Modern Lazarus, una crónica.

I

Sé que a esta altura se ha convertido en un fenómeno global y que son muchas las historias que se han escuchado sobre esto. Algunos dudan de su veracidad (Cosa que creo válida) pero hay otros que han organizado un circo alrededor de todo esto, una religión cada vez más creciente que se ha convertido en la burla de los medios masivos de comunicación de todo el mundo y de la opinión pública en general… y esto nunca se trató de la gente en general ¿No es cierto?

El primer registro del que se tiene conocimiento data de enero de 2020. Si bien hay una carga simbólica en ese mes en particular y el cambio de década puede dar a varias interpretaciones, es el lugar donde ocurrió por primera vez que tiene poco sentido.

Sí, es cierto, Él no era un desconocido en esa tierra, se presentó en el Rod Laver Arena en febrero de 2005, en el marco del Reality Tour donde abrió con “Rebel Rebel” y cerró con “Heroes”, luego regresó al escenario y abrió el encore con un cover de Harrison “Try Some Buy Some” y finalmente, cerró con Ziggy. También hubo un seminario en el ACMI, después del fallecimiento donde hablaron sobre su vida y obra, organizado por una profesora de ciencias cinematográficas de la Universidad de Melbourne donde se intentaba echar luz sobre su trabajo haciendo un exhaustivo análisis del ídolo desde su vestimenta, maquillaje, sexualidad, religión, películas, arte, fotografía, androginia, escándalos, prosa, drogas y teatralidad. Al mismo tiempo buscaba estudiar la forma en que fue construida su imagen alrededor del tiempo, gracias al marketing, sus apariciones mediáticas, la publicidad, etc. A todo esto sumen una exhibición póstuma con fotos que cubrían cada década de carrera, desde que comenzó con The King Bees hasta la salida del último disco: “Blackstar” Y un festival con bandas tributo en el aniversario de su muerte. O sea, lo mismo que ocurrió en todo el planeta desde el día que nos abandonó: todos los días, alguien estaba homenajeándolo.

No sabemos por qué ocurrió en Melbourne, pero sabemos que pasó. Y fue alrededor de las 2:00 de la mañana cuando Gregory Ozturk y Melanie Baddi, dos estudiantes de historia de la facultad local, llegaron a una fiesta que se hacía en el domicilio de otro estudiante, Johnny Morland, con la excusa de que sus padres no estaban. Lo curioso de aquella noche, fue que al principio, nadie pudo encontrar a Morland por ningún lado. Fue como si alguien hubiese iniciado la fiesta, dejándola en automático y todo siguiera su curso por sí solo.

Según la cuenta de Twitter de Ozturk (@GregOzz) sonaba Tv On The Radio y el lugar estaba lleno. Cada invitado había llevado alcohol a la canasta y pronto el lugar desbordaba de asistentes, hasta ahora, nada extraño. Media hora después de llegados, se dieron cuenta que la gente se agolpaba en el garaje de la casa. Ozturk y Baddi llegaron hasta ahí para ver el nutrido grupo que rodeaba algo que aún no podía ver. El lugar era muy chico y estaba muy mal iluminado, hasta que escuchó el acople de una guitarra eléctrica tocando Queen Bitch. Y escuchó la voz… y escuchó lo imposible.

“I’m up on the eleventh floor and I’m watching the cruisers below

Oh well her heart’s in the basement

My weekend’s at an all-time low…”

Sin saber muy bien qué era lo que estaba pasando, escribió un tuit bastante explícito:

“OMG NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ PASANDO ACÁ”

Pero su cantidad de seguidores (72) no era lo suficientemente grande como para generar ningún tipo de expectativa.

El próximo mensaje que subió fue una foto, diez minutos más tarde, que hasta ahora ha sido compartido por más de diez millones de usuarios de Twitter desde la cuenta original de Ozturk y viralizada por cada fuente informativa del planeta, primero como curiosidad, después como prueba fáctica de que algo extraño estaba sucediendo.

Ahí, en el domicilio de un chico australiano común y corriente, había un tipo idéntico a Él, al Hombre, al Mito, a la Leyenda, vestido con una remera de Iggy Pop, con el cabello rojo furioso batido fuera de tiempo y un rayo cruzado pintado sobre su huesuda cara. La misma cara huesuda. No estamos hablando de alguien parecido, estamos hablando de Él: de alguna forma, vestido como un chico cualquiera, un joven habitante del año 2020, pero que llevaba su misma cara, su mismo cuerpo, su misma voz, que se movía como el, que hablaba como él y que cantaba como él.

La foto de Ozturk fue estudiada exhaustivamente y se analizó y sobreanalizó y volvió a analizar en busca de una prueba de trucaje, de iluminación falsa, de pixeles sobreexpuestos, de algo que no tuviera que estar ahí… pero nadie encontró nada.

Esa misma noche, más tarde, hubo algún video, muy mal grabado en el garaje, bajo la pésima iluminación del lugar, donde la voz que se escucha es evidentemente la del Astro, la de un joven Ziggy Stardust, pero la mala calidad de los archivos, sumados al estado de alcoholismo de los presentes, los coros que saturaban el audio y la filmación fuera de cuadro, no dejó gran cosa excepto más interrogantes.

Si bien la situación se fue tranquilizando, a pesar de que mucha gente subió fotos con él, fotos impresionantes que te quitaban la respiración, los testimonios de Ozturk, Baddi y otros presentes certificados por las pruebas en las redes, cuentan que en un momento de la noche decidieron dejarlo en paz y que el tipo del rayo en el rostro se fue al balcón, alejado del resto, a tomarse una cerveza en paz.

Ozturk era un fan pero también era un bicho raro y parte de su admiración por Starman radicaba en esa alienación, en esa distancia, en el misterio que lo separaba del resto de la gente. Así que lo siguió y sin que se diera cuenta, lo observó en el balcón, cerveza en mano, llevándose un cigarrillo a la boca, mirando las estrellas y sonriendo.

Cuando me encontré personalmente con él, Gregory Ozturk me confesó que más allá de lamentar no haber pasado más tiempo con él, lo que realmente le entristecía era no haber podido inmortalizar esa imagen. El Hombre de las Estrellas mirando a las estrellas, con toda su humanidad encima y su extraterrestre personalidad en todo su esplendor.

“Esa imagen fue el auge. No podría haber sido más él que en ese momento. Es como si incluso hubiera sido más él que cuando estaba vivo, porque esa imagen era todo lo que creó alrededor de sí mismo, todo lo que nosotros construimos sobre el mito, las cosas que nunca se dijeron y las que todos nos aprendimos como si fueran parte de un evangelio. En ese momento, iluminado por las estrellas, una madrugada de Melbourne, Starman fue más Starman que nunca”

A partir de las 3:30 de la madrugada, las fotos con “El Hombre Que Cayó A La Tierra” son cada vez menos frecuentes y las pocas fotos que hay, ya no reflejan a la misma persona que el mundo entero admiraba, sino a alguien que nadie conocía.

“Es decir, nosotros lo vimos, hay fotos de eso, incluso hay videos, de muy mala calidad, pero existen y yo estoy seguro de lo que vi. También estoy seguro de lo que vi a continuación. Se habló mucho sobre esto, ya sabes lo que dicen, pero creo que no puedo apoyarme en ninguna de las teorías, porque por un momento fue Starman y más tarde era un tipo idéntico a Starman y unos minutos más tarde lo mirabas y pensabas “Es bastante parecido” y ya después de un rato y cada vez más apenado, veías a ese tipo que antes era un ejemplo de lo imposible ahora se parecía a alguien disfrazado, hasta que te dabas cuenta que el tipo era Morland, Johnny Morland, el dueño de la casa y ahí te dabas cuenta de que estaba panzón como siempre, que su pelo era castaño y que tenía los ojos verdes, que era un chico más de Melbourne, otro ser humano”

Era y dejó de ser, fue y ya no lo fue más. No hubo una transformación súbita ni un hecho mágico ni una situación fuera de este mundo. El efecto según Ozturk era que a medida que pasaba el tiempo, todo volvía a la normalidad.

“El tipo imposible desaparecía y desaparecía la atmósfera, las sensaciones de que todo podía ser posible y el recuerdo de lo que uno creyó que nunca iba a pasar y que evidentemente había pasado, porque las fotos estaban ahí”

“Como te decía, hay fotos” había explicado Greg Ozturk durante nuestra charla “Entonces pueden desconfiar de nuestros testimonios, decir que éramos un montón de chicos colocados, pasados de copas, con muchas botellas encima, pero no pueden hacerlo frente a las pruebas. Porque se demostró que fueron ciertas. Que el tipo que estuvo ahí era el Starman… pero después… después no estuvo más”

Un tiempo después de entrevistarme con Ozturk, me encontré con Johnny Morland. No fui el primero que lo reporteó ni seré el último, pero les advierto algo a los que periodistas e investigadores que viajen hasta Australia para entrevistarse con él: las serpientes son lo suficientemente grandes como para comerse un cocodrilo y Johnny Morland no recuerda nada de esa noche, absolutamente nada. No recuerda haberse teñido el pelo, dejárselo crecer hasta alcanzar ese batido imposible, ponerse lentes de diferentes colores, adelgazar milagrosamente 20 kilos para recuperarlos en una hora y principalmente, Johnny Morland no tiene idea de haber podido agarrar una guitarra, mucho menos tocarla. Créanme, he visto monos usando herramientas humanas de forma mucho más grácil y civilizada.

El caso Morland hubiera sido un enigma más de la era de Internet, como John Titor o el tipo que encontró un túnel hacia el futuro arreglando una cañería en la cocina y se sacó una foto consigo mismo, décadas adelante en el tiempo o el misterio del Mary Celeste, o los dibujos en los campos de maíz. Se debatió en la televisión, se difundió en cada computadora del mundo hasta que se volvió un meme más que fue perdiendo fuerza un año después.

Un año después fue exactamente cuando volvió a suceder. 2021. En una ciudad de Somalia.

II

Los que estudian la vida del Duque Blanco, o como lo llaman algunos “Blackstar”, “Lord Stardust” o “Lazarus” saben que la gran conexión de su ídolo con Somalia es a través de Mogadiscio, hogar natal de su esposa Iman Abdulmajid. Pero esto no sucedió en Mogadiscio, sobre las costas del Océano Índico, sino que ocurrió cerca de la frontera con Kenia, en la aldea de Hosingow. Verán, una cosa es aparecerte en Australia, donde te puede matar un canguro pero una mucho más distinta es aparecer en un país en construcción luego de una cruenta guerra civil. La historia, contada por su protagonista, el cronista Evan Gleezer, corresponsal de la BBC es lo suficientemente irreal para ser cierta.

“Llegué a Somalia después de año nuevo. No estaba trabajando para la BBC en aquel entonces y un amigo en Discovery me consiguió unas notas sobre el proceso de reconstrucción democrática en Somalia. Estuve unos días en Mogadiscio y luego hice un tour por las aldeas buscando historias de soldados y guerrilleros que hubieran peleado durante la guerra civil. Luego de unos días, encontré a un ex capital de las fuerzas del Congreso Unido Somalí (CUS), que en el 91 tomaron la capital del país y expulsaron al jefe de estado Mohamed Siad Barre.

Estaba ahí, en una aldea rodeado de muchachitos de la milicia armados con AK 47 y caras de fastidio, de demasiado cese al fuego, frente a un viejo curtido en muchas batallas, que se había tiroteado con guerrilleros y soldados por igual, un tal Daren Maisha y me contaba, en somalí, a través de Art Dean, un traductor, como expulsaron a las tropas estadounidenses en el 92, cuando de la nada, se detuvo, así, súbitamente y me pidió disculpas en un perfecto inglés. Recuerdo el rostro de sorpresa de Art cuando Maisha se retiró por un momento, desapareció a través de una puerta y cuando regresó… bueno, el uniforme seguía siendo el mismo pero… bueno, se puede imaginar mi rostro… Art y mi camarógrafo se miraron entre sí. Hasta los chicos de la milicia. Pueden ver en nuestra filmación, como uno de ellos (Se lo empezó a conocer como “Pen Pal”) tiró al suelo su rifle de asalto y salió corriendo a buscar una pluma para que le firmara un autógrafo… y era él. O sea… los tres somos ingleses. Era él. Con esa sonrisa que tenía en los videos y sus ojos de matón con heterocromía. Terry, el camarógrafo, casi se desmaya. Ustedes vieron el video, mierda, todo el mundo lo vio”

Glazzer cuenta que al principio no se le ocurrió decir nada. No podía, la imagen del tipo, era el mismo de “Modern Love”, “Fame”, con ese pelo platinado, peinado para atrás, engominado, robótico, sus rasgos tan ingleses, sus modos de hechicero, enfundado en el uniforme de un viejo soldado somalí… fue demasiado para él y su equipo.

Dicen que el Duque pidió una guitarra y de pura suerte, Pen Pal regresó, con un bolígrafo y una guitarra acústica que estaba impecable, regalo de un oficial de la ONU. El tipo la tomó con la fineza de un guitarrista de flamenco y comenzó a cantar las primeras estrofas de China Girl.

“I could escape this feeling, with my China girl

I feel a wreck without my, little China girl

I hear her heart beating, loud as thunder

Saw they stars crashing”

Todo quedó registrado en alta definición, a plena luz del día, rodeado de somalíes hechizados por la magia de un tipo que habían conocido toda la vida y que de un momento a otro, se había convertido en otro, al que conocía el planeta entero.

Cuando terminó de cantar, Glazzer intentó hacerle una pregunta y el solo lo miró y comenzó a tocar “Rock N Roll Suicide”.

“Él me sonrió con toda la confianza de que yo, un corresponsal de guerra, no iba a animarme a frenarlo para obtener respuestas ¿Y sabe qué? No lo hice. Y lo vi a Terry, a Art y al jovencito del bolígrafo y los tres lloraban y cuando llegó la parte de “Oh no, love, you’re not alone” yo también lloré. Y cuando tocó una versión acústica de “Valentine’s Day” esperé hasta que terminara y entre lágrimas le pregunté:

- Duque… ¿Es realmente usted?

Y él me miró con sus ojos mágicos y respondió:

- Evan, si te lo dijera ya no sería tan divertido.

Y apenas dijo eso, tomó el bolígrafo, devolvió la guitarra firmada y con una sonrisa satisfecha en el rostro se subió al jeep de Daren Maisha y aceleró a todo trapo. Lo perseguimos durante media hora por las rutas somalíes a través del desierto, hasta que el auto se detuvo y cuando fui a buscarlo, el hombre que bajó del auto, un somalí curtido en la guerra, que lo único instrumento que había empuñado en su vida había sido una ametralladora, me miró a los ojos con la inocencia de un niño y me preguntó en su idioma:

“Señor Glazzer… ¿Qué pasó aquí?”

Y Glazzer no supo qué decirle. Pero el video se viralizó lo suficiente como para que todo el mundo aseverara lo que había ocurrido. El tipo estaba vivo. De alguna manera iba y venía. Aparecía y se desvanecía. Estaba vivo, pero no. La gente sobre la que el… ¿Descendía? ¿Se materializaba? No recordaba nada de lo sucedido. Era como si no hubiera pasado nada. Pero las pruebas estaban ahí. Un Ziggy Stardust arrancado de los 70, en una fiesta en la ciudad de Melbourne en 2020. El Thin White Duke vestido como un soldado dando un pequeño concierto para milicianos somalíes en una aldea en medio del desierto. Estaba aquí. Estaba entre nosotros.

III

Para fines de 2021, la devoción por Starman había crecido tanto que los fieles comenzaron a congregarse y llegado diciembre, la Iglesia de la Estrella Negra contaba con numerosas sedes alrededor del mundo y más de cinco millones de fieles. Este crecimiento exponencial en sus filas no era algo descabellado, Blackstar era la única persona de la que había pruebas suficientes para afirmar que de algún modo volvió a la vida. Era más coherente creer en él que en otros supuestos resucitados.

La Estrella Negra era una organización polémica, sus fieles atestaban las redes sociales con sus avatares con una estrella oscura pintada sobre sus rostros, habían convertido las letras y dichos del Mayor Tom en una suerte de cánticos solemnes cual salmos sagrados. Anunciaron que en enero de 2022 celebrarían su primer “Invocación”, una reunión mundial de fieles que en cada una de las sedes entonarían los himnos en honor de su santo con la esperanza de que este “descendiera” sobre uno de los fieles y produjera el milagro.

“A nadie de la Iglesia le importa el espíritu del Duque, a nadie le importan las canciones ¿Entiendes?” me dijo Glazzer via Skype. “Lo único que quieren son las típicas respuestas que espera un devoto: ¿Que hay después de la muerte? ¿Para qué estamos en este mundo? ¿Sabes algo? Luego de lo que pasó en Hosingow, cambiaría cualquiera de estas respuestas por verlo tocar una vez más”

Unos días después de Navidad, se anunció que la sede de San Diego de la Iglesia de la Estrella Negra tendría su participación en la invocación en un inmenso teatro con capacidad para 10.000 personas.

Gilbert Hernandez, periodista y blogger, responsable del blog llamado “Modern Lazarus” había sido invitado por el líder de la Estrella Negra de San Diego para asistir a la invocación. Gilbert era uno de los realmente puristas, personas que como Gregory Ozturk, creían que el misterio de Starman era aquello que había que seguir honrando.

“Siempre me quedo pensando en esa foto que no saqué en la fiesta, la de Starman mirando a las estrellas mientras se fumaba un cigarrillo, pero creo que haber capturado ese momento con mis ojos fue mucho más importante. La intimidad que no se transmite a través de un flash, de un lente, de un filtro. Cuando recuerdo los rostros de aquellos que estábamos en el garage de Morland, no tengo que recurrir a ninguna iglesia. Fue algo mágico sin buscar la magia, fue el misterio, la sorpresa, lo impensable, algo que representaba a un artista que siempre aparecía con algo nuevo y sorprendente” reflexionaba Ozturk.

De todas maneras, Gilbert, purista o no, terminó aceptando la invitación, para enojo de sus lectores y allegados.

“Lo que vi en aquella aldea somalí no va a poder ser reproducido jamás por ninguna iglesia, por ninguna invocación, esa magia nunca va a poder reproducirse” sentenciaba Glazzer en una aparición televisiva.

El dia que la Iglesia eligió para la invocación fue el mismo en que el Mayor Tom se había despedido de la raza humana en 2016. Los puristas, los “verdaderos fans” de Starman, desde hacía varios años celebraban ese día con tributos y homenajes que abundaban alrededor del globo.

En Melbourne, Gregory Ozturk y Melanie Baddi organizaron una fiesta en casa de Johnny Morland que increíblemente había aprendido a tocar “Suffragette City” con la guitarra.

En Hosingow, Pen Pal tocaba el instrumento autografiado por el Duque para sus compañeros de la milicia y el viejo Maisha tarareaba sin saber aún una palabra de inglés.

En Londres, la BBC organizaba un festival tributo en el que iban a participar Brian Eno, Iggy Pop, Arcade Fire, Annie Lennox, Jarvis Cocker, Brian May, John Grant y otros artistas consagrados. Glazzer daría una charla junto a Frank Black de los Pixies, que además, tocaría algunas canciones de su amigo y colega.

Un amigo de Gilbert se había comunicado con él para invitarlo a un bar donde tocaría con su banda tributo a Starman. Gilbert se negó, alegando que iría a la Invocación y su amigo cortó la comunicación indignado. Entre su anuncio en el sitio de la cobertura de la Invocación de la Estrella Negra y el día del homenaje, lo habían bombardeado con quejas, ofensas y pedidos de recapacitación. Él era un verdadero fan ¿Cómo podía reducirse a eso? Pero la esperanza era más fuerte que él y dos horas antes de que comenzaran las celebraciones, se pintó una estrella negra en el rostro y se miró en el espejo.

No pudo reconocerse a sí mismo, vio una imagen en serie, clonada, repetida, un integrante más de la masa sin rostro que se iba a reunir esperando el milagro ¿Era realmente necesario esperar un milagro? ¿Valían más esas respuestas venidas de quien sabe dónde que su propia identidad?

Pensó en las palabras de Ozturk, de Glazzer, en el Pen Pal, en Johnny Morland y el viejo Maisha, en las lágrimas de Terry, el camarógrafo y de Art, el traductor.

Pensó en la foto en Melbourne que nadie tomó y en las preguntas que nadie hizo en Somalía. Pensó en Starman, en Blackstar, en el Duque y en el Mayor Tom. Pensó en el Lazarus del que escribía a Diario y en el New Killer Star y en Aladdin Sane y el Rey Gareth de los Goblins. Pensó en ese hombre que se llamaba Jones y que se convirtió en Él, la leyenda. El hombre que pasó de vivir en el futuro para vivir en la eternidad. Se miró al espejo y borró la estrella negra de su cara. Su rostro reflejado le devolvió una sonrisa.

Volvió a llamar a su amigo, pidiéndole disculpas por su actitud anterior. Este, un poco a regañadientes, terminó aceptándolas.

- Me alegro que hayas visto la luz, hermano — se burló su amigo.

- Si vi la luz, seguramente no fue la de la Estrella Negra ¿Te paso a buscar a las once?

- Nah, paso yo — contestó el otro — tu casa queda camino al bar.

- Espero que me sorprendas.

- Amigo, va a ser como si el Mayor Tom estuviera ahí.

Gilbert se sentó en su sillón a esperar a su amigo y pensó en que ninguna de las respuestas que pudiera dar Blackstar era más reveladora que el mero hecho de estar ahi. Si siempre se había rodeado de un halo de misterio ¿Que cambiaba ahora? Conociendo lo innovador que era el Duque, la resurrección podía ser simplemente un nuevo cambio de estilo, otro look para el futuro.

La puerta sonó tres veces, el clásico saludo de su amigo. Gilbert abrió la puerta y…

Se habrán dado cuenta que en este último tramo abandoné el rol de cronista intentando narrar esto en tercera persona, desde la imparcialidad, pero demonios, soy Gilbert Fernandez y aunque esto esté saliendo en otro lugar que mi blog, es importante que me pueda manifestar libremente, desde lo que mi corazón vivió esa noche. Es la única manera en la que pueda reproducir todo lo que sentí.

Ahí, vestido como mi amigo, parado en el umbral de mi puerta, con una guitarra eléctrica en una mano y un pequeño amplificador en la otra, tenía enfrente mío al hombre al que dedicaba horas y horas de investigación, todos los días de mi vida. El hombre, la leyenda, el futuro encarnado.

- ¿Vas a invitarme, Gilbert o tengo que tomar una forma más aterradora? — dijo por primera vez.

Su voz era la de un hombre maduro, su rostro curtido, cabellos largos y rubios peinados hacia atrás y barba de unos días, tan impecable como en las fotos y ahora enfrente mio.

- Si te deja más tranquilo, puedo tomar la forma de un cuervo y atormentarte desde un busto de Pallas Atenea — se burló.

- ¿Qué? — dije, con el cerebro apagado.

Y así fue, con una risa, como el Duque entró a mi casa y comenzó a tocar algunas de sus canciones y su único público fui yo y todo quedó grabado con mi celular. Mi comedor, mi viejo sillón y Starman cantando un cover de “Across The Universe”, “Drive In Saturday” (Se pueden escuchar mis horribles coros de fondo) y terminando con “Ashes to Ashes”

Cuando finalizó, enfundó la guitarra, desenchufó el amplificador y se puso el abrigo.

- ¿No vas a cambiarte? — preguntó — esto fue un precalentamiento, todavía falta el espectáculo.

Mucho se ha hablado sobre la última aparición de Starman, hace solo tres semanas atrás, en enero de 2022. De cómo se presentó en un bar a una manzana de un teatro repleto de gente que pretendía “invocarlo”, ignorándolos completamente. De la banda tributo que no podía salir del trance de tocar con el. De las 30 personas que estaban en ese bar, ahora llamados “Los 30 De La Suerte” De las dos horas seguidas que tocó y cómo la gente, entre tema y tema quería hacerle preguntas y el los tapaba con un riff furioso o un golpe de piano y de la ironía final, cuando antes de que mi amigo vuelva a ser él mismo, tocó “Who Can I Be Now”

Please help me

Who can I be now? You found me

Who can I be? Fell apart, you found me

Now can I be now? You found me

Now can I be real?

Can I be real? (Somebody real)

Antes de que su rostro comience a rejuvenecer, a adoptar el tono afroamericano de mi amigo, a bajar de estatura y su voz se tornara más rasposa, se despidió con esta frase:

- No puedo esperar a verles las caras cuando vean a Freddie.

No tengo más preguntas en mi cabeza, ya no tengo dudas, como el estudiante de Melbourne o el corresponsal en Somalía, solo comparto un mismo sentimiento: agradecimiento de que cada tanto vuelva a estar entre nosotros. Estuve ahí. Lo viví. Ya no soy el mismo. Hoy, las estrellas lucen muy diferentes y el planeta Tierra es más azul que nunca.

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