Inercia

Cuando me puse los zapatos, me pregunté a dónde iban. Por su comodidad, supe que a algún lugar en el que estaba segura. Los llevaba hacia la ruta conocida, esa que no me dirige a su final, sino, me indica cómo llegar. La ruta de las esperanzas a largo plazo, la señalada. 
Por lo que llevaba en mi bolso, sabía que no iba a ningún lugar en el que necesitara mucho. Unos cuántos útiles, una sombrilla. Había pasado la noche leyendo, y como siempre, la lectura invita a la reflexión. Ese día era mi presente, pero lo estaba usando para construir eso que llaman futuro. Ese engaño que te dice que el éxito consiste en estar suficientemente capacitado en alguna área para tener un buen trabajo, aunque realmentr nadie sepa explicar qué es un buen trabajo. Y que eso será suficiente para ser feliz. Baja de ánimos, y dudosa, la influencia de la contaminación visual, sónica, las presas, di un cambio. Cambié la perspectiva e hice mío mi camino, por un momento. Sin minutos, destino, objetivo. No, no hice lo que el horario de ese jueves me indicaba. Lo tomé para atender todas esas inquietudes, alegrías y motivaciones. No se me antoja una vida en la que persiga lo que viene ignorando lo que soy. No apetecía de una clase que me diera instrucciones de cómo instruirme. No voy a sustituir la atención a mis pasiones por la formación de un éxito distorsionado. Quiero creer que somos más que niños que aprenden a leer, adolescentes que pasan bachillerato, universitarios que consiguen título y licenciados que consiguen un trabajo. La educación es la verderadera liberación del ser, sí. Mas el método de enseñanza, no. Las carreras son aptitudes, sí, pero no definen quién sos. Y es que tenemos que desarrollar el intelecto en el mismo nivel que la aceptación, el autodescubrimiento, la felicidad, la libertad, eso tan, pero tan subjetivo que es la libertad.

Después de ese día, mis zapatos me recuerdan que en la ruta-y rutina- de todos los días, no nos limita de llenarnos de mucho en el camino. De inspiración, decepción, asco, amor, de hacer paradas para recordar que vivimos. Que somos. Que sentimos. No es lo que viene, es lo que es. Porque tenemos que ser esa generación que no basa su vida en visualizar el futuro y que cuando llega, sufre por epifanía desproporcionada entre lo logrado y lo perdido.