
Quiero estar allá
Una reflexión personal sobre el apoyo de familia que escribí cuando falleció mi abuelito Nulfo mientras que yo estaba en Madrid.
Lo más importante de esta semana ha sido que finalmente he podido conectarme con mis padres. No puedo expresar en palabras perfectas cuánto agradezco su apoyo y fe en mis habilidades de ser exitosa con este máster; de siempre pensar fuera de sus propios intereses, deseos, creencias y de respetar las decisiones que he tomado para llegar a cumplir mis propias metas…
Un conjunto de reflexiones personales y pensamientos bien organizados dentro de mi mente –como una fila perfecta de dominós que me daba, de alguna manera, una aparente sensación de control y tranquilidad– llegó a su caída y desorden al enterarme el jueves pasado, por medio de mi hermana, del fallecimiento de mi abuelito Nulfo; dicha noticia fue el dominó que provocó una alterada producción de todos esos pensamientos y reflexiones que guardaba en la ficticia seguridad de la mente.

Pues pasó que al hablar con mis padres, después de enterarme de la noticia, no pude ocultar cuánto quería estar allá y no aquí; ni pude ocultar la preocupación que sentía en ese momento por no poder realmente ver, con mis propios ojos, que mi padre estuviera haciendo lo necesario para él mismo al tener esa realidad presente de que su padre ya no vivía. Al terminar la llamada, brotaron, naturalmente y sin ninguna vergüenza, lágrimas provocadas por la noticia de mi abuelo, pero también por todos esos “dominós” ya no bien organizados en mi mente; aquellos pensamientos y reflexiones personales que se trataban de “x” e “y”, y que habían estado esperando el momento oportuno para ser realizados por medio de esas lágrimas. En ese momento de soledad, tristeza y falta de ánimo, volvió a mi mente lo que me había comunicado mi padre unos minutos antes: “No te preocupes por mí, tú sigue fuerte con tus trabajos. Estas son cosas de la vida (refiriéndose a la muerte de mi abuelo) y no hay por qué dejar de seguir adelante.”
Entonces, como si hubiera sido por primera vez, recordé todo aquello que comentaba antes, que mis padres siempre han sido extremamente generosos con su apoyo y sentí una gran ola de agradecimiento y cierta paz debido a que aún siguieran con esa misma perspectiva dentro de un momento difícil. De nuevo me puse a llorar, con ganas, porque a pesar de que me motivaran a seguir adelante, me sentía completamente sola y solo quería estar allá, con ellos.
21 de febrero 2017
