Dos de los dos mil

Por @facogari

Daniela Rovina, mi novia, tira magia en forma de revelaciones mientras hace otras cosas. Puede estar escribiendo en la compu, preparándose para el gimnasio o cocinando unas milanesas con ensalada, y de repente lanza alguna observación filosa. La semana pasada me dijo una que ya había mencionado en el pasado: “Dos productos gastronómicos que son característicos del segundo milenio: el agua saborizada y la barrita de cereal. Antes no existían”.

La primera vez que lo dijo me pareció una gran observación. Y la segunda, también. Sólo que esta vez me tomé un segundo para rastrear en mi cerebro las reacciones que tuve cuando supe del lanzamiento de esos productos.

Cuando apareció el agua saborizada pensé que no tendría éxito (un visionario), porque me parecía que pocos elegirían comprar un jugo embotellado antes que prepararlo ellos mismos a menor costo, y que quien lo hiciera buscaría mejor calidad que la que ofrecía. Es que también tengo registro de las primeras probadas: el agua saborizada me sabía a jugo aguado. Para más, ese nombre, “agua saborizada”, me alertaba de algún modo la inminente aparición de una bebida con sabor a panceta y queso.

A su debut, la barrita de cereal me regaló reacciones similares. ¿Una golosina que hace bien? No es que me pareciera que no funcionaría el producto en sí, sino que dudaba de cuánto lograría competir la avena frente al chocolate en los quioscos (un visionario 2).

No me hacía a la idea, entonces, de que se trataba de dos caballitos de batalla de un nuevo paradigma: el del consumo de salud. No el paradigma de la salud, sino el de su consumo cotidiano desplegado en negocios que otrora no habían comulgado con él con tanto ímpetu (un antecedente que se me viene a la cabeza, aunque hay miles: los helados de agua Fruttare, que venían con trozos de fruta). Y que, como todo paradigma, llegaría con un batallón de textos, de símbolos, de promesas.

“El éxito de las (aguas) saborizadas, coinciden en el mercado, se relaciona con una búsqueda del consumidor de una propuesta percibida como más natural y sana que la de las gaseosas. En general, tanto las aguas sin gas como las finamente gasificadas, tienen una proporción de azúcar menor a la que tienen todas las gaseosas comunes”, decía en 2011 la periodista Florencia Donovan en La Nación.

Dos años después en Planeta Joy, Maximiliano Kupferman observaba: “El éxito de esta bebida fue tal que el consumo per cápita se disparó y pasó de menos de un litro por persona en sus comienzos a más de 22 litros por año en 2012, según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, llegando a representar casi el 11% de los 8567 millones de litros de bebidas sin alcohol que se consumen por año en el país”.

A las barritas de cereal las trajo de Estados Unidos a la Argentina Ricardo Fort en 1997, así que en rigor no pertenecen a los 2000. Pero fue con el cambio de siglo que se instalaron fuerte en el rubro de las golosinas, produciendo en él una hipersegmentación (aparecieron alfajores saludables, como el Chocoarroz, o se utilizaron marcas instaladas a modo de diferencial para conquistar nuevos públicos, como la barra de cereal Mogul).

Durante unos siete años, a comienzos del segundo milenio, trabajé en el buffet de un colegio (fui franquero, empleado y finalmente encargado), y atestigué el crecimiento de la demanda de barritas de cereal. Al comienzo las teníamos para unos pocos culposos que elegían snackear pasas de uva antes que maní con chocolate; pero con el pasar de los calendarios tuvimos que diversificar la oferta, a fuerza de demanda de maestros y alumnos. Lo mismo pasó con las aguas saborizadas.

Más de una década después de sus arribos, barras de cereal y aguas saborizadas son parte de la dieta de millones de argentinos. En casa, las tenemos de a temporadas. El agua, con más frecuencia, ya que ahora sí nos saben ricas y prácticas. Las barras, cuando las encontramos en buen precio, porque — aunque saben bien y son fundamentales cuando preferís el desayuno veloz a levantarte media hora más temprano — hay opciones más económicas. Y, en muchos casos, más saludables.

Por supuesto que las barras de cereal y el agua saborizada no son ni por asomo los únicos nuevos productos de los 2000. Pero valen como síntesis para este quiosquero retirado.