Realmente Humanos.

Me encantan las comedias románticas. Creo que debo haber visto “Realmente Amor” un millón de veces. En realidad, me gustan esas películas a las que llaman “Feel Good Movie”, que cuando las terminas de ver te dejan con una sonrisa marcada en la cara por un tiempo. La clase de películas, cuyo único error, son las expectativas que a nosotros nos genera el romance real, el que no tiene libreto. Pero me gustan las comedias románticas y creo que a veces hay un poco de esa magia en el mundo.

En Los Gigantes, Hipólito dice que en la vida real la gente no se da vuelta una vez que dice “Adiós” como en esas películas, donde les cae la ficha definitiva, la ficha que te hace jugarte por alguien. Ese momento donde alguien persigue a otro a una terminal de micros o un aeropuerto para decirle todo lo que siente. Yo no comparto esa idea. Para mi hay momentos mágicos e inexplicables en los que las personas se convierten en seres de ficción. En el buen sentido lo digo, cuando lo errático de la conducta humana estalla en momentos adorables y sumamente sensibles. Cuando la gente realmente se juega.

Creo que por eso me gusta tanto la comedia romántica. Y creo que por eso me gusta tanto “Realmente Amor” porque me ayuda a creer que a veces, nosotros, estoicos y aparentemente pétreos seres humanos, muy temerosos de jugárnosla, nos la jugamos y eso es maravilloso, porque nos volvemos adorablemente frágiles, adorablemente tontos y adorablemente enamorados.