No: Snapchat no te proporciona privacidad ni autodestruye tus contenidos

Muchos conocemos la mítica figura del “Big Brother”, asociada al famoso libro de Orwell. La utilizamos frecuentemente para referirnos a esa distopia que podría llegar a convertirse en realidad si decidimos renunciar a nuestra privacidad en la red.

Pero algo menos conocido es el término “Little Brother”. Mucho más sutil y peligroso. Representado y hecho realidad ya a través de ese aparatito panóptico que todos llevamos en el bolsillo y usamos para hacernos selfies o publicar fotos de nuestros hijos.

Este aparatito se conecta, sin que nosotros lo sepamos, cada cinco minutos a un montón de servidores enviando datos de nuestra posición, así como metadatos asociados a nuestra actividad que en realidad no son más que concretos y veraces registros circundantes que dan a las empresas un montón de valiosa y íntima información acerca de nosotros. No busques en el menú la opción para que tu aparatito deje de hacerlo: es mentira. Sólo está ahí para crearte una falsa sensación de seguridad.

Las empresas, a través del Big Data, ya son capaces de establecer un nexo terriblemente preciso entre el mundo digital y el físico. Quizás hayas decidido negar esta realidad, o quizás no te preocupe. Pero al menos, sería deseable que no vendiéramos a nuestros amigos aplicaciones como Snapchat bajo el pretexto de supuestas bondades como “redes sociales seguras” o “redes donde puedes ser libre”.

Snapchat, esa red social en la que puedes practicar cibersexo y colgar fotos de tus hijos “de manera segura” y a partes iguales.

Tengo amigos que utilizan Snapchat porque el hecho de que autodestruye los contenidos les proporciona una mayor sensación de seguridad, ya que no se crea un rastro de lo que publicas. Esta (falsa) sensación de seguridad es la que luego les anima a publicar fotos íntimas, vídeos de sus hijos, o comentarios y actitudes que por su naturaleza no publicarían en otras redes.

Cuando comento estos temas con algunos amigos míos aficionados a las redes sociales, alertándoles del peligro de su uso indiscriminado, siempre obtengo la misma negación:

No soy lo suficientemente importante como para que me vigilen

¿Seguro?

Quisiera compartir con vosotros la historia que cuenta el motivo por el que sólo el 10% de los judíos holandeses sobrevivieron a la 2ª Guerra Mundial:

El motivo es simple y llanamente, que unas décadas antes de la invasión por parte de Alemania, el gobierno holandés había decidido crear un censo con datos personales de su población.

Por entonces el gobierno holandés decidió que podía ser útil registrar la orientación religiosa de sus ciudadanos, de cara a agilizar los trámites en los funerales.

Este registro sería posteriormente recuperado por los nazis para localizar los apellidos de origen judío y llevarlos a campos de exterminio.Los aliados emplearon ingentes recursos en tratar de evitarlo, sin éxito.

¿Hemos aprendido de este error?

Hoy, con todos nuestros datos perfectamente automatizados, estructurados y distribuidos, tenemos que estar seguros de que cualquier información nuestra que está en la red, por muy íntima o secreta que sea, va a volver a resurgir en algún momento, y no lo podremos evitar: ese Whatsapp a tu amante a espaldas de tu mujer, esa conversación privada en Facebook en la criticabas a alguien, esa opinión política que sólo compartes con ciertas personas en tus redes sociales, esas fotos de tus hijos…todo.

Incluso aunque te esfuerces en no dejar rastro en la red, hay estudios que estiman que tus datos ya figuran en unos 500 ficheros (policía, seguros, bancos, bases de datos de marketing…).

Por tanto, deja de regalar tu información a cualquier empresa de manera gratuita e incondicional. Y si decides hacerlo, al menos pregúntate antes:

  1. ¿Qué (mal) uso le podría dar alguien en el futuro a esos datos?
  2. ¿Qué pasaría si estos datos que hoy considero privados mañana se hicieran públicos?
  3. ¿Puedo garantizar que el escenario de los próximos años será tan halagüeño como el actual? ¿Esos datos podrían llegar a ponerse en mi contra en otro contexto?
  4. Si mañana dejáramos de tener una democracia: ¿el acceso de alguien a esos datos me podría costar caro?
  5. ¿Habrá el día de mañana una tecnología superior a la de hoy que podría permitir extraer de estos datos conocimientos mucho más precisos e íntimos acerca de mí o mi familia?

Algunos datos sobre la supuesta privacidad de Snapchat

Quiero aclarar que con este artículo no quiero demonizar a Snapchat. No es ni mejor ni peor que otras redes sociales en cuanto al uso que realiza de nuestros contenidos. Pero sí creo que mucha gente se engaña por la falsa sensación de seguridad que proporciona esa original feature que consiste en que lo que publicamos se autodestruye al día siguiente. Unas pinceladas para matizar esto:

  1. La licencia que das a Snapchat sobre tus contenidos les permite ahora alojarlos y almacenarlos. Es decir: el contenido que en teoría has eliminado, podrían dejarlo guardado en sus servidores (me podría jugar10 euros contigo a que es así) a pesar de que tú no lo veas en tu perfil.
  2. Snapchat y sus socios comerciales (no citados en las condiciones) podrán usar tu nombre, aspecto y voz en cualquier contenido compartido en sus canales públicos, presentes o futuros, de forma indefinida y gratuita. Por supuesto no te pagarán por eso que compartiste si al final acaba en un anuncio del socio comercial.
  3. Todo esto es aplicable a usuarios a partir de 13 años!!
  4. Nada más darte de alta, ya tienes que dar un nombre de usuario, tu número de teléfono, una contraseña, un correo electrónico y tu fecha de nacimiento. Sin embargo, en el mismo momento en que empiezas a usarlo ya proporcionas mucha más información en forma de “metadatos”: navegador web, idioma, dirección IP, listado de páginas vistas, mensajes enviados, a quién, hora y fecha, con quién intercambias más mensajes, dispositivo usado, tu sistema operativo, tu dir. MAC e IMEI o información de diagnóstico en caso de error, las Live Stories consultadas, tu localización en función del giroscopio, el acelerómetro y otros sensores de tu dispositivo, los filtros vistos, las búsquedas realizadas o los identificadores únicos de apps, aplicaciones que tienes instaladas en tu móvil (en caso de error en la app.), nuestras fotos, nuestros contactos, nuestros datos de geolocalización, los filtros que utilizas. (fuente).
  5. Gran parte de esta información queda también almacenada en la caché de tu dispositivo y es accesible por quien te robe el móvil.
  6. Tus datos se almacenan y tratan en Estados Unidos y “otros países” (sin especificar).
  7. No pienses sólo en el uso que se le podría dar ahora mismo a toda esa información, porque te quedarás corto, y porque también tienes que tener en cuenta el uso que se le podrá dar con la tecnología del futuro, ya que tus datos no se van a borrar: quedarán en la red para siempre.
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