F*ck me. I’m Tweetstar.

RocketBoy21 se despertó tendido sobre la cara moqueta de la suite Roosvelt que coronaba la planta treinta del hotel Stardust de Las Vegas, Nevada. Desorientado y con dificultad para respirar trató de hacer memoria para intentar recordar si un camión le pasó por encima la noche anterior. No visualizó ningún vehículo de tracción motora, pero lo que si recordó fue alcohol, mucho. Y gruppies enloquecidas. Un rápido barrido visual por la habitación lo confirmó. Allí estaban las gruppies alcoholizadas. Inconscientes. O muertas. Comprobarlo no era su prioridad en esos momentos. Haciendo un esfuerzo herculiano logró incorporarse, no sin antes tambalearse y despedirse de unas cuantas neuronas ya difuntas.

Por lo visto la fiesta de presentación de su último tuit debió ser una locura.

Su gira por todo el mundo estaba siendo agotadora. Su último tuit estaba causando furor entre sus followers y los retweets y favs se sucedían de manera vertiginosa. Ya era un tweetstar reputado pero aquella última genialidad de 132 carácteres le estaba lanzando más allá del estrellato. Alcanzaría la estratosfera para reclamar su sitio entre los más grandes de Twitter.

Su representante Mr_Reprezent era como un hermano para RocketBoy21. Siempre estaba ahí y le aconsejaba de manera sabia y acertada. Unos consejos que RocketBoy21 no siempre aceptaba de buena gana. Sentiría vergüenza de estar en aquella habitación en esos momentos.

RocketBoy21 se puso su bata de algodón egipcio, cortesía de una conocida marca en reconocimiento a la promoción de sus productos que el tweetstar hizo hace algún tiempo en su Timeline. Se puso sus deportivas de diseño, personalizadas exclusivamente para él y se dispuso a salir a hurtadillas de la suite para no arrancar de los brazos de Morfeo a ninguna de las followers que pudiese entorpecer su camino pidiéndole un autógrafo en sus turgentes senos o una sesión de sexo matinal para poder contarlo en su blog. Necesitaba conectar con el mundo real y abandonar por un momento el aire enrarecido con olor a bodega cerrada de aquella habitación abarrotada de fans y cuerpos inmóviles y exquisitos repartidos de manera aleatoria pero extrañamente uniforme por todas las superficies horizontales de la estancia.

Cruzó la puerta y dos guardaespaldas que custodiaban su suite se cuadraron en un acto reflejo de corte militar. Uno de ellos sostenía un periódico bajo el brazo. La portada era visible, al menos en parte. Mostraba una foto con un generoso tamaño. Suficientemente grande para que RocketBoy21 se percatase de que se trataba de su avatar. La imagen que le representaba en su vida virtual dentro de Twitter. Con un ademán serio e inquisitivo extendió la mano, como quien lanza una orden a un amaestrado rottweiler. El guardaespaldas alargo su brazo con el periódico en el extremo acompañado de una ligera inclinación sumisa de cabeza y un “Buenos días señor RocketBoy21". La noticia rezaba así:

“¿ES ROCKETBOY21 LA NUEVA SUPERNOVA DE TWITTER?
El talento de este tweetstar siempre ha sido sobrevalorado. Su último tweet, que causó gran expectación entre sus followers, no hace más que confirmar que su ingenio se disipa como el calor emitido al morir una estrella que ha brillado de manera muy intensa, si, pero brevemente. Que se prepare RocketBoy21 de una fuga masiva de followers buscando nuevos tweetstars emergentes.”

La cara de RocketBoy21 hablaba por si misma. Su rostro se estaba volviendo rojo. Rojo como un botón de unfollow cuando posas el cursor sobre él. Rojo rabia. Rojo fuego. Como un volcán a punto de entrar en erupción. La furia recorría todas y cada una de las venas de su cuerpo. No había estado los últimos tres años escalando posiciones en la jerarquía de Twitter ganándose el favor de los demás tweetstar y followers, devolviendo y esquivando mongoreplies con la maestría de un campeón de esgrima que empuña argumentos en vez de florete para que ahora viniese un crítico de redes sociales de tres al cuarto a ningunear su trabajo.

Volvió a cruzar la puerta de su habitación. El olor a tequila y perfume barato no ayudaba a calmar los nervios. RocketBoy21 rebuscó entre las sábanas de su cama redonda intentando encontrar su iPhone 6 con carcasa de oro. Quería hablar con su representante, Mr_Reprezent. Esto no podía quedar así. Removería cielo y tierra para que los administradores de Twitter cerrasen de una vez por todas la cuenta de aquel crítico. Nada ni nadie escaparía de su furia. Era un torbellino de destrucción imposible de detener. Sus manos, a tientas entre las sedosas y caras sábanas no encontraron su móvil, pero dieron con algo que podría aletargar y calmar su sed de venganza durante unos momentos. Drogas. De las duras.

Los titulares de los periódicos y de los blogs del día siguiente no comentaban otra noticia. RocketBoy21, una vez más, volvía a ser trending topic.

HALLAN EN UNA HABITACIÓN DE HOTEL EL CUERPO SIN VIDA DEL FAMOSO TWEETSTAR ROCKETBOY21 DURANTE LA GIRA DE PRESENTACIÓN DE SU ÚLTIMO TWEET.
RocketBoy21 fue hallado muerto en la bañera de su suite con indicios que podrían confirmar una sobredosis por consumo de sustancias ilegales. Se rumoreaba que el conocido tweetstar se encontraba bajo mucha presión fruto de la estresante presentación de su último éxito que sigue cosechando retweets y replies críticos a partes iguales. Las followers que hallaron el cadáver mostraban claros síntomas de ataque de ansiedad y tuvieron que ser atendidas por los servicios de urgencias. “En el fondo, cuando le llegabas a conocer y conectabas con él era una persona muy cercana. Le echaremos de menos en nuestro Timeline de Twitter”. Declaró FoxySweet. Se ha declarado cinco minutos de silencio y un hashtag honorífico en la red social como muestra de respeto y para honrar su memoria.