Las relaciones son negociaciones

Cuándo ceder y cuándo retirarte.

Stefany Cohen

A mí, me encanta estar enamorada.

Me encanta.

No hay nada que me ponga de mejor humor, nada que me dé más cuentos que echar. Sí, yo soy de esa gente insoportable que habla de sus novios todo el día. Sálvense todos los que puedan apenas que me case y tenga hijos. Probablemente reemplace todos los posts de emprendimiento por fotos de los cachetes que seguramente heredaré a la próxima generación en mi familia.

La verdad es que me ha encantado estar enamorada toda la vida.

A los 10 años le pregunté por primera vez a mi papá si podía tener novio. Le pregunté a los 10 años para no parecer una adelantada,pero les confieso que ya para ese momento había tenido un noviecito en secreto por 2 años.

Se llamaba Roberto y se sentaba delante de mí en el salón de 2ndo grado, sección B. A esa edad no teníamos ni una personalidad ni de qué hablar pero cuando me llamaba por teléfono, cada uno ponía Discovery Channel en la televisión e intercambiábamos comentarios: “Viste esa rana enorme!” — y cosas por el estilo.

Pero aunque me encanta estar enamorada, no necesariamente soy una enamoradiza.

Nunca fui de esas niñas que se enamoraban de todos sus mejores amigos y la verdad es que a mí me pegó bien fuerte la etapa de patito feo en la adolescencia-así que no es que me daban muchos comentarios que causaran enamoramiento. El cabello se me puso ondulado tan feo que me tenía que despertar todos los días a las 5am para hacerme blower. Como si fuera poco, en mi viaje de 15 años me teñí la mitad del cabello de verde y eso no ayudó. Tuve frenos por 4 años y parecía como que las hormonas del desarrollo jamás surtieron su efecto en mi talla de brassiere.

En vez de traumatizarme por no ser bonita, me enfoqué en lo que sí tenía a mi favor y es que era una sabihonda.

Entonces nunca sentí que era menos o tenía que cambiar, porque no estaba tratando de salir con los niños que me buscaran por bonita sino por los que me quisieran por inteligente. Me salió el tiro por la culata de esta estrategia porque 10 años más tarde sufro porque cada hombre que me tira los perros me quiere mandar a leer un artículo primero,para “apelar a mi inteligencia”.

Pero sentirme bien acerca de mí misma, no exigirme ser alguien que no era, no torturarme por no lucir como no luciría jamás, me llevó a entender una lección (que luego olvidaría) acerca de las relaciones:

Tú estás bien como estás y la meta es encontrar a alguien que te quiera, te aprecie y te acepte como eres.

Esta no es una frase inspiracional ni esperanzadora, es la verdad.

Buscar una relación es como aplicar a la universidad. Siempre hay universidades a las que queremos ir porque es donde creemos que queremos estar: por el prestigio o por el legado o, quien sabe, por el equipo de futbol americano.

Cuando en realidad, las universidades,como las parejas, funcionan mejor cuando son un buen match.

Cuando recibes un pequeño sobre de la universidad porque tu aplicación fue rechazada o cuando tu pareja rompe contigo porque “no eres tú, soy yo”, uno tiende a encogerse y preguntarse: “por qué soy así, qué hice mal, cómo puedo cambiar, cómo puedo mejorar”? En realidad, la respuesta debería surgir de una exploración menos auto-flagelante y de la aceptación de incompatibilidad.

El problema es que la incompatibilidad es difícil de aceptar, incluso cuando el universo te manda miles de señales.

La universidad de mis sueños me rechazó el mismo día que mi high-school sweetheart rompió conmigo (por primera vez). Yo rápidamente reaccioné y pensé que tal vez debía ir a mi segunda opción,estudiar en Nueva York, para tener una mayor oferta cultural y convertirme en quien siempre había sentido que era. Pero aunque sabía que quería a una persona que me quisiera por cómo yo, no se me ocurrió buscar una nueva opción de noviecito que quisiera mi nueva y mejorada versión nuyorkina- más artística y con ropa más excéntrica.

Cuando uno se acepta como uno es, uno aprende a exigir que lo quieran como uno es- no a pesar de ello.

La incompatibilidad, en realidad, no tiene nada que ver con que las personas sean iguales o diferentes o demasiado iguales o demasiado diferentes. Los polos opuestos ni se atraen ni se repelen.

Yo he salido con hombres que me hacen declaraciones públicas de amor en el recreo de Secundaria; y hombres que me han escrito cuentos y poemas; y hombres que me han regalado la colección más completa de canciones de Jorge Drexler; y hombres que me han invitado a extender viajes para irnos de aventura a montañas cafetaleras; y hombres que me han declarado su amor al último día aunque me habían regalado patitos de hule todos los otros días; y hombres que han salido de un restaurante y caminado cuadras hasta conseguirme galletas porque estoy de mal genio en la cena; y hombres que se han aparecido de sorpresa porque quieren ver en vivo y no en video mis presentaciones en Nueva York.

(Una vez salí con un hombre que me llevó de cita a Times Square y hubo que evacuar por amenaza de bomba- no me cayó tan bien nada pero por si acaso, además lo tomé como señal del universo).

Yo he salido con genios, con normales,con diferentes, con escritores, con sk8ters, con emprendedores, con callados,con habladores, con tranquilos, con acelerados, con penosos, con descarados. Yo he salido con gente igual a mí y opuesta a mí. He jugado a escribir poemas con unos y me ha tocado definir qué es una aliteración, para otros.

La dinámica entre dos personas funciona, no por cómo combinen sus características personales como si fueran ingredientes en una receta- sino por cómo las características del uno permitan florecer las mejores características del otro, y viceversa. La atracción real permite que nos enamoremos de nuestra pareja y además de la mejor versión de nosotros mismos, cuando estamos con ellos.

La incompatibilidad no tiene nada que ver con cómo se mezclen las personalidades del uno y el otro, pero tiene todo que ver con la falta de interés/madurez/ motivación para negociar.

Esa es la segunda de las lecciones que aprendí acerca de las relaciones.

Todo en las relaciones es una negociación.

Cualquier negociación surge del reconocimiento de que ambas partes poseen algo que el otro desea. Por eso las relaciones que más duran son las que encuentran la manera de generar deseo de manera sostenible.

Sin deseo, no hay negociación.

La negociación es necesaria porque no hay dos personas que compartan visiones tan parecidas del mundo que no crean tensiones en el pequeño espacio que es una relación íntima.

Las negociaciones son fluidas (y prácticamente imperceptibles) cuando hay una aceptación mutua y voluntad a ceder. Las negociaciones son tormentosas y defensivas cuando alguna de las dos o ambas partes exigen sin dar suficiente a cambio. Las negociaciones se terminan cuando se tocan puntos no-negociables y cada quien se retrae para su lado.

Aunque creo en que uno debe saber qué quiere-de la vida, del trabajo, de las relaciones- nunca he creído en armar listas de características que se busca en una pareja.

Las veces que lo intenté me sentí como que me iba a limitar.

Como que mi deseo de control iba a conspirar en contra de la habilidad maravillosa que tiene la vida de sorprendernos con algo que no sabíamos que queríamos. Tal vez por eso terminé con ese motley crew de ex-amorcitos.

Pero en lo que sí creo es en tener Pólizas de Seguro. Para asegurar nuestros no-negociables. En las negociaciones, lo primero que uno ofrece/cede establece el precedente para el resto de la negociación.

Tenemos que estar claro cuáles son las cosas que no queremos negociar. No por necedad ni por terquedad ni por que no nos da la gana.

Sino por el entendimiento de que hay algunas pocas pero importantes cosas, que tenemos que saber que si las cedemos, nos perderíamos a nosotros mismos.

Y perdernos a nosotros mismos es mucho peor que perder una relación.

El amor, como los Departamentos deRecursos Humanos, puede fallar de 2 maneras: 1) errores de selección o 2)errores de retención.

Los errores de selección son aquellos que resultan en un despido/renuncia antes de los 3 meses de contratación. Un error de selección en el amor se puede dar por la falta de comunicación pronta, clara y honesta de los no-negociables de cada una de las partes.

En cambio, los errores de retención son aquellos que resultan en una renuncia pasado el período de 3 meses, porque el colaborador no encontró el apoyo/motivación/dirección para continuar en la empresa.

En el amor, los errores de retención suceden cuando una o ambas partes de la pareja permiten que factores externos interrumpan con la dinámica de pareja. Los factores externos pueden ser el tiempo, la costumbre, la presión social.. Entonces una o ambas partes paran de ceder, paran de pedir, detienen la negociación.

Constantemente le atribuimos a excusas elaboradas y elocuentes la justificación de por qué terminan las relaciones,cuando sólo hay 2 razones:

O escoges mal a tu pareja (y sabiéndolo te quedaste) o dejas de tratar que la relación funcione.

El problema, es que en el amor, como en el Emprendimiento, es difícil saber cuándo nos estamos rindiendo (demasiado temprano) o cuando nos estamos dando el chance real de buscar una opción que funcione mejor para nosotros.

La mayoría de los amores no dura para siempre.

Pero hay que saber cómo aprender de cada una de las relaciones. Cada una de nuestras relaciones nos debe poder acercar a la claridad de qué vale la pena ceder y cuáles son nuestros no-negociables.

Como dijo Pablito, es tan corto el amor y tan largo el olvido, que deberíamos tener constantemente presente qué hace que valga la pena negociar, de manera que salgan ganando ambas partes.

    Stefany Cohen

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