Los Raiders, a la deriva

Las decisiones de Jon Gruden comprometen la temporada de los de Oakland

Alejandro Gómez
Sep 3, 2018 · 3 min read
Gruden, ayer en rueda de prensa | Fuente: Raiders.com

Los Raiders son piratas. No hay duda. Se mueven por impulsos guturales, en expediciones suicidas hacia El Dorado, el Santo Grial o lo que sea que busquen. Luego, llegan al destino, ven que la mitad de la flota ha desaparecido y se echan las culpas los unos a los otros. Esto es, sin lugar a dudas, el Silver and Black: un barco a la deriva a manos de Jon Gruden y Reggie McKenzie.

Porque lo que vimos hace unos días no es normal, a menos que intentes por todos los medios hundir el barco de la franquicia. El traspaso de Khalil Mack nunca puede salir bien. No puedes vender a uno de los mejores pass rushers de la liga. Así de simple. Es un jugador tan diferencial que traspasarlo por dos primeras rondas y creer que puedes mantener el nivel de la defensa — o encontrar a su sustituto en el draft — es una quimera y una utopía de dimensiones estratosféricas. Pues bien, haciendo honor al nombre del equipo, los Raiders atacaron cualquier ápice de sensatez y acabaron por vender a Khalil Mack.

Lo que era un traspaso malo se convirtió en un traspaso terrible cuando se confirmó: los Raiders daban también una segunda ronda del draft de 2019. Este hecho abrió, para el equipo y sin remedio alguno, su caja de Pandora particular.

Los aficionados no sabían si era una broma de mal gusto o realmente estaban ante el peor traspaso de la historia de la NFL. Hasta los propios jugadores se permitieron el lujo de reaccionar en Twitter ante la decisión de Gruden y cía.

Pero, por desgracia, eso no fue todo. Como si de una epopeya distópica se tratase, los Raiders comenzaron a escribir la historia del sábado. De perdidos al río, debieron pensar. En una acción inverosímil y de dudoso sentido común, se lanzaron a por AJ McCarron, el quarterback suplente de los Bills. Es cierto que Cook y Manuel no habían cuajado una buena pretemporada, pero el movimiento se tornaba un tanto precipitado. Y no solo eso, sino que se dejaron una quinta ronda por el camino. La regalaron, mejor dicho. Además, la decisión es de una volatilidad alarmante, ya que incorporas a un QB suplente que no tiene ni idea del playbook a una semana del comienzo de la liga.

AJ McCarron, en pretemporada con los Buffalo Bills | Fuente: Bleacher Report

En este punto, el parapeto en el que se sostenía el Black Hole no solo se había caído, sino que muchos se habían marchado ya a apoyarse en otro.

Pero había más. En toda odisea pirata hay giros de guión inesperados, misterios imposibles y decisiones incoherentes. Esta, por supuesto, no iba a ser menos.

¿Os acordáis de Martavis Bryant, aquel wide receiver por el que los Raiders dieron una tercera ronda en abril? Pues bien, lo cortaron ayer. Algunos problemas de drogas y una más que posible suspensión por parte de la NFL acabaron por determinar la situación. Sin embargo, una duda asalta al mundo del football: ¿no se veía venir? Se perdió cuatro partidos en 2015 y toda la temporada 2016 por violar la política de sustancias prohibidas de la liga.

Martavis Bryant, en la previa de un partido | Fuente: One News Page

En definitiva, y para recapitular, vemos como en 24 horas los Raiders han perdido a Khalil Mack, a Martavis Bryant, una segunda y una quinta ronda de draft. Pero lo más importante: han perdido el norte. McKenzie es una marioneta al lado de Gruden. Tiene las manos atadas. Ha proclamado al capitán de su barco por ¡diez años!, y ya no hay vuelta atrás. Y, aparentemente, Jon Gruden surcará el mar de la NFL sin brújula y sin timón. Las Vegas queda muy lejos aún, y no se sabe en qué condiciones llegará el barco; mucho menos la tripulación.

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