Calma Pueblo: ¿Quién sancionó a quién?

La Ley Mordaza ha creado un estado de miedo y vigilancia permanente en los medios

A este punto, alguien ya debió traer a la mesa la difusión de mensajes de odio en la radio como detonante del genocidio de Ruanda en 1994. La etnia tutsi prácticamente desapareció después de una transmisión ininterrumpida de furiosas arengas a través del medio de mayor penetración del país africano. Más de 800.000 personas fueron asesinadas tal como se instruía en la campaña radial: con garrotes y machetes y por el honor de los hutus. Este precedente comunicacional podría explicar el espíritu de los artículos 27, 28 y 29 de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (antes Ley Resorte, hoy Ley Resorteme y mañana, tal vez, Ley Mxyzptlk).

Se supone que estos tres artículos sancionan la promoción de odio o intolerancia por razones religiosas, políticas, por diferencia de género, por racismo o xenofobia. En alguna línea se castiga específicamente la discriminación, burla o desprecio contra menores de edad. Pero hay que ser muy lambiscón o descerebrado para tragarse toda esta falsa candidez y defender la aplicación de un instrumento de regulación de contenido mediático eminentemente dictatorial.

La Ley Mordaza, nombre que le queda mejor, nos ha sumido en el absurdo desde su aprobación en 2005. Las confrontaciones soeces, tan necesarias en las telenovelas, fueron sustituidas por silencios que modifican el sentido de las escenas dramáticas. En la era chavista, la villana articula la palabra “zorra” para que el televidente la lea en sus labios, ahora que no puede escucharla en horario supervisado. Poco a poco desaparecieron de la pantalla y de la radio cientos de términos de uso común: droga, prostituta, cerveza e incluso sexo. El lenguaje se reduce a lo que el buró narcosocialista determine. La Ley Mordaza ha creado un estado de miedo y vigilancia permanente en los medios. El brazo ejecutor es la nefasta Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), que no es una institución sino un órgano censor que se debe abolir inmediatamente en una eventual transición a la democracia.

Conatel ha sacado del aire canales de televisión por suscripción, emisoras de larga trayectoria, programas de opinión, de entretenimiento e incluso enlatados internacionales inofensivos. Todos le temen a Conatel. Mientras trabajaba como reportero para una televisora local, me asignaron la cobertura de la incautación de un alijo dentro un Caprice amarillo que transitaba por la Troncal 9. En el guión de la noticia, detallé el hallazgo de marihuana y crack. Varios compañeros se escandalizaron. Desde que entró en vigencia la Ley Resorte, en este país no existe la marihuana ni el crack: se prefiere “sustancias estupefacientes, psicotrópicas y/o estimulantes”. Ignorar el alcance real de esta ley ha provocado una penetración de la neolengua chavista en nuestro oficio. El uso temeroso del lenguaje es una manifestación común de autocensura en los periodistas y en cualquiera que tenga acceso a un micrófono para la difusión masiva.

Es natural entonces que se aplique la Ley Mordaza en el caso de Calma Pueblo, el último programa radial en salir del aire por un proceso administrativo de Conatel contra la emisora La Mega. El espacio, conducido por Verónica “La Vero” Gómez, José Rafael Guzmán y Manuel Silva, satiriza la realidad desde cierto humor que solo funciona cuando genera incomodidad en la audiencia. En la emisión que provocó a Conatel, los conductores reciben una llamada telefónica de un niño de siete años que se presenta como Alejandro. Empiezan con un cuestionario clasista sobre el tipo de vehículo que usan para llevarlo a la escuela o los desayunos en su lonchera. “La Vero” plantea temas inalcanzables para un niño, como la escasez de gasolina. Luego, le pregunta si quiere tener bigote (como Maduro) y lo conmina a definirse como oficialista u opositor. Siguen con su deporte y su jugador favorito. “La Vero” le da a elegir entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Alejandro prefiere a Ronaldo. “Ah, gay”, se lamenta la presentadora al aire. “Dios ha sido tan sabio al no darme fertilidad”, continúa.

El chiste de “La Vero” sigue una lógica bastante extendida en nuestra cultura: Un niño podría ser gay solo por preferir a Cristiano Ronaldo. Su gusto por este futbolista lo llevaría a “sacarse las cejitas”, ser homosexual, ser una vergüenza para su madre. Algo grave en este caso, más que la reacción de Conatel al chiste, más que la reacción de Twitter al chiste que es Conatel, es la sanción heterosexista detrás del chiste y cómo casi todos han terminado reafirmándola. En el video anterior se aprecia claramente que lo primero que merece un comentario del oficialista Ernesto Villegas es la definición política a la que someten a Alejandro. El chiste homofóbico es un buen tema para atacar a un medio privado, pero no es el primer tema. Me aventuro a decir que sin la pregunta sobre el bigote, Conatel hubiera “tolerado” el episodio.

“La Vero” hizo un chiste al aire. Como todos los días. Y el humor conlleva una responsabilidad mayúscula porque puede ser denigrante y deshumanizante. Lo sabemos quienes disfrutamos de espacios como Calma Pueblo. La respuesta no puede ser eliminar de un plumazo aquello que nos incomoda. Pero la libertad de expresión no tiene ni la más mínima cabida en dictadura. Ni la responsabilidad (la verdadera, la de cada uno, jamás la que proclama la Ley Resorte). Si nuestra situación fuera otra, Alejandro recibiría una disculpa por no poder expresar su gusto por Ronaldo sin ser juzgado con una broma prejuiciosa y el programa seguiría al aire sin la intervención de ningún aparato de censura.

Discúlpanos, Alejandro, por este país de mierda.

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