…en el Reino de las Sonrisas
“Posiblemente me hubiera convertido en un buen tipo si un Jedi no le hubiera cortado la cabeza a mi padre delante de mi” — Boba Feet en la batalla de Geonosis
En tumblr el 27 de Octubre del 2013
Siempre me he creído un soñador empedernido, de esos románticos de la vida con ganas de aprovecharla hasta el último de sus suspiros. Por desgracia, lo que nadie me contó es que esta vida no es tan fácil vivirla como uno quiere; puede que sea porque los tiempos cambian en una progresión geométrica capaz de dar vértigo al más osado, o tal vez por el simple hecho de que esta sociedad, lo queramos o no, es capaz de llevarnos por donde “debemos” ir. Creo que a todos nos ha pasado, ver que con el paso del tiempo nos vamos alejando de nuestras fantasías e ilusiones de ser alguien especial en la vida, ya sea desde convertirnos en un afamado astronauta a la temprana edad de 7 años así como enfundarnos un látigo y un sombrero polvoriento y transformarnos en un intrépido arqueólogo a lo largo del mundo, lo queramos o no; nos vamos olvidando de ser Neil Armstrong y el Dr. Jones. Esta vida es estresante, viciada de propósitos para que uno sea incapaz de salirse del gallinero donde se encuentra.
Con 30 años con los que me encuentro, me veo bastante alejado de la idea de vida que me había forjado durante mi gozosa y quimérica infancia. Puede que mi inconformidad con mi situación actual haya conseguido que en mi crezcan las ganas de no seguir participando de una forma tan activa en mi pasividad aventurera. Ahora es cuando me vienen a la cabeza los viajes imaginarios que creaba tras escuchar a mi abuelo las mil y una historietas que el vivió durante cerca de 50 años como marino mercante. Me sentaba a su lado escuchando sus experiencias con tribus caníbales de la Nueva Zelanda más profunda, de los carnavales Cariocas de Brasil, de sus batallas con la peor de las tormentas en el mar del norte. Con mi edad mi abuelo ya había recorrido todo el mundo, aunque todavía no se muy bien si en un principio fue obligado por la situación que sufría España desde los años 60, sea como fuere sus experiencias forjaron una visión muy especial sobre lo que es este mundo y para que estamos aqui.
A pesar de que suelo viajar con bastante asiduidad, siempre son viajes totalmente tipificados por cualquier agencia consiguiendo romper todo sentimiento de aventura, puesto que todo esta totalmente establecido y organizado. Por lo que en el mes de marzo del 2010 me propuse correr mi primera aventura, yo seria el que elegiría el rumbo, decidiendo los caminos, las casas donde dormir… y todo ello en un continente en el que no había estado nunca, con una cultura totalmente diferente a la mía, con un idioma incomprensible para el más de los avispados oídos, recorrer todo un país con una mochila a las espaldas y una cámara en las manos disfrutando de sus gentes, de su geografía escarpada, montaña y el mar… fortuitamente descubrí un pequeño país en el sudeste asiático; el Reino de Tailandia. No sabia nada de ese país, únicamente sabia de el por el trágico tsunami del fatídico 26 de diciembre de 2004 que acabo con la vida de miles de personas. A pesar de ese acontecimiento estaba convencido que seria un buen lugar para comenzar una aventura y tal vez porque la palabra Thai (ไทย) significa “libre” en tailandés me ayudaba a poder traducirlo como “el país libre”, algo con lo que me sentía totalmente identificado y que conseguía motivarme aun más para descubrir este desconocido país.
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