Una sola cosa te pido…

by Karl Fredrickson on Unsplash

Solo quiero pedirte una cosa, y te hablo desde el corazón, desde lo más profundo de mi. Solo te pido una cosa, solo espero una cosa de ti. Espero a Jesús. Espero su Evangelio. Su propuesta, su idea de humanidad, su idea de fraternidad, su misericordia, su paciencia, sus retos para salir de uno mismo, del egoísmo.

Solo espero de ti esto. Solo espero que sepas con audacia volver a Él, volver a la fuente. No me robes la ilusión de que es posible construir el Reino y así acercarnos a experimentar al Dios del Reino. No me robes, como tal vez haz hecho con muchos otros, la esperanza de que es posible convertirnos nosotros primero antes de salir a las fronteras a gritar que todos son incapaces de Dios y que su amor, que no tiene límite, encuentre límite en sus pecados y dificultades.

Pues, no, no espero eso de ti. No espero que guardes para ti los bienes que son para los pobres a los cuales está destinada, sino el 100%, la mayor parte de la predicación del Maestro. No espero que seas la primera en empuñar la espada del desprecio teniendo en un ambón de oro fino aquello que llamas palabra de Dios y que nos recuerda siempre el principio de misericordia, de paz, de fe que transforma por el amor. No, no creo, me rehúso, a verte feliz, alegre, contenta, satisfecha hablando de ti, de tus logros, de tus eventos lleno de jóvenes, como si se tratara de abrir una gran pantalla y mostrar que somos más y que con eso es suficiente para decir que somos aquella que Jesús soñó como comunidad en aquellos caminos de Palestina.

No puedo verte con un fuego apagado, con una felicidad muy calmada feliz desde la montaña mirando como una de aquellas ovejas se ha perdido y tú, asegurándote en nombre de Jesús, que si esta pérdida es porque es mala, pecadora, no sagrada y porque no importa y está lejos del Padre. No puedo creer que realmente haces fiesta cada vez que alguno de tus hijos o alguna de tus hijas decide irse por los males que tú misma haz permitido y qué ocultas como si fuera un tema de guardar imagen y no de parecerse más a la piedra angular, Jesús, por supuesto.

Solo te pido que seas más humilde, más silenciosa, que no olvides que el Reino que dices predicar y construir crece siempre con calma en la pequeñez, no como imposición, no como adoctrinamiento sino como calma y abrazo entre dos distintos. Solo creo una sola cosa de ti, y es eso que haces que te hace ser tan similar a Jesús que causa escándalo a aquellos que prefieren ver a “perdidos” y no rostros sedientos de sentido, vida, trascendencia. No cualquier trascendencia impuesta al fuego del miedo, temor, juicio implacable sino la trascendencia de Jesús que sabe pedir a cada ciego, cojo, mudo, publicano, pecador, lo que cada uno de esos le hará más pleno, más humano, más sensato, en fin, más cristiano. Esa petición que a veces es un vete a casa y cuenta, otras un ven y sígueme, otras un ponte detrás.

Solo te pido, por favor, que tu oración sepa a cotidianidad, a vida, a mundo y no a expresiones que solo entiendes tu. Que tu apuesta por la vida sea la apuesta de ponerse hombro a hombro con los de tierras extranjeras y cercanas. Pues, no puedo creerte si sigues pisoteando todo lo que huela a nuevo, a vino nuevo, a Reino, a vida, a impulso creativo.

Te pido, por favor, seas más agradecida con todos aquellos hombres y mujeres que han sabido ser atrevidos. Aquellos que levantaron la voz y te dijeron: ¡Eh no es por allí!, en vez de seguirlos crucificando y quemando en calderas solo porque te hacen ver lo herida y lejana que muchas veces estas del Evangelio que se supone te dejaron para custodiar. Que seas más humilde cuando no logres llegar, recordando que tal vez la narrativa debe renovarse. Que no tengas miedo de avanzar, no porque es la moda, sino porque así es lo humano creado por el Padre. Humanidad que sabe responder preguntas del pasado, hacerse otras y caminar a ver si encontramos juntos los caminos. Que seas sensata y transparente cuando te señalen. Cuando te critiquen, pues, aunque duela, eres culpable de lo mucho y de lo poco.

Solo espero de ti, que vuelvas a poner a Jesús en el centro, en lo más esencial de ti. Que no gastes energías de fundamentar tu realidad, tu sentido, tu propósito si al mismo tiempo te dará pereza seguir a Jesús. Que no digas: ¡Jesús se hizo servidor! Para, minutos después, hacerte servir. Que no digas: ¡Jesús es misericordiosos! Para, minutos después, asegurar misericordia por los pecados que has cometido y condena para aquellos “lejanos”. Que no digas: ¡Todos estamos llamados a la santidad! Para, minutos después, bajar la vara para los prelados, ministros, amigos tuyos.

Solo espero que seas más congruente, aunque intentándolo tengas que perder algunas cosas, aunque probando caminos te equivoques dos o tres veces, aunque dando pasos te hieras un poco. No importa si hace falta herir al orgullo y la “buena” fama que tienes siempre y cuando busques ser más como Jesús.

by Nacho Arteaga on Unsplash

No te resistas al Espíritu que tantas veces has invocado. Hoy, sigue hablando, sigue impulsándote, sigue animándote, déjate llevar aun cuando sea lejos de las certezas bien construidas y predicadas que haz logrado hacerte durante muchos siglos. Al menos, serás más pobre porque solo lo tendrás a Él, al menos serás más valiente porque todo lo esperas de Él, al menos serás más evangélica porque sabrás que el Reino requiere unas cuantas renuncias.

Solo espero que sepas ser más sinodal y que comprender que toca invertir la pirámide o porque no, destruirla. Empezar de cero, tal vez, como nuestros primeros hermanos que supieron seguir adelante siendo minoría. Solo espero que cuando te llamen al puesto de al frente digas: ¡No! Mi lugar es el último. Que cuando pregunten ¿Dónde está la Iglesia? Todos podamos señalar con el dedo: ¡Allá! ¡De última! ¡Sirviendo!.

Solo espero que dejes de perseguir a todo aquel que te quiere ayudar sin temor a pensar distinto. Solo espero que te conviertas, todos los días y un poco más, al Reino. Que te perdones a ti misma por lo que das a conocer y que perdones a todos los que han sido un poco más duros de lo normal contigo, no esperes mejor cosa. Que sepas vivir la pobreza, la incertidumbre, la disminución de tu poder, con el espíritu del Evangelio, teniendo solo como riqueza a Jesús.

En últimas, espero no decepcionarme más de ti. De tu terquedad. De tu soberbia. De tu incoherencia. Hazte un favor, lee lo que haz escrito. Estudia lo que haz dicho. No solo lo escribas en letras de oro y las selles con oraciones espléndidas ni con liturgias apoteósicas si al final tu misma harás que tus hijos no lean aquello que el Espíritu te impulsó a decir.

No seas causa de vidas rotas, sin sentido, amorfas, desordenadas en nombre de una supuesta misión. No te pongas, por favor, en el lugar de Jesús. Él es el Maestro, el salvador, el redentor, el que purifica, el que ama, el que perdona y tú solo sigues su misión porque, se supone, que haz aprendido a estar, primero que nada, cerca de Él. Escuchándolo a Él. No a tus seguridades y grandes proyectos de “evangelización” que nada tienen que ver con el mundo al que estás llamada a ser luz.

Quiero, con todo mi corazón, que recuperes la bondad y la creatividad que te hicieron nacer y sobrevivir a tantas y distintas situaciones que intentaron apagar este fuego. Que seas consciente de que aún falta mucho más por parecernos al proyecto del Reino. Que quizás a través del tiempo fuimos sistemáticamente alejándonos de eso, creyendo que nos acercábamos. Hoy, te haz dado cuenta que no, que necesitas otro rumbo y con esta crisis que vives, no puedo creer que no sea Dios mismo mostrándote un nuevo horizonte, una nueva tierra prometida, donde puedas vivir siempre con el primer y más importante criterio de la evangelización: el testimonio.

Hacen falta muchas personas llenas del Reino que lo construyan como realidad presente, todos te miramos a ti, pues has dicho que eres Madre y Maestra, a ver si contigo podemos aprender cómo ser esos ciudadanos del Reino. Te miramos a ti, pues has dicho que eres Misterio y que en ti podemos encontrar al Dios de Jesús y así, vivir como resucitados, amados, cristianos. Por favor, abre la puerta para los que quieren entrar y aprender de ti. Aunque eso signifique mostrar las malas prácticas que consolidastes como inamovibles. Tengo esperanza y a la vez desconsuelo y decepción. Pero bueno, eso es parte de ser discípulo de Jesús.

En fin, solo espero que cuentes conmigo, aunque muchas veces tendré que decirte que no estoy de acuerdo y en otras me faltará gratitud por lo que inspiras en mi, que cuentes con mis manos y con la de tantos otros que, por diferentes motivos, hemos decidido quedarnos. No para alardear de que seremos quienes te salvemos, querida Iglesia Católica, sino para que todos juntos nos sentemos a la brasa de nuestros errores y virtudes y pidiendo una vez más al que nos llamó, ¡Quédate con nosotros!, salir de nuevo con las manos llenas de Reino, Evangelio, Amor, Misericordia, Paciencia, Fraternidad y Jesús. A ver si, una vez más, lo intentamos y nos acercamos a lo que debemos ser siempre y en todos los momentos de la historia: La comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret.

________

Yo me atengo a lo dicho:

La justicia,
a pesar de la ley y la costumbre,
a pesar del dinero y la limosna.

La humildad, 
para ser yo, verdadero.

La libertad,
para ser hombre.
Y la pobreza,
para ser libre.

La fe, cristiana,
para andar de noche,
y, sobre todo, para andar de día.

Y, en todo caso, hermanos,
yo me atengo a lo dicho:
¡la Esperanza!

(Pedro Casaldáliga)


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