Esté dispuesto a ayunar por la misión

Isaías es un libro que nos muestra a Jehová como Rey que gobierna toda la historia de la humanidad. Él conoce todo lo que es desde el principio, y también sabe el final de las cosas.

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”. Isa. 46.9–10.

Este libro fue escrito aproximadamente 150 años antes de la cautividad babilónica que encontramos al final del libro 2 Reyes. Isaías predicó durante los gobiernos de Uzías (conocido también como Azarías), Jotam, Acaz y Ezequías en Jerusalén (Isa. 1.1), aproximadamente entre 740 y 680 a.C. De estos reyes, tenemos buenas referencias con la excepción de Acaz (2Rey. 15.1–3, 32–34; 16.1–4; 18.1–8), sin embargo Judá estaba poco a poco cayendo en los mismos pecados que las 10 tribus del Norte, y por ello les viene esta fuerte reprensión por medio de Isaías.

“¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás”. Isa. 1.4.

El objetivo de Dios al enviar a Isaías era que el pueblo se arrepintiera y se volviera a Él:

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Isa. 1.18.

Isaías es el libro en donde se encuentran más referencias a la obra redentora del Mesías. Además, su estructura es similar a la de la Biblia como un todo, pues los primero 39 capítulos conforman la primera parte, de amonestación y denuncia, y los últimos 27 capítulos corresponden a la segunda parte, de liberación y consuelo.

Ahora, como parte de estas instrucciones para el pueblo de Israel (“la casa de Jacob”), el pasaje que encontramos en Isaías 58.1–12 es una corrección relacionada con la práctica del ayuno. Hoy en día es común que las personas de diferentes iglesias practiquen ayunos con diversos fines y propósitos, asumiendo a priori que es una disciplina piadosa.

Sin embargo al igual que en cualquier área de nuestra vida, es importante que nos acerquemos a escudriñar la Biblia para ver lo que tiene que decirnos con respecto al ayuno, porque si no tenemos cuidado podríamos estar cayendo en prácticas que son simplemente tradiciones de hombres, o quizá estemos torciendo un concepto bíblico para entenderlo de una manera equivocada.

Debemos conocer a Dios y cómo piensa a través del estudio de la Biblia, para que actuemos conforme a Su voluntad.

“Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Ef. 5.17.

Alguna gente piensa que acompañando su oración con ayuno logran “convencer mejor” a Dios para que les responda positivamente sus oraciones. Otros ayunan porque esto los hace sentirse “espirituales”, o creen que de esta forma se purifican. Pero realmente ¿qué dice la Biblia?

Entonces lo que quisiera hacer es presentar un estudio de los pasajes que tratan este tema, para que el lector determine si el ayuno es una práctica instituida y/o aprobada por Dios, y de qué forma se relaciona con nosotros los cristianos.

Este no es un artículo corto, ni superficial. Si en verdad le interesa el tema le invito a que aparte un tiempo para revisar y confirmar en la Biblia los puntos que aquí expongo.

Lista de Referencias Bíblicas

Primeramente sacamos la lista de todas las veces que se menciona la palabra “ayunar” en la Biblia:

  • Jueces 20.26. Los israelitas ayunaron luego que los de Benjamín los derrotaron por segunda vez en Gabaa.
  • 1 Samuel 7.6; 31.13. Samuel reunió a Israel en Mizpa para que dejaran los ídolos, y ellos ayunaron. Luego, los de Jabes de Galaad ayunaron siete días por Saul y sus tres hijos luego de sepultarlos.
  • 2 Samuel 1.12; 12.16, 21, 22, 23. David y sus hombres lloraron y ayunaron por Saul y por Jonatán. Luego David ayunó mientras oraba por el hijo que concibió Betsabé mientras aún era esposa de Urías.
  • 1 Reyes 21.27. Acab ayunó luego que Elías le dio la palabra de parte de Dios que estaba determinada para él.
  • 1 Crónicas 10.12. Paralelo con 1 Samuel 31.13.
  • Esdras 8.23. Esdras ayunó junto con los que regresaban del cautiverio, para orar por el favor de Dios.
  • Nehemías 1.4. Nehemías ayunó y oró cuando supo que la cuidad de Jerusalén estaba en gran afrenta.
  • Ester 4.16. Los judíos de Susa ayunaron y oraron, antes de Ester ingresara se mostrara delante del rey Asuero.
  • Isaías 58.3, 4. Dios da instrucciones claras a Israel con respecto a lo que espera sobre el ayuno.
  • Jeremías 14.12. Dios afirma no escuchar los ruegos del pueblo cuando ayunen.
  • Zacarías 7.5. Israel celebraba un ayuno el mes séptimo recordando el asesinato de Gedalías (2Rey. 25.23–25).
  • Mateo 4.2; 6.16–18; 9.14–15. Jesús ayunó (no comió) 40 días y 40 noches. Luego dio instrucciones claras sobre el ayuno que agrada a Dios. Jesús y sus discípulos no ayunaban.
  • Marcos 2.18–20. Paralelo con Mateo 9.14–15.
  • Lucas 5.33–35; 18.12. Paralelo con Mateo 9.14–15. La historia del fariseo y el publicano.
  • Hechos 13.2–3. Antes de enviar a Pablo y Bernabé, la iglesia de Antioquía oró y ayunó pidiendo dirección de Dios.

También debemos estudiar las menciones de “ayuno”:

  • 1 Reyes 21.9, 12. Jezabel proclamó ayuno en su perverso plan para que mataran a Nabot y dieran su viña a Acab.
  • 2 Crónicas 20.3. Josafat hizo pregonar ayuno en Judá.
  • Esdras 8.21. Esdras publicó ayuno junto al río Ahaba cuando regresaban del cautiverio.
  • Nehemías 9.1. El pueblo oró y ayunó arrepentido luego que Esdras leyó la Ley en presencia de todos.
  • Ester 4.3; 9.31. Los judíos hicieron gran duelo y ayuno cuando supieron el decreto de Amán.
  • Salmo 35.13; 69.10; 109.24. David ayunaba aún por sus enemigos. También oraba y ayunaba cuando vituperaban a Dios. Era tan apasionado en su oración que le faltaban las fuerzas por el prolongado ayuno.
  • Isaías 58.3, 5–6. Dios da instrucciones claras a Israel con respecto a lo que espera sobre el ayuno.
  • Jeremías 36.6, 9. El royo que Jeremías le dio a Baruc debía leerse durante el ayuno que promulgaron en Jerusalén (diciembre de 604 a.C, posiblemente a causa de la conquista de Ascalón por parte de los caldeos).
  • Daniel 6.18; 9.3. Nabucodonosor perdió el apetito cuando metieron a Daniel en la cueva de los leones. Años después, Daniel oró y ayunó cuando leyó el libro de Jeremías y entendió que el fin de la cautividad estaba cerca.
  • Joel 1.14; 2.12, 15. Joel proclama ayuno a causa de la plaga de langostas. Luego Jehová envía palabra exhortando a convertirse de todo corazón, “con ayuno y lloro y lamento”.
  • Jonás 3.5. Los habitantes de Nínive proclamaron ayuno arrepentidos luego de Jonás les predicó.
  • Zacarías 8.19. Los ayunos se convertirán en días de fiesta cuando Israel sea restaurada.
  • Mateo 15.32; 17.21. Jesús no quería despedir a la gente en ayunas. Algunos géneros de demonios sólo podían ser expulsados con oración y ayuno.
  • Marcos 8.3; 9.29. Paralelos con Mateo 15.32 y 17.21.
  • Lucas 2.37. La profetisa Ana que reconoció a Jesús siendo bebé como el Mesías, hacía ayunos en el templo.
  • Hechos 10.30; 14.23; 27.9, 33. Cornelio estaba en ayuno cuando se le apareció el ángel. Pablo y Bernabé oraron con ayunos luego de asignar ancianos en las iglesias durante su primer viaje misionero. Luego en la nave alejandrina que iba para Roma los tripulantes estaban en ayunas debido a su preocupación por lo difícil del viaje.
  • 2 Corintios 6.5; 11.27. Pablo habla sobre sus padecimientos por causa de la obra, en los cuales incluye ayunos.

Hay varias menciones de “abstenerse” que se refieren a dejar de comer por alguna razón, pero no se refieren a ayunos. “Abstinencia” aparece únicamente una vez, pero Dios no había ordenado que se practicaran ayunos durante la cautividad.

  • Levítico 22.2. Los sacerdotes no debían comer las cosas santas dedicadas a Jehová.
  • Números 6.3. Sobre la consagración de Sansón, de no tomar vino ni sidra.
  • Hechos 15.29; 21.25. Sobre no comer lo consagrado a los ídolos.
  • 1 Timoteo 4.3. Sobre los que mandan a abstenerse de comer algunos alimentos. Está en un contexto negativo.
  • Zacarías 7.3. El mes quinto se conmemoraba la quema del primer Templo en el año 586 a.C. con ayunos.

¿Qué es el ayuno?

Ayunar es abstenerse de comer o beber, o bien de ambas cosas.

“¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años? […] Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos?” Zac. 7.3b, 5–6. [Énfasis mío].
“Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino”. Mat. 15.32. [Énfasis mío].

Uno puede ayunar voluntariamente, por necesidad o por el apremio de la situación. Jesús realizó un ayuno extremo como preparación para su ministerio (Mt. 4.2).

¿Cuándo se empezó a practicar el ayuno en la Biblia?

La primera mención del ayuno en la Escritura está en Jueces 20.26:

“Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y ayunaron aquel día hasta la noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová”. Jue. 20.26. [Énfasis mío].

Esto es muy importante, porque no se había ordenado ayuno de ningún tipo en toda la Ley de Moisés. En efecto, uno no encuentra ni una sola instrucción que ordene al pueblo de Israel ayunar, ni para alcanzar el favor de Dios ni para acompañar sus oraciones.

Los israelitas de ese tiempo estaban en guerra contra la tribu de Benjamín, quienes ya los había derrotado dos veces en batalla en Gabaa. Ellos vinieron delante de Dios para pedir Su favor, y ayunaron (se abstuvieron de comer y/o beber) mientras lloraban, oraban y ofrecían sacrificios.

Sin embargo es importante preguntarse ¿porqué lo hicieron?, ¿porqué ayunaron?, ¿de dónde sacaron la idea?. No fue de la Ley de Moisés. De hecho sabemos por la misma Escritura que en el tiempo de los jueces Israel había dejado la Ley y cada quién hacía como bien le parecía (Jue. 17.6).

La respuesta es simple: los pueblos de los alrededores practicaban ayunos como parte de sus rituales religiosos, y los israelitas simplemente adoptaron esta costumbre.

Vemos varias menciones de las naciones paganas guardando ayunos:

  • Los asirios en Nínive ayunaron cuando Jonás anunció el juicio de Dios sobre ellos (Jonás 3.5).
  • Jezabel, princesa de Sidón (1 Reyes 16.31) proclamó ayuno cuando tendió trampa a Nabot, para arrebatarle su viña (1 Reyes 21.9).
  • Nabucodonosor, rey de Babilonia, ayunó de tristeza y preocupación cuando pusieron a Daniel en el foso de los leones (Daniel 6.18).

Así que sabemos que era una costumbre de las naciones alrededor de Israel, y al igual que adoptaron la adoración a los ídolos, el hacer altares en los lugares altos, buscar adivinos y hechiceros, así también adoptaron la práctica de los ayunos.

Para el inicio de los días de los reyes ya el ayuno había sido absorbido por el estilo de vida Israelita, y se lo asociaba con el duelo, la oración y la penitencia delante de Dios.

“Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová. Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová. Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa”. 1Sam. 7.4–6. [Note que Samuel no ordenó el ayuno, sino que dijo que iba a orar por ellos]. [Énfasis mío].
“Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl, todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí. Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días”. 1Sam. 31.11–13. [Énfasis mío].
“Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada”. 2Sam. 1.11–12. [Énfasis mío].

¿Qué dice Dios en relación con el ayuno para Israel?

Es importante destacar que al principio, en Israel, la práctica del ayuno estaba directamente relacionada con un auténtico sentido de arrepentimiento, penitencia u duelo. Era una expresión externa de un corazón contrito con sinceridad.

Así que durante mucho tiempo Dios no se pronunció respecto al ayuno, a pesar que en la Ley no había instrucciones para practicarlo.

El problema surge debido que su uso se corrompe con el pasar de los siglos, y lo vemos convertirse en lo que hoy día aún prevalece: una estrategia vana para torcerle el brazo a Dios. Para el tiempo de Jeremías, Dios estaba hastiado de sus ayunos.

“Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia”. Jer. 14.11–12.

Si Israel quería el favor de Dios, en la Ley estaba muy claro lo que debían hacer: volverse a Él, dejar los ídolos y hacer justicia en la tierra, como su pueblo de sacerdotes y gente santa (Deut. 28.1–2).

Más viendo las plagas y guerras que se les venían encima, era muy claro que había dejado la Ley para vivir impíamente (Deut. 28.15).

Ahora bien, durante el tiempo de los reyes había llegado a tal punto de corrupción la práctica de los ayunos, que Dios tuvo que dar instrucciones a Israel a través de Isaías. Este es el pasaje de plena mención sobre el ayuno, y al estudiarlo veremos cómo Dios les corrige para que, ya que están ayunando, por lo menos lo hagan de una manera que le agrade.

Pasaje clave: Isaías 58.1–12

La impiedad de Israel

“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios”. Isaías 58.1–2.

Recordemos el contexto: Isaías predicó desde Jerusalén durante un tiempo que las 10 tribus estaban descarriadas, y su apostasía empezaba a afectar poco a poco a Judá.

La situación está bien descrita en estos dos versículos:

  • Ellos había dejado la ley de Dios.
  • Aun así estaban pidiendo acercarse a Él de una manera superficial para pedir su favor.
  • Esto se les contaba más bien como pecado que como piedad.
  • La manera como se querían acercar a Dios se describe en los siguientes versículos.

El ritual religioso del ayuno

“¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto”. Isa. 58.3–4.

Israel pretendía acercarse a Dios con ayunos, para “torcer el brazo” de Dios. En sus oraciones le reclamaban por no escuchar su petición, que hicieron en medio de ayunos, y según su propia opinión, humillando sus almas.

Pero vea sus acciones:

  • El día de ayuno buscaban su propio gusto, que quiere decir que compensaban la falta de comida con algún lujo o privilegio especial.
  • Además se volvían toscos con los demás y malhumorados al punto de oprimir a sus trabajadores.
  • Se enfrascaban en contiendas y debates, es decir que se peleaban y creaban disturbios entre la gente.
  • Finalmente, se volvían violentos.

En todos los sentidos, eran mayor la impiedad de ellos cuando ayunaban, que en los días normales.

Su ayuno tenía como pretensión lograr algo de Dios a través de un ritual religioso. Dios les dice que si pretenden ser escuchados, no lo lograrán a través de esa práctica.

Las expectativas de Dios

“¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”. Isa. 58.5–7.

Note que se hace un uso retórico de la palabra ayuno, pues no se refiere al simple hecho de dejar de comer.

Acá Dios habla del ayuno como la actitud que puede ser relacionada con un día agradable a Jehová. ¿Cuál es la actitud que Dios espera de parte de Israel para atender sus ruegos y suplir sus necesidades?

Entonces les lleva de vuelta a la Ley de Moisés.

  • Esto incluye las normas sobre los siervos, las deudas, los años sabáticos y el jubileo.
  • Desatar las ligaduras de impiedad.
  • Soltar las cargas de opresión.
  • Dejar ir libres a los quebrantados.
  • Romper todo yugo.
  • También incluye las reglas sobre los pobres, los huérfanos, los extranjeros y las viudas.
  • Partir el pan con el hambriento.
  • Albergar a los pobres errantes en casa.
  • Cubrir al desnudo y no esconderse de las necesidades del prójimo.
  • Ver Lv. 19.9–18; 25; Deut. 15.1–18; 23.19–20, 24.6, 10–15, 17–22; 25.13–16.

Lo que Dios quería de Israel está bien descrito en la Ley, y corresponde a un estilo de vida santo y piadoso.

La promesa de Dios

“Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia”. Isa. 58.8.

Al igual que en la Ley de Moisés, hay una promesa de presencia constante y protección si Israel obedece.

La respuesta de Dios

“Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. Isa. 58.9–10.

Dios respondería las oraciones de Israel cuando clamaren andando en justicia y equidad.

No iba a responderle a Israel cuando practicaran un ritual religioso de abstinencia de alimentos, sino cuando se conformaran a un estilo de vida santo y agradable a Él, según lo escrito en la Ley de Moisés.

La provisión de Dios

“Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. Isa. 58.11–12.

Cuando Israel fuera obediente, en lugar de ayunos y abstinencia, habría provisión y abundancia.

De ellos saldría agua para saciar su sed y fuerzas para restaurar ciudades. En lugar de hambre, habrá saciedad, y la oración contestada no depende de un rito religioso, sino de apegarse a lo que la Ley les demandaba.

Dios no censura el ayuno como tal, y no da una prohibición para su práctica, pero pone por encima de todo la obediencia a la Ley de Moisés, y vivir según el estilo de vida piadoso que ella produce.

El ayuno correcto en Israel

Luego del tiempo de Isaías, algunos practicaron ayunos agradables a Dios, porque venían acompañados con obediencia y un corazón quebrantado para hacer Su voluntad.

  • Daniel oró con un corazón quebrantado cuando vio que se acercaba el tiempo de la liberación de la cautividad (Dan. 9.1–3).
  • Esdras publicó ayuno cuando regresaban de la cautividad (Esd. 8.21, 23).
  • El pueblo ayunó en Jerusalén luego que Esdras leyó la Ley en presencia de todos (Neh. 8.18–9.1).
  • Los judíos de Susa y de todas las ciudades de Medo-Pesia ayunaron cuando se enteraron del decreto de Amán (Est. 4.3).
  • Ester hizo ayuno, junto con sus doncellas y la gente de Susa, antes de entrar en los aposentos del Rey Asuero (Est. 4.16).
  • La profetisa Ana, quien reconoció al niño Jesús cuando era tan solo un bebé, estaba siempre en el templo sirviendo a Dios con ayunos y oraciones (Lc. 2.36–37).

Jesús también se refirió al ayuno durante su ministerio.

Ahora bien, debemos recordar que el ministerio de Jesús forma parte del Antiguo Testamento, pues el Nuevo Testamento se confirmó con su muerte en la cruz.

“El [Jesús] respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mateo 15.24.
“Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive”. Heb. 9.16–17.

Así que cuando vemos las instrucciones que Jesús da con respecto al ayuno, tenemos que saber que son instrucciones complementarias para Israel sobre cómo practicar el ayuno.

“Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Mt. 6.16–18.

En este punto los judíos ya ni siquiera estaban usando el ayuno para tratar de conseguir algo de parte de Dios, sino simplemente como una forma de hacerse notar delante de los hombres.

Jesús denuncia esta mala práctica y la corrige.

  • El ayuno no debe ser expuesto como muestra de piedad, o para hacer parecer delante de los hombres que uno es una persona muy espiritual (ver también Lc. 18.9–14).
  • Jesús no abroga las instrucciones que Dios dio en Isaías 58, sino que las confirma y las reafirma.
  • Básicamente les dice a los judíos que si quieren ayunar (conforme a lo que ya vimos en Isaías 58), que lo hagan pero que nadie lo note.

De hecho Jesús no ayunaba durante Su ministerio público, ni sus discípulos.

“Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. Mat. 9.14–15.

A los judíos les parecía extraño que ni Jesús ni los discípulos practicaran algo que se consideraba piadoso, porque ellos tenían un concepto distorsionado de los ayunos.

Jesús no dice que el ayuno sea bueno o malo, pero recalca que estando Él presente no era necesario. Él sabia que cuando ya no estuviera, vendrían las persecuciones sobre los creyentes. Por eso habla de que “ayunarán”, no porque sea algo piadoso, sino porque “el esposo les será quitado”.

Estando en la última cena, Él mismo les advirtió a los apóstoles de los peligros que vendrían luego.

“Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta”. Luc. 22.35–38. [Énfasis mío].

Así que empezamos a ver un cambio en el uso de la palabra, que termina de hacerse tangible en la forma que Pablo la emplea luego.

  • Ya no necesariamente corresponde a una práctica voluntaria que acompaña la oración, sino que se convierte en un padecimiento por causa del mensaje, dado que el Señor no está acá, y que sus embajadores padecerían persecución.
  • El ayuno en su definición más simple es dejar de comer y/o beber, y los discípulos iban a enfrentar condiciones extremas durante los años por venir, en que sufrirían hambre por causa del testimonio que debían dar.

El tiempo de la Iglesia inició con la venida del Espíritu Santo en Hechos capítulo 2 (Hch. 2.1–4a). Así que vamos a revisar qué se dice del ayuno en los días siguientes a la venida del Espíritu Santo.

¿Qué dice Dios en relación con el ayuno para la iglesia?

Cornelio ayunaba

“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. […] Entonces Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios”. Hch. 10.1–2, 30–31.

Recordemos que Cornelio era romano, no judío. Pero aún así reconocía a Dios como Creador, hacía oraciones, limosnas y ayunos.

Note que estos actos religiosos no lo salvaron, ni el Espíritu de Dios vino sobre Él debido a estas prácticas. Pero su corazón era sincero y por eso Dios le envío a Pedro para que le predicara.

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. […] De éste [de Jesús] dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso”. Hch. 10.34–35, 43–44.

Cornelio y su familia fueron salvos cuando creyeron en el Señor. El ayuno de Cornelio, por ser sincero y honesto, no fue estorbo para que Dios actuara en su vida.

Los discípulos ayunaban

Los discípulos practicaban oraciones con ayunos cuando se disponían a iniciar una obra importante.

Los líderes de la iglesia de Antioquía oraron con ayunos antes de enviar a Pablo y Bernabé a iniciar su primer viaje misionero (Hch. 13.2–3).

Los mismos Pablo y Bernabé durante el primer viaje misionero, establecieron líderes en las iglesias y los encomendaron a Dios con oraciones y ayunos (Hch. 14.21–23).

Pero hay un punto clave que no podemos ignorar: no hay ninguna instrucción con respecto al ayuno en los escritos de Pablo.

No podemos aplicar Isaías 58 directamente a nosotros, pues este pasaje nos lleva a la Ley de Moisés, y nosotros ya no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia.

“Pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Rom. 6.14b.
“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. Gál. 3.24–26.

Así que no podemos aplicar ayunos y obras piadosas como un medio para adquirir la bendición de Dios.

No sólo eso, sino que si somos cristianos YA tenemos toda la bendición espiritual de parte de Dios y YA estamos completos en Cristo Jesús.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Ef. 1.3.
“Y vosotros estáis completos en él [en Señor Jesucristo], que es la cabeza de todo principado y potestad”. Col. 2.10.

Si un cristiano cree que le falta algo es porque no está andado en el Espíritu, no porque Dios no le haya provisto todo lo que ocupa.

  • La voluntad de Dios para su vida está en las Escrituras.
  • El poder de Dios para su vida está en el Espíritu Santo.
  • El perdón de sus pecados, ya lo tiene en Cristo Jesús.
  • Ha sido convertido en Hijo de Dios, no por sus méritos, sino por los de Cristo.
  • Tiene a Dios por Padre y el Espíritu que intercede en sus oraciones.
  • Jesús es su mediador y abogado ante el Padre.
  • Tiene una nueva familia, una misión y un propósito que cumplir en esta vida.
  • El amor de Dios nunca lo dejará.
  • Cristiano: ¿Qué más quiere? ¿Qué más necesita?

Pablo ayunó por necesidad

Vemos a Pablo ayunando por necesidad, debido a su dedicación en la obra.

“No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos;”. 2Cor. 6.3–5. [Énfasis mío].
en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. 2Cor. 11.27–28. [Énfasis mío].

Así que no tenemos que ser tan mediocres como para creer que somos más espirituales que otros por guardar ayunos al mejor estilo de los idólatras del tiempo de Isaías, o los fariseos del tiempo de Jesús.

Debemos comprometernos valientemente en la obra de llevar el Evangelio a las personas que lo necesitan, y si tenemos que pasar por hambre y sed durante esos tiempos, dar gracias a Dios en silencio y con humildad.

Pero cuando hay comida, no hay nada malo en comerla con acción de gracias.

“Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado”. 1Tim. 4.4–5.
“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. Fil. 4.12.

Esto no es una licencia para la glotonería, pues eso también es pecado.

“Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Rom. 13.13–14. [Énfasis mío].

Simplemente, pongamos la mira en las cosas de arriba, y no en las de la tierra (Col. 3.1–2).

Conclusión

El ayuno no fue instituido por Dios en la Ley de Moisés, sino que fue una práctica adoptada de los pueblos paganos. Pero cuando los judíos empezaron a ayunar por una contrición de espíritu durante sus oraciones, Dios no los censuró.

Fue con el pasar del tiempo, que el ayuno en Israel tomó una forma torcida (que también se usa hoy día) como método para obligar a Dios a hacer algo que ellos querían. Dios les contesta en Isaías 58 recordándoles que en la Ley de Moisés están los estatutos y preceptos que debían guardar si querían la bendición de Dios, según el pacto que Él había hecho con ellos en el Monte Sinaí.

Para el tiempo de Jesús, el ayuno se había convertido en algo tan superficial que los religiosos lo usaban como forma de darse importancia, y parecer muy espirituales a los otros hombres. Jesús no censura el ayuno, sino el ostentarlo públicamente como un falso signo externo de pureza.

En las primeras iglesias que vemos en el libro de Hechos, el ayuno se practicaba sincera y honestamente junto con las oraciones, cuando se iba a comenzar una obra importante.

El las cartas de Pablo no hay ninguna instrucción o mandamiento que nos obligue a ayunar. Más bien vemos a Pablo en ayunos por la necesidad en que estuvo por causa de la obra del ministerio.

Esto es lo que debiéramos tener en cuenta, al dejar nuestra burbuja de comodidad y comprometernos a pasar problemas por causa de la predicación y la formación de los hermanos, es decir, por la edificación del cuerpo de Cristo.

  • Si quiere ayunar, puede hacerlo, pero que sólo Dios y usted se den cuenta.
  • No crea que ayunar lo hace más espiritual, ni que eso hará a Dios más propenso a responder positivamente sus oraciones.
  • Si no quiere ayunar, no importa, pero comprométase con la misión de ir y predicar el Evangelio.
  • Puede ser que a causa de su compromiso con el progreso del Evangelio un día de estos pase por alguna necesidad y se vea obligado a orar con ayunos.
  • Ya sea que esté en abundancia o en escasez, no cese de darle la gloria a Dios.

Si usted no tiene ningún interés en este tema, o en lo que dice la Biblia sobre cualquier cosa, porque cree que estas instrucciones no aplican para su vida, y se aburre cuando escucha la Palabra de Dios, y meditar en estos temas le resulta tedioso, mi responsabilidad es advertirle que usted probablemente no tenga el Espíritu Santo morando dentro de usted, pues no muestra hambre y sed de justicia.

En tal caso, si usted muere hoy quizá deba enfrentar el juicio de Dios cargando sus pecados, porque no da evidencias de ser salvo. Nadie que llegue delante de Dios arrastrando la carga de pecado que ha acumulado saldrá inocente. Así que en esta hora usted puede hacer una evaluación honesta de su vida, para que se dé cuenta y reconozca cuál es su verdadera condición delante del Creador.

Hoy puede arrepentirse, pedirle a Dios la salvación sabiendo que Cristo cargó en la cruz el peso de sus pecados (los suyos). Él está dispuesto a pagar su multa, para que el día de su muerte llegue justificado delante de Dios. Pero debe someterse a Cristo hoy, aborreciendo sus pecados. Ore con arrepentimiento genuino y reconozca a Jesucristo como Señor de su vida para siempre. Él no lo rechazará.

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