Todos tenemos un amor platónico de ficción. El mío es Wile E. Coyote. Hasta ayer no me había dado cuenta, pero es él. Ha sido el Pepe Reina de mi selección de personajes favoritos durante años, pero acaba conseguir la titularidad –de total casualidad, como cuando se lesiona el jugador que ocupa tu mismo puesto en el equipo y te toca a ti saltar al campo.

He de ser sincero. No sé quién había ocupado el puesto hasta ahora, pero sé que no era él. También sé que ahora sí.

Y es que, es verdad que los humanos somos el único anima que tropieza dos veces con la misma piedra. Pero también lo es que hay un animal que nos supera: el coyote, Wile E. Coyote. Y eso es lo que más me gusta de él. No me malinterpreten, no me gusta que se caiga, sino que sea capaz de levantarse todas y cada una de las veces. Aunque pensándolo mejor, quizás no sea concretamente eso lo que de verdad me gusta de él. Con lo que verdaderamente consigue volverme loco es que no hay dos veces que en las que se haya levantado de la misma manera.

Fracasa, pero fracasa mejor. Todos hemos leído esta frase alguna vez con un filtro #súperchulo por encima y un par de likes por debajo. Fracasa, fracasa mejor y fracasa distinto, ¡joder! Hay que ser muy gilipollas para fracasar de la misma manera más de dos veces. Dos vale, pero tres justificarían la necesidad de ponerte un babero cuando comes yogur y no dejarte coger unas tijeras que no tengan la punta redondeada.

No me malinterpreten de nuevo, por favor. Con esto no quiero decir que para fracasar distinto haya que fijarse varios objetivos para no alcanzar ninguno, como el borracho que lo intenta hasta con el perchero. No. Todos tenemos nuestro Correcaminos y hemos de intentar atraparlo, de la manera en la que sea posible. Fracasando las veces necesarias. Incluso fracasando adrede –sí, adrede. Porque pensemos por un instante en un detalle: si Wile E. Coyote hubiese atrapado al Correcaminos a la primera, ¿quién lo recordaría?

Desde luego yo no. Y por lo tanto no podría haber escrito esto.

Resumiendo: me encanta Wile E. Coyote. Podríamos decir que lo mío con él ha sido un amor a novena vista, miope y sin gafas.

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