LA REPRESENTATIVIDAD, TAMBIÉN EN CRISIS

Hace poco recibí un interesante artículo que Ramiro Álvarez Ugarte escribió para la revista Nueva Sociedad. Su título son manos que abren la puerta de un debate históricamente cerrado en las sociedades modernas: «Democracia y lobby: un marco teórico».

En Argentina, específicamente, la pregunta sobre quiénes son nuestros representantes y cómo llegaron hasta ahí se comienza a escribir en mayúscula tras el lamentable espectáculo de algunos Diputados y Senadores durante el debate por la Legalización del Aborto.

Pero hay que prestar atención a las fechas, porque las vísperas del final de un año pre-electoral traen algo más que la primavera: Empieza a crecer en todos los rincones de nuestra sociedad un tentador debate sobre qué sucederá en las urnas en 2019.

Aplicando la infalible técnica de Arturo Jauretche, es necesario ver qué dicen al respecto los sectores que manipulan la opinión pública, y –preventivamente- colocarnos en la vereda opuesta.

Allí, veremos que desde sus trincheras virtuales y mediáticas, nos invitan a pelear bajo su embarrada lógica de discutir únicamente sobre candidaturas. Individuos. Caras. Consignas vacías. Mensajes pomposos escritos por gurúes de marketing. La profundización del debate, entonces, resulta su peor enemigo.

Si Leopoldo Marechal afirmaba que «de los laberintos se sale por arriba», nosotros podemos asegurar que «de la discusión sobre candidaturas se sale debatiendo modelos».

No obstante, los tiempos han cambiado y se deben actualizar los ejes sobre los que nos paramos ante ese debate tan profundo. En principio, es hora de abandonar la vieja dicotomía entre «izquierdas» y «derechas» que, además de ser categorías obsoletas, son obstáculos dialécticos para resolver lo importante: Las necesidades del pueblo.

Durante una conferencia en Bruselas el 10 de mayo del 2017, Cristina Fernández de Kirchner se refirió con claridad a este asunto: «Tenemos que abordar las categorías de pensamiento de izquierdas y derechas, y acostumbrarnos a que tendrán que sentarse un comunista, ateo, irredento con una señora que le reza cuatro rosarios por día a la virgen María y otros cuatro rosarios a Jesucristo, porque los dos tienen que pagar la factura de luz y los dos necesitan trabajo». La praxis sobre la teoría o «la única verdad es la realidad» versión siglo XXI.

En su nota, Ramiro Álvarez Ugarte cita al historiador francés Pierre Rosanvallon que, en «el pueblo inalcanzable», señaló: «El poder del pueblo no puede ejercerse de manera directa en el mundo moderno: No tiene consistencia posible si no es mediatizado y organizado por los procedimientos del gobierno representativo». Nuevamente, la mediatización como el terreno en donde, lamentablemente, se dirimen los asuntos más importantes de estos tiempos

Y ahí debe venir la pregunta: ¿Ha sido Macri un accidente electoral o es, en cambio, el resultado lógico de una sociedad vaciada de contenido y víctima de manipulación mediática?

El surgimiento de figuras políticas como Mauricio Macri, tan incapaces intelectualmente como moralmente siniestros, desnuda a las sociedades modernas que han decidido postergar los debates sobre democracia o modelos políticos y hacen del «no-pensar» su modo de acción.

Al terminar de leer el artículo de Álvarez Ugarte, alguien me decía «esto es el síndrome de la habitación a oscuras», y me pareció una metáfora interesante: Pensar las diferentes actitudes de la sociedad ante este contexto político en relación a las (también diversas) reacciones de las personas al encontrarse en una habitación sin luz.

El miedo, que paraliza y reprime, suele ser la respuesta habitual ante la oscuridad. Sin embargo, es sabido que un apagón se resuelve yendo hacia el interruptor de luz o hacia el cajón donde están las velas, nunca quedándose quieto, ni debajo de la cama, ni esperando que alguien venga a salvarnos.

El panorama, entonces, es cuanto menos preocupante: Una sociedad vacía de contenido, a oscuras, con miedo, y comandada por los sectores que manipulan la comunicación para convencerla que lo importante es hablar de candidaturas. Un combo letal.

MÁS ACÁ.

Aprovechándose de esa situación social, Mauricio Macri insiste en sostener la fórmula que lo llevó a la presidencia: Hablar como si estuviera –todavía- en un discurso de campaña.

De esa manera, en la mañana del 29 de agosto dio un breve mensaje que incluyó las siguientes consignas:

· «Estoy convencido que juntos vamos a superar las dificultades».

· «No hay atajos mágicos».

· «Sabemos de lo que somos capaces cuando nos proponemos hacer algo importante juntos».

No obstante, lo importante lo dijo al comienzo: «Hemos tenido nuevas expresiones de falta de confianza de los mercados», por eso «hemos acordado con el FMI adelantar todos los fondos necesarios para garantizar el cumplimiento del programa financiero del año próximo».

Para los «degustadores de flan», puedo continuar la metáfora de Alfredo Casero (cada día más parecido a su personaje de Cha cha chá, el Ministro de Ahorro Postal, Gilberto Manhattan Ruiz) y decir:

Se prendió fuego la casa, afuera hace frío, y Macri –que no arregló la heladera ni levantó la casa de nuevo- anunció con emoción: «Familia, este mes no nos van a cortar la tarjeta de crédito… ¡Porque pagué el mínimo!».

Tal es así que hasta Julián Guarino escribió un artículo en Ámbito titulado «Por qué el dólar subió después del discurso de Macri» en donde especifica: «Nada se habló sobre el motivo por el cual el peso se devalúa 70% en lo que va del año o por qué la inflación rondará el 40% y la economía perderá el 2%». Solo alguien con un flan en la frente puede no entenderlo.

La pregunta clave, entonces, es: ¿Cuánto tiempo puede sostenerse esta forma errante de hacer política, de manejar la economía y de comunicar?

Tal vez, la respuesta provenga de dos fenómenos que se dieron al día siguiente del discurso presidencial, y que conjugan dos elementos claves para el desarrollo de un país: Lo social y lo geográfico.

El primero es la Marcha Federal por la Educación Pública que muestra a la Universidad como un factor fundamental en este debate. En la Argentina, la llamada «clase media» todavía acude masivamente a la Universidad pública, a diferencia de la primaria y secundaria, donde la educación arancelada hace tiempo ganó la pulseada en ese sector de la sociedad.

Por esta razón, el reclamo (que incluye la toma de Consejos Escolares y Facultades en todo el país) atraviesa a sectores que todavía no se habían incorporado abiertamente al repudio de las políticas macristas, y rompe la estrategia de manipulación mediática utilizada en los debates educativos anteriores, donde apuntaron a la demonización del sindicalismo.

Pasando en limpio: Las familias que ayer replicaron el discurso de «el problema de la educación es Baradel» hoy ven a sus hijos incorporarse al reclamo porque no tienen clases y ya no encuentran «demonio» a quien responsabilizar.

El segundo elemento lo resumo como geográfico, pero en verdad también está vinculado a lo social, a lo económico y a lo productivo: El patagonazo.

Un encuentro llevado a cabo en Comodoro Rivadavia, del que participaron intendentes, legisladores nacionales, provinciales y referentes sindicales y sociales de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, bajo la consigna «La Patagonia nos une».

Si hay un intento macrista por refugiarse en el norte con figuras como Urtubey en Salta o Morales en Jujuy, desde el sur llega una respuesta contundente que, sumada al reclamo de la comunidad universitaria, puede generar un marco de tensión social más amplio y profundo.

La Patagonia mantiene una fuerte identidad social y regional que rivaliza con la lógica centralista de la Capital Federal, sede central de los sectores que manipulan la información. Bruto error comete el macrismo perjudicando al sur del país y fomentando este tipo de reuniones que empiezan a incorporar al reclamo a personas que –incluso- votaron a «Cambiemos» pero sufre el embate anti-patagónico del gobierno.

MÁS ALLÁ.

Como no debe perderse de vista la perspectiva internacional, hay que prestar atención a un hecho llamativo que nos ofreció esta semana la política estadounidense.

Si bien todavía Donald Trump no ha cumplido dos años (la mitad) de su mandato como Presidente, ya empiezan a acomodarse las piezas en un tablero electoral que no será sencillo y en el que Partido Demócrata saldrá a dar pelea luego de la derrota de 2016.

En ese contexto, se mantiene con fuerza la figura del senador Bernie Sanders que, a pesar de haber perdido la interna demócrata en manos de Hillary Clinton, sigue siendo un actor importante de la oposición. Sanders es, a los ojos de las ideas, un oasis en un desierto político.

Su jefe de campaña, Jeff Weaver, aseguró en mayo que Sanders está considerando presentarse en la elección de 2020 y un factor fundamental para definir ese escenario será el de las internas partidarias en los diferentes Estados que, por el sistema electoral estadounidense, resulta de vital importancia.

En ese contexto, John Nichols para «The Nation» da cuenta del «triunfo imponente» del candidato de Bernie Sanders en la interna democráta del Estado de Florida. ¿Y por qué esa interna es importante? Por tres motivos:

· El estado de Florida fue el que definió las elecciones de 2003 que llevaron a George W. Bush a la Casa Blanca, con un manto de sospecha sobre su hermano Jeb, por entonces gobernador de ese territorio.

· Andrew Gillum, el candidato de Sanders, no figuraba como favorito en ninguna encuesta para ganar la interna del Partido Demócrata.

· Además de ser alcalde de Tallahassee, Gillum reúne condiciones que le darán un alto grado de exposición y ayudará a la imagen de Sanders en 2020.

Andrew Gillum será el primer afroamericano en ser candidato a gobernador en Florida, y ocupará ese lugar con 39 años recién cumplidos que, sumado a su carisma, le dan un perfil público muy valioso en el marco de una campaña demócrata que apuntará a mostrarse lo más alejados posible a la lógica política y mediática de Donald Trump.

Además, recibió el apoyo de sectores estudiantiles, espacios de mujeres y organizaciones a favor del control de armas, un tema en el que ha trabajado mucho desde su municipio, al que llegó en 2014 con el 75,7% de los votos.

Aunque falta mucho para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, desde el punto de vista ideológico será interesante escuchar a un candidato como Bernie Sanders con sus ideas progresistas y populares, acompañado de figuras como Gillum que, por ejemplo, participó y dio un importante discurso en Enero durante la Marcha de Mujeres en Miami.

ASÍ LAS COSAS.

Ante un panorama político y social que podemos analizar desde el «síndrome de la habitación a oscuras» del que hablaba al principio, la liviandad nunca puede ser una salida.

Se debe comprender la gravedad de la política macrista, y entender que no se pueden admitir ni la tibieza del análisis ni la cobardía de la acción, si lo que queremos es que vuelva la luz.

En su famosa obra, Sun Tzu dejaba en claro: «Entendamos el arte de la guerra y prevaleceremos, ignorémoslo y lucharemos en la oscuridad». Quienes optaron por el tibio camino del «hay que darles tiempo» o del patético discurso de «Corea del centro», hoy deben visualizar la gravedad que genera la falta de comprensión de la etapa política que vivimos.

Y me niego a explicar lo metafórico del concepto de «arte de la guerra» para complacer a un discurso pacifista de poca monta que repudia la violencia de pueblo, pero jamás le exige al gobierno nacional que cese con su política represiva y violenta. A veces hemos tenido un discurso demasiado conciliador.

Por eso, la exigencia debe ser total: Decía Platón que «podemos perdonar fácilmente a un niño que le tiene miedo a la oscuridad, pero la verdadera tragedia es cuando un adulto le tiene miedo a la luz».

Y la luz, en esta metáfora, es la acción política. Esa que corta la oscuridad y sus efectos negativos para la sociedad. Por eso la gravedad de la actualidad nos impide justificar a quien elija seguir abajo de la cama muerto de miedo.

En el sur-sur de nuestro país, en las facultades, y hasta en el escenario político-electoral de Estados Unidos, hay pequeñas luces que así como pueden ser los fuegos de Galeano, también pueden ser devorados quienes hace más de 200 años insisten en sostener un país injusto, semicolonial y absolutamente a oscuras.

¿Usted en qué lugar de la historia quiere quedar?

Bertrand.

Artículos de Bertrand.

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«un testigo insobornable de la realidad mundial»

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