films como El gran Hotel Budapest y Bastardos sin gloria, en esta oportunidad haciendo el escalofriante papel de la Líder de los Solitarios. A estos se suman grandes actores de reparto, como la cómica inglesa Olivia Coleman (The Peep Show), John C. Reilly (We Need to Talk About Kevin) y Ben Whishaw (El perfume).

The Lobster, en definitiva, es una película que cualquiera que esté interesado las distopías (o simplemente en la creación de universos verosímiles) debería ver. También debería verla cualquiera interesado en ver un largometraje absolutamente original y de calidad, porque no hay otras palabras que lo describan. Una recomendación: no es para verla en pareja, ¿o quizá sí?

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Sofía Félix Poggi

Written by

Escritora, historiadora y periodista de Argentina.

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