He cambiado

Estos últimos días he estado muy ocupado:

He cambiado de sitio mi escritorio.

He cambiado las flores del balcón.

He cambiado las sartenes, las cacerolas, los vasos.

He cambiado de lado la puerta de la nevera.

He cambiado la televisión de sitio.

He cambiado el armario de los abrigos.

He cambiado el sofá.

He cambiado el cabecero de la cama.

He cambiado la cama.


He cambiado de sitio mi escritorio porque necesitaba recuperar el control.

He cambiado las flores del balcón porque se han muerto.

He cambiado las sartenes, las cacerolas, los vasos, porque todo lo que cocino sigue sabiendo a ti.

He cambiado de lado la puerta de la nevera porque así cada vez que me equivoco de lado, me acuerdo que ya no estás.

He cambiado la televisión de sitio porque no puedo seguir mirando el hueco vacio que ha dejado tu escritorio.

He cambiado el armario de los abrigos porque ahora está vacío.

He cambiado el sofá porque en él, fue donde más nos conocimos.

He cambiado el cabecero de la cama que hice con mis manos porque ahora solo están los huecos de nuestras fotografías.

He cambiado la cama porque siempre guardará tu forma.

He cambiado.

He cambiado todo porque necesito estar entretenido y así no pienso.

He cambiado todo porque no consigo olvidarte.

He cambiado todo porque me duele que ya no estés, porque todo me recuerda a ti.

He cambiado todo intentando librar a esta casa de tu fantasma, pero tú sigues ahí, en cada rincón de mi memoria, y eso, eso no puedo cambiarlo.